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    junio 17, 2024 | 15:04

    El horror del secuestro de migrantes en México

    Publicado el

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    Una migrante venezolana, de 34 años, cuenta a la Voz de América cómo cayó en manos de delincuentes armados en México, que dijeron ser parte del Clan del Golfo.

    Estados Unidos (VOA) – Estuvo raptada por 21 días junto a su sobrina, de 8 años, con quien había cruzado irregularmente por 6 países.

    I “Katherine”. A las 4 de la madrugada del 9 de octubre de 2022, era lo único que quería oír.

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    Nancy (*), migrante venezolana, de 34 años, sostenía de la mano a su sobrina en la oscuridad de un lugar recóndito de Tapachula, en la frontera sur de México con Guatemala, mientras aguardaba por el nombre clave que sus “coyotes” le asignaron como señal para embarcarse en la camioneta que las llevaría cada vez más cerca de Estados Unidos.

    Aquella madrugada, esperaban entre centenares de migrantes irregulares de diferentes países. Les habían advertido que no debían hacer ruido. Ninguno tenía sus teléfonos encendidos. Reinaba el silencio.

    Solo los coordinadores de su movilización podían hablar en alto. “¡Clave José!”, gritó alguien, antes de que uno de los vehículos comenzara a colmarse de pasajeros.

    “¡Clave Roberto… Pedro… Mariposa!”, exclamaban voces masculinas. Instantes después, hombres, mujeres y niños se apresuraban para agolparse en las puertas de las van.

    “¡Katherine… clave Katherine!”, oyó Nancy, finalmente, siempre atenta a la seguridad de su sobrina, de 8 años, y a la bolsita plástica que había embalado con cinta adhesiva para proteger su teléfono celular y su documentación como ciudadana venezolana.

    En una camioneta diseñada para unas 15 personas, entraron cerca de 50, calcula. Donde debería sentarse solo 1 ocupante, iban 4. Ambas se apretujaron, confiadas en la promesa de que las llevarían a una casa para descansar y planificar la siguiente parada de su migración.

    “En la desesperación, uno quiere montarse y salir de ahí”, explica sobre aquel momento.

    No había baños, agua ni atenciones mínimas, tampoco la posibilidad de comprar comida o ropa, como las había tenido en las 4 semanas de viaje que ya sumaban desde Venezuela.

    Nancy intentó usar el nombre de la “coyote” que habían contratado para demandar mejores tratos. Un hombre con el rostro tapado les aclaró qué pasaba, sin rodeos.

    “Ahora están en manos del Cartel del Golfo. Están secuestrados”.

    II

    Nancy había partido el 14 de septiembre de 2022 desde una ciudad del occidente venezolano hasta la frontera de México con Estados Unidos. El plan era entregar a su sobrina a las autoridades norteamericanas para que la reunieran con la madre de la niña, su hermana, quien pagó 8.600 dólares a una “coyote” por la migración irregular de ambas.

    La idea era que ambas se fueran por tierra hasta Cartagena, Colombia, para volar desde allí hasta México y acercarse luego hasta la frontera estadounidense. El día del vuelo, sin embargo, una llamada de la “coyote” a su hermana cambió el itinerario.

    Nancy recibió instrucciones de que no abordara el avión, pues no servirían las visas mexicanas falsas que le habían entregado, por las que pagaron 4.000 dólares.

    Agentes de migración habían detenido en el aeropuerto de Cartagena a varios migrantes que, como ella, intentaron abordar el vuelo previo sin documentación legítima.

    Las nuevas órdenes eran que viajarían 5 días después hasta Nicaragua en lancha desde la isla colombiana de San Andrés. Luego, se movilizaron por tierra (buses) y en ferry hacia y por El Salvador, Honduras y Guatemala, antes de llegar por balsas a México.

    Refugiadas en una casa cercana, a donde corrieron, esperaron la calma durante 10 horas.

    De allí, las movilizaron a Tapachula, donde dice haber vivido lo peor de su “tragedia”.

    III

    A pesar de haberse criado en uno de los barrios más peligrosos de su ciudad, en Venezuela, jamás había visto tantas armas como en aquel galpón de Tapachula.

