El mapa de la sed

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_Las colonias de Juárez donde conseguir agua sigue siendo un problema_

Hay una pregunta que Ciudad Juárez debería hacerse con mucha más seriedad. ¿Cuánto vale un litro de agua para quien solamente tiene que abrir la llave y cuánto vale para quien tiene que esperar una pipa?
Porque en Juárez el problema del agua no puede reducirse a saber si existe suficiente recurso en el subsuelo.
La verdadera discusión es mucho más incómoda: ¿quién tiene acceso al agua, quién la recibe con regularidad y quién sigue dependiendo de una solución provisional para satisfacer una necesidad básica?
El mapa de la sed no necesariamente coincide con el mapa de la pobreza. Pero sí revela algo profundamente desigual; *la ciudad no garantiza de la misma manera el acceso al agua a todos sus habitantes*.
Y eso convierte al agua en un asunto social, económico y político.
En mayo de 2026, el Gobierno de Chihuahua reconoció oficialmente que la zona conocida como Los Kilómetros, al poniente de Ciudad Juárez, enfrenta retos importantes de acceso al agua.
El programa “Agua para Todos, la Junta Contigo” fue diseñado para atender aproximadamente a 6 mil familias de 12 colonias, mediante acciones de abastecimiento e infraestructura.
Se trata de una cifra que debería encender las alarmas.
Porque cuando miles de familias necesitan un programa especial para garantizar algo tan elemental como el agua potable, ya no estamos hablando solamente de una falla técnica.
Estamos hablando de *desigualdad urbana*.

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*La pipa: el símbolo de una ciudad que todavía no termina de conectarse*
La pipa resuelve una emergencia, pero difícilmente puede considerarse una solución estructural.
Una pipa lleva agua hoy.
Una red hidráulica lleva agua todos los días.
Esa diferencia parece obvia, pero tiene profundas consecuencias económicas.
Una familia conectada a la red puede planear su consumo.
Una familia que depende de pipas debe esperar horarios, almacenar agua, administrar reservas y, en algunos casos, modificar actividades domésticas de acuerdo con la disponibilidad del líquido.
Por eso la pregunta no debería ser únicamente cuántas pipas circulan por Juárez.
La pregunta correcta es; *¿Cuánto dinero público estamos gastando cada año para mantener un modelo de abastecimiento provisional en lugares donde deberíamos estar construyendo infraestructura permanente?*
Y todavía hay otra pregunta más incómoda; *¿Cuánto cuesta llevar agua durante años a una familia mediante pipas frente al costo de conectarla definitivamente a la red?*
La respuesta debería formar parte de una evaluación pública de política hidráulica.
Porque si el gasto acumulado en transporte, combustible, personal, mantenimiento y operación se aproxima o incluso supera el costo de ampliar una red, entonces la pipa deja de ser únicamente una herramienta de emergencia y puede convertirse en el síntoma de una *planeación urbana incompleta*.

*El agua también tiene código postal*
El Censo de Población y Vivienda 2020 de INEGI permite entender que “tener agua” no es una condición tan simple como parece.
El propio levantamiento distingue entre agua entubada dentro de la vivienda, agua entubada fuera de ella, llave pública y viviendas que no disponen de agua. También identifica fuentes como pozos, pipas y otras formas de abastecimiento.
Es decir; estadísticamente, tener infraestructura cerca no significa necesariamente tener el mismo nivel de acceso.
Una vivienda puede tener una red en la calle y enfrentar baja presión.
Puede tener tubería, pero recibir agua de manera irregular.
Puede estar dentro de una zona abastecida, pero depender de un tinaco para sobrevivir a los periodos sin servicio.
Y puede estar completamente fuera de la red.
Ahí aparece otro de los grandes problemas de Juárez: la expansión territorial no siempre ha caminado al mismo ritmo que la infraestructura.
La ciudad creció hacia la periferia y la infraestructura hidráulica ha tenido que perseguir ese crecimiento.
El resultado es una paradoja urbana; tenemos una ciudad industrial y fronteriza de enorme importancia económica, pero todavía existen familias para quienes conseguir agua es una actividad cotidiana.

*El agua que se pierde también cuenta*
La discusión tampoco puede quedarse únicamente en las colonias sin red.
Hay que mirar las fugas.
Cada fuga representa agua que fue extraída, bombeada, conducida y que finalmente no llegó a una vivienda.
Es decir, el problema no solamente está en quienes no tienen tubería.
También está en quienes tienen tubería, pero reciben un sistema con pérdidas.
Y aquí la discusión económica se vuelve todavía más importante.
Extraer agua de un acuífero requiere energía. Bombearla requiere infraestructura. Conducirla requiere tuberías. Potabilizarla, mantenerla y distribuirla tiene un costo.
Por eso, el agua que se pierde antes de llegar al usuario también es dinero público que se pierde.
No existe política hidráulica verdaderamente eficiente si una ciudad continúa pensando solamente en producir más agua y no en perder menos agua.

*El acuífero tampoco es infinito*
La presión sobre el agua subterránea es otro capítulo de esta historia.
CONAGUA publicó en 2024 la actualización de la disponibilidad media anual del acuífero Valle de Juárez, identificado con la clave 0833.
Esto importa porque Ciudad Juárez depende de manera fundamental de sus fuentes subterráneas.
Y aquí aparece una contradicción que la política pública debe enfrentar:
queremos seguir creciendo, pero el crecimiento urbano aumenta la demanda de agua; queremos más vivienda, más industria y más desarrollo económico, pero necesitamos garantizar que el recurso que sostiene ese crecimiento pueda mantenerse en el tiempo.
No se puede hablar de competitividad fronteriza sin hablar de seguridad hídrica.
No se puede hablar de nuevas inversiones sin preguntarse de dónde saldrá el agua.
No se puede autorizar crecimiento habitacional sin saber quién financiará la infraestructura necesaria para abastecerlo.
Y no se puede seguir tratando el agua como si fuera únicamente un problema de la JMAS.

