El atentado y las curiosidades de la historia

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El pasado 25 de abril de 2026, durante la “Cena de Corresponsales de la Casa Blanca”, que se celebraba en el hotel Hilton de Washington, D.C., el presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, tuvo que ser resguardado por el Servicio Secreto, en medio de lo que se ha registrado como el tercer atentado contra su vida.

La información que fluyó en medios de comunicación y redes sociales, en pocos minutos, permitió dar a conocer que afortunadamente el presidente, el vicepresidente, sus acompañantes, las y los corresponsales invitados, los organizadores y el público que asistió estaban a salvo.

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Un par de horas después del atentado se difundieron datos que en los primeros momentos permitían presumir que al menos había un tirador, que, de acuerdo con los testigos, y algunos videos, se escucharon varias detonaciones, y que el presunto tirador, Cole Tomas Allen, fue detenido en medio de un dispositivo de seguridad en el lobby del hotel.

De acuerdo con los datos que se han difundido sobre el presunto ejecutor del atentado (simpatía por Kamala Harris, ingeniero californiano de 31 años, con posgrados en el Cal Tech) , entre los aspectos más delicados de este suceso, esta el hecho de que quizá el perfil se apega más al de un ciudadano educado promedio, que al de un inadaptado con problemas de salud mental, como se ha pintado a autores de otros atentados presidenciales como Lee Harvey Oswald, o el perpetrador del ataque durante la campaña del presidente Trump. Consecuentemente, las autoridades estadounidenses podrían llegar a tener un gran reto en temas de prevención de este tipo de sucesos, y consecuentemente podría generarse un nuevo debate entre la seguridad y la libertad de los ciudadanos en los EEUU.

De cualquier manera, lo que sí es seguro es que, entre la enorme cantidad de información que habrá de derivar de este suceso, sin duda alguna podremos encontrar una serie de particularidades anecdóticas cuya probabilidad, por poco que uno pueda saber de esta rama de las matemáticas, pareciera realmente asombrosa para cualquier persona con un poco de capacidad para observar, tal y como ha sucedido en otros atentados.

Para ejemplificar las particularidades a las que me refiero, podríamos recurrir a otros casos de atentados en la esfera política estadounidense. En el primer lugar, sin duda alguna tendríamos que colocar a Robert Todd Lincoln, hijo del presidente estadounidense Abraham Lincoln, pues a lo largo de su vida le tocó acompañar a tres jefes de Estado, en nuestro vecino del norte, justo en torno a sus respectivos atentados[1].

En la primera ocasión le tocó estar con su padre, durante la madrugada del 15 de abril de 1865, en la que el presidente perdió la vida tras recibir un disparo en el teatro Ford, igualmente registrado en la capital de los Estados Unidos de América. Asimismo, un 2 de julio de 1881, la vida le regaló una segunda experiencia de este tipo cuando, siendo secretario del Departamento de Defensa, mientras platicaba con su jefe, el presidente James A. Garfield, y al momento en que atravesaban el lobby de la Baltimore and Potomac Railroad Station, presenció el momento justo en que Charles J. Guiteau[2] detonó su arma contra el mandatario estadounidense, situación que derivó en el deceso del presidente, unas semanas después. Posteriormente, su destino lo habría de ubicar en estas líneas, cuando el 14 de septiembre de 1901, durante la recepción en la Exposición Panamericana de Buffalo, invitado por el presidente William McKinley, le tocó ver el asesinato de su anfitrión a manos de un anarquista llamado León Czolgosz[3].

En segundo lugar, deben estar las muy frecuentemente comentadas coincidencias entre el asesinato del presidente Lincoln y el presidente Kennedy, mismas que se suelen encontrar en folletos turísticos, carteles de datos curiosos en algunos bares de la capital estadounidense, y en un sin número de referencias disponibles en el ciberespacio. Éstas, plantean aspectos tan peculiares como que el presidente Abraham Lincoln fue asesinado en el teatro Ford, por John Wilkes Booth, un perturbado que, entre sus excentricidades, solía usar tres nombres (algo poco usual en los EEUU), y el sucesor en la presidencia se apellidaba Johnson. En esta trama, se plantean las coincidencias en tanto que el presidente John F. Kennedy fue asesinado en un Ford, Lincoln, tras recibir disparos de quien oficialmente fue su asesino intelectual y material, Lee Harvey Oswald (también usaba tres nombres), el vicepresidente también tenía por apellido Johnson, ambos mandatarios perdieron la vida en la primera mitad de la década del 60 (pero de dos siglos distintos), y a los dos se les reconoce por su lucha por los derechos de las personas afrodescendientes. Además, Wilkes era simpatizante de la causa sureña y Oswald era sureño.

