Bajo los escombros

Los terremotos son implacables supervisores de los malos constructores.

Y los más recientes sismos no sólo colapsaron casas, puentes, edificios.

Arremetieron contra las «edificaciones» políticas; instituciones públicas, partidos, dirigentes, camarillas, aspirantes a las candidaturas, y otras plagas que nos han estado ahogando.

- Publicidad - HP1

El terremoto del pasado 19 de septiembre fue terrible. Destruyó miles de viviendas, derrumbó decenas de edificios. Mató cientos de personas. Y con ellos murió la credibilidad del pueblo mexicano en sus conductores políticos.

Los cataclismos arrasan con todo, y a su paso devastador, aniquilan otras calamidades menores. Alimañas molestas, difíciles de erradicar.

Atrapados bajo el cascajo de la insensibilidad han quedado los hombres del poder, cuyo poderío se les va diluyendo entre las manos pues queda muy poco tiempo para que se vayan, y la lógica indica que perderán el control del país.

La respuesta civil ante la desgracia se desbordó en ayuda desinteresada, y ahogó la imagen del presidente, secretarios de estado, gobernadores, jefes delegacionales, funcionarios públicos y otras especies carroñeras.

Ya no habrá encuestas cuchareadas, es evidente el repudio popular hacia los partidos políticos y sus gobiernos. De cualquier color. Ya no necesitan hacer sondeos de opinión. La gente no los quiere.

Sin ápice de rubor los gobiernos cínicos, pidieron a la gente que donara lo poco o mucho que tuviera y cuando recibieron los donativos los etiquetaron con sus logotipos para hacer creer que eran ellos los que brindaban la ayuda.

Otros vividores aprovechando el desconcierto armaron sus propios centros de acopio y se quedaron con todo.

Unos más, al verse fuera del poder, usaron la desgracia para reaparecer como «benefactores» y cobrar imagen pública para proyectos futuros.

Afortunadamente, la gente los ve, los mide y en su momento, los juzgará.

Vivimos tiempos sórdidos. Las desgracias caen una tras otra, pero no ocasionales y esporádicas, sino una enseguida de la otra. No hay tiempo de recuperación.

Y para vivirlas hay dos formas de sortear el temporal.

  1. Aceptar que no hay de otra más que llorar.
  2. Anticipar la amenaza y prepararnos para sacar adelante el problema

Edificar de nuevo sobre los escombros no es muy recomendable. Hay que limpiar bien el terreno y diseñar las nuevas estructuras para el futuro.

No solamente hablo de los edificios derrumbados. Sino de todo lo que se nos está yendo y queremos rescatar.

Los flagelos de nuestro tiempo no son sólo las inundaciones, terremotos, ciclones, exhalaciones volcánicas; sino la creciente violencia.

Nunca como ahora, el abandono político y el desgobierno.

La falta de atención política, la falta de políticas públicas, la falta de voluntad política, la codicia de los que llegan al poder a robarse todo, la ignorancia, el miedo, el hambre, son generadores de la violencia.

Son los creadores del crimen organizado, son dinamos, transformadores de la sociedad, que producen bandas criminales; progenitores de una juventud sin futuro.

El reciente reporte municipal asegura que los juarenses juntamos 600 toneladas para los damnificados de la ciudad de México y Cuernavaca. Una aportación generosa de parte de quienes estamos bien en la frontera.

Pero… ¿Estamos bien?

¿Qué hay de nuestros permanentes damnificados que viven de milagro en el cerro y las colonias marginales?

¿Será que algún día podamos tocar los corazones de este pueblo generoso de Ciudad Juárez para llevarles algo a los agónicos que sufren la inclemencia del tiempo, la falta de empleo, el hambre y la marginación letal?

O dejamos que sea el gobierno municipal o del estado, quien se atribuya la caridad humana para su provecho electoral.

¿Cómo comenzar?

Raul Ruiz
Raúl Ruiz
Abogado, amante de las letras y analista político

Abogado. Analista Político. Amante de las letras.

CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.

Cualquier contribución editorial o comentario puede enviarla a nuestro correo electrónico.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

InHouse