El próximo jueves se cumplirá un aniversario más de la caída de una tiranía sanguinaria que gobernó desde el Valle de México, encabezada por un guerrero indígena, cuyo poderío sucumbió ante una coalición de ejércitos dirigida por un hombre barbado que, contra todo pronóstico, logró sumar los descontentos y las diferencias más profundas, en torno a una empresa libertaria que fuera capaz de derrocar al déspota.
Aunque la descripción general de este episodio de nuestro pasado común podría encajar en varias etapas de nuestra historia, e incluso en otra efeméride para el mismo día, hoy nos referimos a la firma del Tratado de Teoloyucan. Este acto jurídico de gran trascendencia,firmado en la salpicadera de un coche, en medio del campo mexiquense, instruido por Don Venustiano Carranza, un 13 de agosto de 1914, y ejecutado por elGral Álvaro Obregón ante lo que quedó del Ejercito porfiriano y del gobierno huertista, impuesto por la traición de la llamada “decena trágica”.
Fue un suceso que selló el final de cualquier aspiración porfirista para retornar al poder, y queresulta interesante y ejemplificador en torno a la importancia de la prudencia política, al propiciar que la legitimidad política se sostenga con la legalidad jurídica, incluso en los momentos más abrumadores de contextos de triunfos indiscutibles, pues esa sinergia fortalece la posición de la fracción triunfadora.
Dicha prudencia la entendían nuestros mayores, esos que forjaron las reglas no escritas de nuestro sistema político contemporáneo, quienes dirigieron a los ejércitos revolucionarios, ya que tenían claridad en la importancia de proyectar orden, respeto y algún tipo de legalidad en sus actos.
Así, para esos revolucionarios que se levantaron en armas por sus ideales, sus circunstancias, sus frustraciones o ambiciones (no importa si fue una o todas sus motivaciones), en el pragmatismo o el idealismo político más crudo es fundamental encontrar legitimidad en documentos y en las normas que elmismo poder puede imponer.
La lógica de poder descrita prevaleció en nuestro imaginario político porque es relevante tanto mantener, aunque sea simbólicamente, distancia ante la posibilidad de comparación con un ejercicio déspota, como racionalmente aceptar que el poder político cambia de manos y en esas transiciones es mejor para todas las personas involucradas tener algún asidero jurídico que haga más tersos los cambios.
Es decir, considerando que el ser humano es un animal simbólico, resulta fundamental para el proceso de legitimación y autoafirmación en el poder, el hecho de respetar y hacer respetar instituciones, leyes y normas, tanto para el ejercicio mismo de ese poder como ante el reconocimiento de que el futuro no es controlable por lo que el respeto de esa normatividad, al menos simbólicamente es importante para gobernantes, oposición y población.
Desafortunadamente la complejidad de nuestros tiempos nos plantea al menos dos retos, seguramente entre muchos más, pero que son muy importantes yque quizá son el fondo de múltiples y delicados problemas que enfrenta nuestra generación.
El primero de los problemas es la perdida de esa prudencia tanto en la arena pública que comparte la población en redes sociales, como en el ejercicio del poder público. Esto puesto en evidencia con muchas de las expresiones positivas que actores involucrados y observadores de un fenómeno de deshonestidad que se presentó durante el examen de ingreso a la UNAM. Se encontraron posiciones, muy lamentables en las que se apreciaba positivamente el fraude y se justificaba con los más torpes argumentos como que los “exámenes estaban en desuso” o que era responsabilidad de la Máxima Casa de Estudios evitar que buena parte de nuestra juventud pensara en recurrir al engaño para alcanzar sus metas. Por supuesto, también estas perspectivas encuentran resonancia en diversos espacios de la vida pública, cuando vemos personajes políticos, en todo el espectro, que llaman a sus propios subalternos no cumplir las normas, aunque tengan las condiciones para cambiarlas a su preferencia.
Otro de estos tres retos esta en el desprecio a las instituciones. Este ejemplificado en los ataques a las mismas que, desde la oposición o el propio gobierno, se hace para evitar las implicaciones del señalamiento a quienes operan esas instituciones. Asimismo, muchas voces en redes sociales y algunas en la opinión publicada, también con pretexto del sucesos de posibles trampas ejecutadas por los aspirantes a ingresar a la UNAM, aprovecharon para descargar sus frustraciones contra esa institución educativa que ha alojado a los premiso nobel que ha generado nuestro país, los posgrados más prestigiados de México, que es uno de los motores científicos más importantes de nuestro país. Estos ataques, omitiendo o callando ante el hecho de que las deficiencias académicas o intelectuales que puedan presentar sus estudiantes o los aspirantes a ingresar a ella se forjaron en un deficiente sistema educativo y una serie de problemáticas de estructuras familiares. Es decir, se descargan las fallas propias dañando a las instituciones y evitando el difícil y necesario proceso de revisar que se ha hecho por esa parte de la población a lo largo de su formación. ¿se fue demasiado indulgente?,¿hubo o no consecuencias en suprimir las consecuencias por un mal desempeño académico?,¿cómo esta el apego a la ley, a la norma en nuestra vida cotidiana?
Con estas dos banderillas para la reflexión se quedará esta columna para apreciar con mayor facilidad algunos atributos que tenían esas figuras políticas de hace 100 años y lo importante que podría resultarnos como sociedad, recuperar al menos esa sabia prudencia que les hacía formalizar los compromisos y respetar las instituciones.

Raen Sánchez Torres
Politólogo e internacionalista, cuenta con una maestría en Estudios Internacionales por el ITESM y un doctorado en Ciencias Políticas y Sociales por la FCPyS de la UNAM, además de 16 diplomados, seminarios, cursos y talleres especializados en Seguridad Nacional, Seguridad Pública e Inteligencia, impartidos por instancias como la UNAM, ITAM, UDLAP, Policía Nacional Francesa, Real Policía Montada de Canadá, y el Departamento de Justicia de los EEUU.
Profesionalmente se ha desempeñado en el sector público como analista del fenómeno delictivo en el ámbito internacional, el desarrollo de instituciones de seguridad pública, y desde hace más de 10 años como asesor parlamentario tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Como académico, desde 2015 ha sido profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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