8M, la  Conmemoración

Lo que este día 8 de marzo se conmemora es el día internacional de la mujer.

No es un día de festejo, sino de reconocimiento a la lucha por las mejoras en las condiciones laborales, económicas, educativas, de salud y de derecho político electorales de quienes han sido un factor de quiebre entre lo masculino y lo femenino.

Es la búsqueda de derechos que no han sido reconocidos, es una lucha por el respeto en tiempos modernos del derecho a la vida, del derecho a tener una opinión, de buscar un espacio que les permita desarrollarse como personas y cumplir con sus fines propios.

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Desgraciadamente, los indicadores de calidad de vida no son favorables a las mujeres, no tienen los mismos beneficios laborales, ganan menos que un varón en una plaza idéntica, las condiciones económicas les son desfavorables, les cuesta más trabajo llegar a una posición gerencial, el ingreso a la escuela y centros educativos universitarios están diferenciados en una proporción mayor en la gran mayoría de los estados del país.

El acoso laboral es una asignatura pendiente, el escarnio público cuando hay un hostigamiento es más duro y cruel cuando es en contra de la mujer y ella es victimizada una y otra vez. Los espacios de defensa son  incipientes, los delitos en virtud del género no son atendidos de igual manera e incluso se trata como iguales cuando evidentemente hay grandes diferencias. La violación, desaparición y  asesinato en contra de la mujer son el pan nuestro de cada día. El feminicidio no ha sido eliminado.

Quienes tenemos hijos y en particular hijas sabemos que el amor de padres hacia ellos no tiene precio y nos duele y comprendemos el dolor de quienes han sufrido algún tipo de infortunio. Las protestas que seguramente han de salir a las calles en contra de los gobiernos y las autoridades son precisamente porque no han sido escuchadas sus voces y encuentran en el hastío social una forma de decir ya basta a lo que sucede en el mundo y en los rincones más escondidos del país. La violencia en contra de la mujer no ha terminado pese a los esfuerzos por dignificar la vida humana en lo general, siguen siendo excluidas sin razón fundamentada y sólo por cuestión de género.

La violencia en contra de las mujeres tiene diversas manifestaciones: psicológica, física, económica, social y sexual. Cada una tiene sus ponderaciones y se manifiestan en virtud de estereotipos con los cuales difícilmente podemos reaccionar o comprender al no tener una cultura de integración, de equidad e igualdad. Las generaciones más jóvenes han nacido bajo nuevas culturas y aprendizajes significativos, sin embargo, los grupos de edad  mayores son proclives al no reconocimiento de estas manifestaciones en el discurso diario.

Ejemplos hay por decenas y cientos por lo cual es requisito indispensable para avanzar en el respeto a la condición que hemos descrito como un área de oportunidad hacia las mujeres.

Hay espacios que han sido ya “ganados” por cuestión de género, lo entrecomillo porque no había necesidad de ser ganados, debería haberse dados esos espacios como un ejercicio de los derechos reconocidos en el marco normativo. Las acciones afirmativas que han impulsado son mecanismos para garantizar esos derechos a las comunidades desfavorecidas de ciertas prerrogativas. Incluso, no hay necesidad de una formación profesional y de especialización, en la práctica, se observa que hay una cantidad y calidad en las postulaciones a los cargos por parte de un grupo significativo de mujeres que en cuanto a capacidad no puede objetarse que son y tienen posibilidades reales de construir un mundo mejor.

Las mujeres han empezado a hacer una revolución, donde han empezado a temblar “jueces y judiciales”, las mujeres no están en calma, en su corazón hay dolor por lo que han sufrido algunas o todas, aprendieron a volar con sus alas en un mundo dominado por una sola visión que hoy se ha roto. Hemos aprendido a escuchar el canto de una voz que hace temblar al estado, el zumbar de las mujeres que se manifiestan en las calles para que no se olvide el nombre de las desaparecidas, de las que se han encontrado sin vida, de quienes han alzado su voz y han sido asesinadas para acallar su llanto. Ese es el canto que se oye en las calles.

En conclusión, los reclamos de justicia en contra del estado mexicano y sus autoridades se escucharan este 8 de marzo, que simboliza una vez más el cantar de las madres, de las hermanas, de las hijas que siguen pidiendo que se reconozca a la mujer como ser humano integral. Sólo les puedo decir que no están solas, que conmemoramos su día con la finalidad de tener un espacio de inclusión y respeto. Perdón a quienes hemos ofendido, solidaridad con quien ha perdido a un ser querido bajo las circunstancias descritas, mi amor y afecto a las mujeres de mi casa, que me enseñan a ser diferente y empático, a mi esposa por ser la madre que dio vida a quienes hoy nos enorgullecen, a mi hija por tanto amor… por hacerme sentir el significado de las palabras.

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Eduardo Borunda

Doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de la Frontera Norte. Máster en Administración y Licenciatura en Administración Pública y Ciencia Política por la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Ha sido Consejero Presidente de la Asamblea Municipal Juárez del Instituto Estatal Electoral, Consejero Electoral para el Instituto Federal Electoral (IFE) y el Instituto Estatal Electoral (IEE).

Actualmente Profesor de Tiempo Completo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UACH, institución de la que fue director del 2005 al 2010.

Ha publicado los libros “Ciudadanía, modernización y derechos políticos”,  y compartió la autoría de “La estrategia Obama: la construcción de una marca exitosa en la política electoral y el gobierno” y “La Videopolítica: nuevos desafíos para la democracia”.


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