    Sus captores portaban “metralletas que les llegaban del hombro a las rodillas”, granadas, cacerinas repletas de balas. Les incautaron los teléfonos.

    También tenían fotografías de cada uno de los migrantes secuestrados. A Nancy, le mostraron una imagen de cuando salió de su casa para iniciar su viaje, semanas atrás.

    Las amenazas eran constantes. Nancy recuerda claramente la advertencia que les gritaron con cierta frecuencia: “si alguien intenta escaparse, si alguien intenta gritar, hacer una señal o cualquier cosa, de aquí sale muerto o (muere) alguno de sus familiares”.

    Dormían en el piso, sin poder cambiarse de ropa. Nancy había quedado sin vestimenta de recambio desde Nicaragua, pues su equipaje se fue en otra lancha y nunca lo recuperó.

    Solo los alimentaban 1 vez al día, con tostadas y una salsa de frijoles negros picantes.

    De vez en cuando, sus captores arrojaban entre los migrantes bolsitas de agua y paquetes de galletas saladas, que terminaban en manos de quien más rápido llegaba a ellas.

    Muchas veces, oyó llantos entre el silencio. El grupo de cautivos vio cómo sus secuestradores golpearon y rompieron las piernas a un joven que intentó huir.

    A otro muchacho, los delincuentes le arrancaron una oreja. Nancy lo entendió como una advertencia para todos. Así, nadie se atrevería a evadirse. Dice haber visto cómo a varias de las mujeres secuestradas “las escogían, se las llevaron a la fuerza y no volvieron más”.

    Un día, uno de los captores llevó un teléfono a Nancy para que se comunicara con quien considerara que podía pagar por sus liberaciones. Por ambas, exigieron 8.000 dólares.

    – Les voy a dar el día y una cuenta Zelle para el pago. La hora tope son las 11 de la noche.

    Su hermana, atormentada, pudo transferir el dinero. Pasó la captura de imagen de la operación bancaria, desde Estados Unidos hasta las manos de los raptores.

    “Bueno, se pueden ir”, dijeron a Nancy. Las encapucharon, las montaron en una camioneta junto a otros migrantes cuyos familiares y amigos habían podido pagar por sus libertades en apenas horas y rodaron por entre 2 y 3 horas.

    Les dieron “vueltas y vueltas” en el vehículo, hasta que los bajaron súbitamente.

    Estaban en el centro del Distrito Federal de México. Eran las 3 de la madrugada.

    Su cautiverio duró 21 días.

    IV

    Los secuestros de migrantes en México están en boca de todos, hasta de la del presidente.

    Andrés Manuel López Obrador, jefe de Estado mexicano, se ha referido al asunto en sus conferencias matutinas. “Hay bandas que se dedican a secuestrar”, admitió en mayo de 2023, cuando la prensa reportó el rapto de 50 migrantes que viajaban en un autobús de una empresa privada desde el estado San Luis Potosí a Nuevo León, en el norte del país.

    El mandatario mexicano dijo haber tenido informes de al menos “dos o tres” secuestros similares en esa zona: en abril, la policía rescató a 35 migrantes desaparecidos entre San Luis Potosí y Guanajuato; y, el 5 de mayo, liberaron a varios colombianos, en Sonora.

    Al comentar la muerte de 10 migrantes cubanos por un accidente cuando se volcó el vehículo en Chiapas, el 2 de octubre pasado, López Obrador advirtió que los migrantes que pasan por su nación seguían enfrentándose a “muchos riesgos, violaciones a sus derechos humanos, bandas que secuestran a migrantes, asesinatos y desgracias por accidentes”.

    Esos delitos ocurren en un contexto de cifras sin precedentes de migración irregular en México: 1.566.948 extranjeros en esa situación han sido “detectados” entre el 1 de enero y el 3 de octubre de 2023 en 429 puntos fronterizos, indicó el Instituto Nacional de Migración a la Voz de América.

    La mayoría proviene de Guatemala, Honduras, El Salvador, Ecuador, Haití, Cuba y Venezuela.

    La cifra reportada por el gobierno mexicano a la VOA va camino a cuadruplicar la detección de personas migrantes en situación irregular en México durante 2022, con casi 445.000 eventos, según la Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas.

