La semana pasada, hablábamos de “HACER ALGO”, ante la desventura y el infortunio que agobia nuestra frontera.

Sería ocioso repetir lo negativo que nos envuelve; no es bueno retornar a la cultura del lamento.

En la entrega anterior, sugerí convocar a nuestro material pensante para diagnosticar, reflexionar, trazar un plan y organizar a la sociedad y lanzarnos a conseguirlo.

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La idea no pareció ser atractiva, incluso para la fauna intelectual.

Los pensadores no abundan. Los investigadores dedican su tiempo a nadar entre las densas aguas de la teoría y los temas que trabajan son poco acercados a la problemática urgente que nos ocupa. Más adelante bajarán de sus estratos y guardarán sus nimbos para mezclarse con nosotros los mortales.

Este sería un segundo llamado para provocarlos al activismo intelectual.

Usar la información acumulada, esbozar un plan de acción y organizarnos para ir por el poder.

No es algo que podamos lograr de inmediato. Pero sí podemos arrastrar el lápiz y fijar una visión progresista. Un ideario que nos identifique ante los demás. Crear una plataforma ideológica que impulse nuestro proceso transformador.

El inicio de esto requiere de crear consensos, atemperar las arrogancias de nuestra fauna pensante, y crear en conjunto un proyecto social.

Está claro que necesitamos deshacer lo obsoleto para refrescar nuestra vocación. Y tejer con nuestro pequeño o mediano caudal un modelo que nos permita competir con lo mejor del orbe.

La sugerencia es tomar el camino en dos vías. La del pensamiento, las ideas, la creación de nuevos paradigmas; y por el otro, la determinación electoral.

Mover un fardo tan pesado como nuestra sociedad fronteriza; sacudirlo al menos… es una tarea colosal.

Iniciar la posibilidad de cambio, nos enfrentará de inmediato a la resistencia natural del poder. Y luego, crear conciencia, un fastidio mortal. Pero, ¿Qué no se trataba de… hacer algo?

Necesitamos primero, hacer un balance de nuestros activos y pasivos. Aceptar que tenemos nuestros dones, pero también nos arrastran nuestra ignorancia, impericia, incompetencia y otros pasivos que arrastramos por décadas.

Sólo así podríamos tender una pequeña cubierta sobre la cual montaríamos el material para construir la plataforma renovadora que deseamos a futuro

Comenzar hoy y ver adonde topa, ¿Qué no somos así los juarenses de arrojados?

Primero despojarnos de lo negativo, abandonar nuestro cliché de víctimas y crear un nuevo cuño de sociedad.

¿Cómo lograr que la raza cobre conciencia? Mostrándoles la diferencia.

Un día encontré en una colonia marginal, unos niños que jugaban futbol en la calle. Descalzos, con la ropa raída, renegridos por la mugre y por el sol. Felices. Ellos no sabían que estaban sucios. Es que nunca habían estado limpios.

Quizás si un día la Junta de Aguas conecta estas colonias a la red de agua potable, podrían bañarse los niños y sabrían la diferencia.

A la clase política no le interesa resolver el problema de la pobreza y la necesidad de la gente. Se quedarían sin clientela para la siguiente elección.

Lo que requiere hoy nuestra sociedad es remover a esta cepa tóxica y empoderar al ciudadano. Pero, no solamente se requiere el perfil de honestidad y honorabilidad para los cargos públicos, se necesita habilidad y capacidad política.

Lo que propongo es que siempre haya un equipo de estudiosos que generen respuestas a las incógnitas que van surgiendo en el desarrollo de nuestra sociedad.

Pensar para resolver. Para mejorar siempre la calidad de vida de los juarenses y sus visitantes.

Raul Ruiz
Raúl Ruiz
Abogado, amante de las letras y analista político | + posts

Abogado. Analista Político. Amante de las letras.

CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.

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