*El agua también es un problema de desarrollo urbano*
Hay colonias donde la solución ya demostró que sí puede llegar
El propio Gobierno de Chihuahua reconoce casos donde la infraestructura permanente sustituyó años de dependencia de pipas.
En El Sauzal, por ejemplo, la JMAS introdujo una red de agua potable después de más de dos décadas en las que habitantes dependieron del abastecimiento mediante pipas.
La primera etapa fue diseñada para atender una demanda de 43.70 litros por segundo y beneficiar a 3,200 habitantes, con una inversión tripartita de 34.1 millones de pesos.
Ese caso debería estudiarse con lupa.
No solamente para celebrar la obra.
Sino para preguntar; *¿Cuánto se gastó durante esas dos décadas en mantener el suministro mediante pipas?*; ¿Cuánto pagaron las familias en tiempo, almacenamiento y traslados?; ¿Cuánto costó socialmente vivir sin una red permanente?
Y, sobre todo:
¿Cuántas colonias de Juárez están viviendo hoy la misma historia que El Sauzal antes de que llegara la infraestructura?
Esa es una pregunta que merece una respuesta pública.

*La paradoja: una ciudad que necesita agua para seguir creciendo*
Ciudad Juárez es una de las principales plataformas industriales y fronterizas de México.
Su economía depende de trabajadores, fábricas, viviendas, comercios, hospitales, escuelas y servicios.
Todos dependen del agua.
Por eso, la infraestructura hidráulica no debe verse como un gasto asistencial. Es infraestructura económica.
Una colonia sin agua suficiente tiene mayores dificultades para desarrollarse.
Una vivienda sin conexión formal tiene menor calidad de vida.
Una empresa necesita certeza sobre sus servicios.
Una ciudad que no garantiza agua suficiente enfrenta riesgos sanitarios, sociales y económicos.
El agua, entonces, debería ocupar el mismo nivel de importancia estratégica que las vialidades, los cruces fronterizos, la energía eléctrica y la seguridad.

*El verdadero mapa de la sed todavía no existe*
Y quizá aquí está el mayor vacío.
Juárez necesita construir un *Mapa Público de la Sed*. Un mapa que permita identificar, colonia por colonia:
dónde se distribuye agua mediante pipas;
cuántas familias dependen de ellas;
cuántos viajes realizan las unidades;
cuántos litros se distribuyen;
cuántos kilómetros recorren;
cuánto cuesta cada operación;
dónde existen problemas de baja presión;
dónde están las principales fugas;
qué pozos abastecen a cada sector;
cuál es la capacidad de cada pozo;
qué colonias carecen de red;
cuánto costaría conectar cada zona;
cuánto tiempo tomaría hacerlo;
y cuánto dinero se gasta actualmente en mantener el esquema provisional.
Ese mapa permitiría pasar de los discursos a los números.
Y entonces podríamos responder la pregunta que verdaderamente importa; *¿Dónde está la desigualdad hídrica de Ciudad Juárez?*

*La política del agua*
Porque al final, el agua también es política.
No necesariamente política partidista.
Política pública.
Decidir dónde perforar un pozo es política pública.
Decidir dónde ampliar una red es política pública.
Decidir qué colonia recibe una obra primero también lo es.
Decidir cuánto se invierte en infraestructura y cuánto en soluciones temporales también.
Y decidir si una familia continuará dependiendo de una pipa durante cinco, diez o veinte años es, sin duda, una decisión de política pública.
Por eso la discusión no debería ser solamente; *“¿Hay agua?”*
La discusión debería ser; *“¿Quién tiene acceso al agua, cuánto paga por ella, con qué frecuencia la recibe y cuánto le cuesta al Estado garantizarle ese derecho?”*

*La ciudad que queremos construir*
Ciudad Juárez tiene frente a sí una decisión que va mucho más allá de la temporada de calor. Puede continuar reaccionando colonia por colonia cuando aparece una emergencia.
O puede construir una política hidráulica de largo plazo que relacione agua, vivienda, crecimiento urbano, industria, infraestructura y justicia territorial.
La primera opción administra el problema.
La segunda lo enfrenta.
Porque una ciudad moderna no debería medir su desarrollo solamente por el número de empleos que genera, las inversiones que atrae o los kilómetros de pavimento que construye.
También debería medirse por algo mucho más elemental; que una familia pueda abrir la llave y saber que el agua estará ahí.
Ese es el verdadero mapa de la sed.
Y mientras haya una colonia donde el agua llegue en pipa mientras en otra llega por la red, la pregunta seguirá siendo inevitable.
*En Ciudad Juárez, ¿el agua es realmente un servicio para todos o sigue siendo un privilegio determinado por el código postal?*

ADN Guadalupe Parada
Guadalupe Parada Gasson

Economista, experta en comercio exterior, periodista y docente con amplia trayectoria en sectores público y privado. Ha dirigido medios impresos y digitales, liderado proyectos de comunicación y formación, y se ha desempeñado en ventas, publicidad y relaciones públicas. Destaca por su perfil multidisciplinario, visión estratégica y compromiso con la gestión social y educativa. Recientemente presidenta de Rotary Club Juárez Real (2023–2024).


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

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