    La ley establece que las personas extranjeras que son víctimas de un delito en México pueden recibir una Tarjeta de Visitante por Razones Humanitarias de parte del Instituto Nacional de Migración, previa denuncia ante las autoridades de seguridad y las fiscalías.

    Ese beneficio permite trabajar en el país y puede renovarse cada año, según las necesidades particulares del solicitante, explica el gobierno mexicano en sus portales de internet.

    La tarjeta “les abre la puerta a la posibilidad de regularizar su estancia en el país”, explicó el organismo oficial mexicano.

    Presidentes y delegados de Belice, Colombia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Haití, Honduras, México, Panamá y Venezuela acordaron el 22 de octubre en Palenque, México, soluciones “integrales” ante el aumento de flujos migratorios irregulares, donde incluyeron el “combate al crimen organizado transnacional y el tráfico de personas, fomentando la cooperación de seguridad” entre esas 10 naciones.

    Un documento oficial de la Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas no incluye datos sobre denuncias de actos contra la libertad contra personas extranjeras en situación de migración irregular en México (secuestros y retención ilegal).

    En 2021, hubo 55 reportes. La cifra fue relativamente baja, con solo 3 casos, durante 2020, año de inicio de la pandemia por COVID-19, cuando la movilización entre países era limitada o nula. En 2019, se registraron 15 denuncias y, en 2018, 214.

    Nancy prefirió callar y nunca contar oficialmente su secuestro.

    “Nadie quería denunciar por miedo”.

    V

    Un video difundido a principios de octubre de 2023 por el portal Informe25 comprobó, en apariencia, el secuestro de 10 venezolanos que intentaban llegar a Estados Unidos.

    “Aquí tenemos a su hijo, páguenos el dinero no más”, dice en el audiovisual un delincuente enmascarado, apuntando con un rifle de asalto a un migrante arrodillado, aparentemente maniatado e identificado por la prensa como Ronald Alvarado, del estado Apure.

    “Mamá, ayúdame por favor”, solloza en la grabación el joven secuestrado, mientras el delincuente lo apunta en la nuca con su arma. Los criminales exigían 7.000 dólares para dejarles ir, según el testimonio de un hombre que logró escapar, citado por el portal.

    Según los registros de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por sus siglas en inglés), de Estados Unidos, el número de personas interceptadas en la frontera suroeste de esa nación entre octubre de 2022 y agosto de 2023 es de 2.206.039.

    Un portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos aseguró a la VOA que el gobierno del presidente Joe Biden “prioriza” los desafíos de la migración irregular en la región y “trabaja de cerca” con aliados para “fortalecer la gestión humana de la migración, proteger a los migrantes vulnerables y combatir el tráfico (de personas) en la región”.

    La Oficina de Población, Refugiados y Migración del Departamento de Estado y las organizaciones internacionales asociadas “apoyan el trabajo” de las autoridades mexicanas para fortalecer su capacidad de “registrar y responder a las desapariciones de migrantes y restablecer los vínculos familiares con los migrantes desaparecidos”, añadió el vocero.

    Según el funcionario, en años recientes se han aumentado las vías legales de migración a Estados Unidos para motivar a los migrantes a usarlas, en vez de aventurarse en “un peligroso viaje para intentar ingresar de manera irregular” a Norteamérica.

    En mayo de 2023, expiró una regla que permitía a Estados Unidos expulsar a migrantes por razones de salud, conocida como el Título 42.

    Enseguida, las autoridades migratorias retomaron la aplicación de una ley de larga data conocida como Título 8, que establece la deportación acelerada y prohibición de acceder a vías legales de migración por cinco años.

    El gobierno de Biden implementó junto a esa ley una nueva regla de asilo bajo la cual se comenzó a considerar inelegible a quienes crucen la frontera de manera irregular.

    Estados Unidos prohíbe e impide actualmente los cruces ilegales de sus fronteras, invitando a registrarse en su parole humanitario para cubanos, nicaragüenses, haitianos y venezolanos o solicitar una cita para presentarse ante un oficial migratorio en sus puntos fronterizos mediante la aplicación CBP One.