El tercer ejemplo, nos re-encausa directamente con el presidente Trump, toda vez que ese hotel ahora ha sido escenario de dos atentados contra presidentes de los Estados Unidos. En la primera ocasión sucedió el 30 de marzo de 1981, justo cuando el presidente Ronald Reagan salía de una reunión con un gremio, pero de la construcción, no de la comunicación, y entre la puerta del hotel y la limosina presidencial, John Hinckley Jr. le dirigió 9 tiros de los que sólo acertó uno. En los dos casos, el de Reagan y Trump, los mandatarios eran republicanos, polémicos, en algún momento de su administración se les señaló por posibles problemas de salud, estaban por encima del promedio de edad de los presidentes de EEUU en los últimos 100 años, y ambos fueron claves en etapas de tensión internacional, y conflictos con Irán.

Sumado a los datos descritos, el reto probabilístico debe aumentar si consideramos que es el tercer atentado al que sobrevive el presidente Trump, eso sin mencionar que en el segundo atentado la bala le rozó sólo la oreja, hecho cuya probabilidad se aprecia tan baja, que no sería descabellado presumir que el presidente estadounidense salga con la autopercepción un tanto elevada después de estos eventos, situación que puede impactar en la conducción de sus responsabilidades.

Para finalizar, es pertinente observar que, como en muchas situaciones icónicas de la historia del mundo en los últimos 100 años, había mexicanos en ese sitio, y entre ellos se contaba al analista político Leo Zuckermann, y el periodista, especialista en seguridad, y corresponsal en Washington, Ariel Moutsatsos Morales.

Es de notar que, para efectos de las casualidades y los retos probabilísticos, en el caso de mi admirado Ariel Moutsatsos, ésta sería la segunda vez que las circunstancias lo ubican en un escenario peligroso, emblemático para la historia de los EEUU, y en el que su movilidad ha sido restringida por la reacción de los servicios de seguridad ante la emergencia. Ello, ya que, en esta ocasión, como primer paso, se impidió a los corresponsales la salida del hotel. Todas estas características, en el pasado las vivió Moutsatsos cuando, tras cubrir en Nueva York un asunto de la línea periodística que cubría al iniciar el siglo, terminó varado y convertido en el único corresponsal mexicano en el sitio, tras los primeros minutos de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Sin duda la vida es una gran experiencia que reserva sorpresas y coincidencias para quienes aceptan el reto de vivirla, y de observar con detenimiento lo que nos ofrece, teniendo como única certeza que cuando te toca, te sucederá, aunque te quites, pero si no te toca, seguirás contando anécdotas, aunque te pongas en medio de un atentado que pueda cambiar la tendencia histórica del mundo.


Notas bibliográficas

[1] Todd Arrington, Site Manager, James A. Garfield National Historic Site, July 2014 for the Garfield Observer. Disponible en https://www.nps.gov/articles/000/robert-todd-lincoln-and-presidential-assassinations-not-formal-title.htm

[2] https://www.whitehousehistory.org/bios/james-garfield

[3] https://www.whitehousehistory.org/bios/william-mckinley

Raen Sanchez
Raen Sánchez Torres

Politólogo e internacionalista, cuenta con una maestría en Estudios Internacionales por el ITESM y un doctorado en Ciencias Políticas y Sociales por la FCPyS de la UNAM, además de 16 diplomados, seminarios, cursos y talleres especializados en Seguridad Nacional, Seguridad Pública e Inteligencia, impartidos por instancias como la UNAM, ITAM, UDLAP, Policía Nacional Francesa, Real Policía Montada de Canadá, y el Departamento de Justicia de los EEUU.

Profesionalmente se ha desempeñado en el sector público como analista del fenómeno delictivo en el ámbito internacional, el desarrollo de instituciones de seguridad pública, y desde hace más de 10 años como asesor parlamentario tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Como académico, desde 2015 ha sido profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.


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