Cuando las cifras dejan de ser datos y se convierten en propaganda.
Durante años, una de las principales virtudes que presumió la oposición fue la defensa de los datos, de la evidencia y de la verdad frente a lo que llamaban “otros datos”. Por eso resulta particularmente llamativo que cuando uno revisa con detenimiento las cifras utilizadas por Vicente Fox durante su reciente visita a Chihuahua, descubre algo incómodo: los números no resisten una revisión seria.
No se trata de un debate ideológico.
Se trata de matemáticas.
Y las matemáticas tienen la mala costumbre de no militar en ningún partido.
El expresidente llegó a Chihuahua con un discurso construido sobre una narrativa sencilla: antes estábamos mejor, ahora estamos peor y la única salida es regresar al pasado. Para sostener esa tesis lanzó una batería de cifras sobre población, ingreso, exportaciones, educación y reformas constitucionales. El problema es que buena parte de esos números están equivocados, descontextualizados o comparados de forma tramposa.
Tomemos el primer ejemplo.
Fox afirmó que Chihuahua pasó de tener 2.4 millones de habitantes a más de 4 millones. Suena impresionante. El problema es que la cifra histórica simplemente no corresponde. Si el punto de comparación es el año 2000, Chihuahua tenía más de 3 millones de habitantes, no 2.4 millones. La diferencia no es menor. Cuando se reduce artificialmente la base de comparación, cualquier crecimiento posterior parece más espectacular de lo que realmente fue.
Lo mismo ocurre con el ingreso por habitante.
La narrativa fue que Chihuahua pasó de generar cuatro mil dólares por persona a dieciséis mil dólares, es decir, cuatro veces más riqueza. Suena demoledor. Pero la comparación mezcla dólares de hace veintiséis años con dólares actuales. Es como comparar el precio de una casa en 2000 con el de hoy sin considerar la inflación. Cuando se actualizan los valores para hacer una comparación honesta, el crecimiento ya no es de cuatro veces, sino de poco más del doble. Sigue siendo crecimiento, sí. Pero deja de ser el milagro económico que intentó venderse desde el templete.
Las exportaciones tampoco escapan al truco.
Fox habló de un salto de cuatro mil millones de dólares a cuarenta y siete mil millones. Nuevamente, la cifra histórica no quedó acreditada y además se mezclan periodos parciales con datos anuales completos. Dependiendo de qué serie se utilice, los resultados cambian radicalmente. Lo que se presenta como una verdad absoluta termina siendo una selección conveniente de números para sostener una conclusión previamente decidida.
Con la educación sucede algo parecido.
Según el discurso, Chihuahua pasó de seis años de escolaridad promedio a once. Suena extraordinario. El problema es que los datos censales muestran otra realidad: el promedio era de 7.7 años y posteriormente llegó a 10.0 años. El avance existe y es importante, pero no es el que se dijo. Una vez más, la cifra fue ajustada para que encajara mejor en la narrativa.
Quizá el ejemplo más revelador sea el de las reformas constitucionales.
Noventa cambios constitucionales, dijo Fox.
Noventa.
Sin embargo, al revisar los decretos oficiales disponibles, el número verificable ronda la mitad. ¿Puede existir otra metodología? Tal vez. ¿La explicó? No. Y cuando una cifra extraordinaria aparece sin explicación metodológica, deja de ser un dato y se convierte en un recurso retórico.
Pero el problema de fondo no son las cifras.
El problema es la intención.
Porque los errores siempre son curiosamente favorables a la misma conclusión. Nunca exageran para perjudicar el argumento. Nunca se equivocan en sentido contrario. Siempre inflan, magnifican o dramatizan el relato político que se quiere construir.
Eso ya no es un error estadístico.
Es una estrategia.
La vieja política entendió hace mucho tiempo que una mentira repetida suficientes veces termina pareciendo verdad para quienes quieren creerla. Por eso hoy escuchamos la misma cantaleta una y otra vez: que estabamos mejor cuando estábamos peor, que todo se destruyó, que todo era mejor antes.
Y para sostener esa nostalgia necesitan números maquillados.
Necesitan comparaciones tramposas.
Necesitan cifras fuera de contexto.
Necesitan propaganda disfrazada de análisis.
Lo irónico es que durante años acusaron a otros de manipular la realidad.
Hoy son ellos quienes llegan con tablas alteradas, comparaciones imposibles y cifras que se desmoronan al primer contacto con los datos reales.
Porque al final la discusión no es si uno simpatiza con Fox, con Morena, con el PAN o con cualquier otro partido.
La discusión es más sencilla.
Si alguien necesita alterar los números para ganar una discusión política, probablemente ya perdió la discusión de fondo.
Y eso es exactamente lo que ocurrió en Chihuahua.
No fueron los números de Fox.
Fueron las historias que Fox quiso contar usando números que no decían lo que él afirmaba que decían.

David Gamboa
Mercadólogo por la UVM. Profesional del Marketing Digital y apasionado de las letras. Galardonado con la prestigiosa Columna de Plata de la APCJ por Columna en 2023. Es Editor General de ADN A Diario Network.
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