    Mientras, sigue en marcha una movilización humana sin precedentes desde el sur hasta el norte de América: 424.000 migrantes cruzaron entre enero y octubre el Tapón del Darién, de acuerdo con cifras del Servicio Nacional de Migración panameño.

    De esos migrantes de la selva del Darién, 271.481 son venezolanos.

    VI

    Nancy y su sobrina ya estaban libres, pero sin dinero, ni ganas de continuar.

    Le confesó a su hermana por teléfono su plan de regresarse a Venezuela, pero esta la convenció de seguir adelante en su viaje, diciéndole: “la bebé está más cerca”.

    Su familiar les compró un par de boletos de bus desde la capital hasta Baja California, en la frontera norte de México con Estados Unidos -costaron 100 dólares-.

    Un migrante que conoció en el camino le prestó 170.000 pesos mexicanos para las comidas. Nancy compartía el pollo o el arroz que compraba en la vía con un panameño que quedó en bancarrota por las tantas coimas que dijo haber pagado en los puntos de control.

    Luego de 56 horas de viaje, Nancy se entregó con la niña a las autoridades de un centro migratorio en Yuma, Arizona. Era la estrategia del migrante irregular de entonces: cruzar como fuese la frontera, entregarse a la Patrulla Fronteriza y pedir asilo en Estados Unidos.

    Su sobrina tenía fiebre, tos, malestar, cuando Nancy se rindió. Las separaron, las interrogaron. Le recriminaron el viaje tan riesgoso, con una niña que no era su hija.

    Tres días después, decidieron expulsarla de Yuma a Hermosillo, México, donde estuvo otras 72 horas detenida. Finalmente, logró hablar de nuevo con su hermana.

    Nancy se confortaba en prisión imaginando a su sobrina finalmente junto a su madre. Del otro lado de la línea telefónica, un llanto desesperado descubrió la situación real.

    “¡La bebé, mi bebé!”. Desconsolada, su hermana no dejaba de gritar.

    Nadie la había contactado. No sabía dónde estaba su hija.

    VII

    Nancy pasó los últimos días de su viaje sin ropa, ni dinero, refugiada en una iglesia mexicana donde atienden a migrantes. Tuvo una semana y media para salir de México en vuelo hasta Colombia. Cual bucle, hizo su última parada donde inició, en su barrio.

    Su sobrina apenas estuvo 3 días en el refugio de Yuma antes de que las autoridades la entregaran a una familia provisional en Estados Unidos, se enteró por su hermana.

    Luego de 45 días de llenado de documentos, comparecencias ante un juez, conversaciones con una trabajadora social del gobierno federal y pruebas de laboratorio para corroborar su filiación, la mujer y su niña, de 9 años, pudieron reunirse.

    Fraudes, robos, pesadillas, insomnios, sabañones por la humedad, estrés y una persistente irritación del colon es lo que Nancy dice haber heredado de su migración ilegal.

    Hace solo 3 meses, una mujer dominicana con la que estuvo secuestrada en Tapachula le confesó por Facebook que no había sido liberada enseguida luego de pagar 10.000 dólares a sus captores. Los delincuentes que fueron a buscarla aquella noche la ultrajaron por 3 días y la abandonaron en la frontera norte con Estados Unidos, inconsciente, débil, famélica.

    “Todavía no duermo bien. Siento que mi cerebro está maquinando, viviendo todo eso”, cuenta. También, ha quedado con una grave inflamación de su vientre.

    Mientras planea realizarse una biopsia para comprobar su estado de salud, incluso sin descartar una histerectomía, jura que jamás emprendería un viaje como el de hace 1 año y aconseja apelar por una visa a Estados Unidos o esperar la aprobación de un parole.

    De vuelta en su barriada, dice que “no vale la pena” viajar como lo hizo.

    Cada vez que repasa en su mente todo lo “horrible” que vivió aquellos dos meses entre Venezuela y Estados Unidos, suele convencerse de quiénes fueron los culpables.

    “Los ‘coyotes’… no son gestores, sino estafadores”.

    Nota: La utilizó un seudónimo para proteger la identidad de la migrante venezolana que narró su secuestro, para garantizar su seguridad, así como la integridad de sus familiares.

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