“Amar sin medida”, decía San Agustín. Y pocas experiencias humanas encarnan esa idea con tanta profundidad como la maternidad. Amar sin condiciones, sin límites, sin esperar nada a cambio. Amar incluso cuando duele, cuando cansa, cuando transforma por completo la vida. La maternidad es, sin duda, el proceso más bello que ejemplifica el sacrificio y el amor más puro.
En lo personal, la maternidad ha sido un camino de constante aprendizaje y renovación. Con mi hija por adopción, Ale, descubrí que el amor no depende de la sangre, sino de la entrega. Con mi hijo, Luis Emilio, entendí el compromiso diario que implica formar, cuidar y guiar. Y hoy, con cinco meses de embarazo de María Regina, vivo nuevamente ese proceso de transformación interna que implica prepararse para recibir una nueva vida. En cada uno de ellos he tenido que convertirme en una mejor versión de mí misma. Ser mamá no es un estado, es un proceso permanente. Y en ese proceso, amar sin medida me lo ha enseñado todo.
Sin embargo, sería ingenuo pensar que la maternidad es únicamente un camino de amor idealizado. La realidad en nuestra ciudad nos obliga a mirar también el otro lado: el de las dificultades, las carencias y, en muchos casos, el dolor.
Hoy, Ciudad Juárez enfrenta una problemática alarmante en torno a la maternidad. Tan solo en 2025, más de 700 adolescentes embarazadas fueron atendidas en el Hospital de la Mujer, representando cerca del 15% de los nacimientos registrados en esa institución. Además, en años recientes se han contabilizado miles de nacimientos en menores de 19 años, concentrados principalmente en zonas de alta vulnerabilidad. Detrás de cada cifra hay historias complejas: niñas que se convierten en madres antes de tiempo, muchas veces sin apoyo, sin estabilidad emocional y en contextos adversos.
A esto se suma una realidad aún más preocupante: la violencia familiar. En 2025, más de 7,266 mujeres, niñas y adolescentes fueron víctimas de violencia en Ciudad Juárez, incluyendo miles de casos de violencia familiar. Tan solo en el primer semestre de ese mismo año se abrieron más de 3,100 carpetas de investigación por este delito, y la ciudad ha llegado a ocupar los primeros lugares a nivel nacional en incidencia de violencia familiar.
Nada justifica la violencia hacia un niño, y mucho menos cuando proviene de quien debería ser su mayor protección. Pero ignorar el contexto sería igualmente irresponsable. Muchas de estas maternidades ocurren en condiciones de abandono, presión económica, falta de redes de apoyo y entornos marcados por la violencia. No es una excusa, pero sí una llamada de atención.
Este panorama nos obliga a reflexionar profundamente sobre el significado de “amar sin medida” en nuestra comunidad. Porque amar no es solo un sentimiento: es una decisión que requiere apoyo, acompañamiento y condiciones dignas para ejercerse. No basta con romantizar la maternidad; es necesario sostenerla.
Como sociedad, tenemos una deuda pendiente con las madres, especialmente con aquellas que enfrentan la maternidad en soledad o en condiciones adversas. Se necesita fortalecer los espacios educativos, comunitarios y también los religiosos, donde se promueva no solo la responsabilidad, sino también la empatía, el acompañamiento y el respeto. Se necesita incentivar políticas públicas que apoyen a las familias, que prevengan la violencia y que generen entornos seguros para la crianza.
Amar sin medida también implica comunidad. Implica entender que criar a un niño no debería ser una tarea solitaria, sino un esfuerzo colectivo donde todos tenemos un papel.
Este 10 de mayo no solo debe ser una fecha de celebración, sino también de reflexión. Que esté lleno de amor, sí, pero también de comprensión. Que reconozcamos a las madres que lo damos todo, las que luchan en silencio, las que aprenden cada día, las que se reinventan por sus hijos.
Porque al final, la maternidad —con todas sus luces y sombras— sigue siendo el acto más profundo de amor sin medida.
¡Feliz día de las madres!

Marisela Terrazas
Ex Diputada por el PAN en Chihuahua. Doctorante en Ciencias de la Educación por la Universidad Libre de Bruselas, Bélgica. Maestra en Educación por UTEP, ex directora del Instituto Chihuahuense de la Juventud y experta en políticas públicas juveniles.
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