Ayer se fue
Tomó sus cosas y se puso a navegar
Una camisa, un pantalón vaquero
Y una canción, ¿dónde irá?
¿Dónde irá?
La conquista nunca se fue… solo se modernizo.
Hay algo profundamente absurdo en ver a Isabel Díaz Ayuso pasearse por México hablando de unión, mestizaje y futuro compartido mientras alrededor suyo se acomodan políticos mexicanos felices de servirle de alfombra diplomática. Porque una cosa es hablar de cooperación entre naciones y otra muy distinta romantizar un proceso histórico marcado por violencia, saqueo y sometimiento.
Y no, esto no se trata de “odio a España”, como luego intentan simplificar algunos comentaristas de Facebook y frases de Churchill que ni siquiera dijo. Se trata de memoria y dignidad.
Ayuso llegó a México y, entre homenajes, medallas y show, terminó convertida en símbolo de algo mucho más incómodo: la fascinación que todavía existe en ciertos sectores mexicanos por todo lo que huela a élite europea, aunque venga cargado de discursos soberbios sobre la Conquista.
Porque sí, hablar de “cinco siglos de mestizaje” suena bonito hasta que recordamos que el mestizaje en América Latina no nació precisamente de una reunión multicultural llena de abrazos y consentimiento colectivo. El problema no es reconocer que México es resultado de múltiples mezclas culturales. El problema es usar ese argumento para minimizar la violencia colonial y borrar las heridas históricas que siguen vivas en pueblos indígenas y afromexicanos.
Y ahí es donde a muchos les incomoda la conversación.
Porque México ama presumirse mestizo, pero le cuesta muchísimo aceptar su racismo.
El clasismo mexicano siempre encuentra a quién admirar
La visita de Ayuso exhibió algo muy mexicano: nuestro clasismo aspiracional.
Ese que hace que algunos políticos locales prácticamente cierren calles, catedrales y protocolos completos para recibir a una funcionaria extranjera mientras aquí hay madres buscadoras ignoradas, comunidades sin agua y colonias enteras sobreviviendo entre abandono institucional, y si hablo por supuesto de los gobernadores panistas.
Y mientras afuera había protestas con gritos de “¡Fuera Ayuso!” y “¡Fascista!”, adentro había aplausos, reconocimientos y discursos sobre fraternidad hispana. Dos Méxicos en tiempo real: el que cuestiona el colonialismo y el que todavía se emociona cuando Europa le valida la existencia.
La diputada Anayeli Muñoz criticó la condecoración otorgada por el Congreso de Aguascalientes, calificándola como una humillación a la dignidad nacional. Y aunque la frase pueda sonar dura, la pregunta incómoda sigue ahí:
¿Por qué hay políticos mexicanos tan desesperados por agradarle a figuras que constantemente minimizan la violencia histórica de la colonización?
Porque esto no es diplomacia cultural inocente. También es narrativa política.
Y las narrativas importan.
Como afromexicana, hay cosas que no puedo romantizar
A veces pareciera que en México quieren hablar del mestizaje como si todos hubiéramos llegado a la mesa histórica en igualdad de condiciones. Pero no fue así.
Los pueblos indígenas fueron sometidos.
Las poblaciones africanas fueron esclavizadas.
Y durante siglos se construyó un sistema de castas donde entre más europeo te vieras, más valor social tenías. ( bueno todavia en la actualidad).
Ese sistema no desapareció. Solo se modernizó.
Por eso el racismo en México casi siempre viene disfrazado de clasismo. “No es por moreno, es por naco”. “No es discriminación, es educación”. La clásica gimnasia mental nacional para fingir que aquí todos somos iguales mientras las personas afrodescendientes e indígenas siguen apareciendo menos en espacios de poder, medios de comunicación y oportunidades económicas.
Por eso resulta tan ofensivo escuchar discursos triunfalistas sobre Hernán Cortés o la Conquista como si hubieran sido una bendición civilizatoria. Y peor todavía cuando mexicanos reproducen esa narrativa creyéndose modernos o intelectuales.
No, Nacho Cano. México no le debe su existencia a Hernán Cortés. México existía mucho antes de la invasión española, aunque a algunos les incomode aceptar que había civilizaciones complejas antes de Europa viniendo a “descubrir” gente que ya estaba aquí.
El problema no es Ayuso… es quién la aplaude
Voy a ser brutalmente honesta: Isabel Díaz Ayuso no vino a descubrir nada nuevo. Ella simplemente dijo lo que muchos sectores conservadores europeos llevan años pensando sobre América Latina. La diferencia es que aquí encontró micrófono, homenaje y políticos encantados de tomarse la foto por cierto entre ellos Maria Eugenia Campos Galvan, una gobernadora acusada de vulnerar la constitucion.
Ese es el verdadero problema.
Porque mientras afuera había ciudadanos protestando, adentro había funcionarios defendiendo una visión profundamente elitista de la historia, una donde el colonialismo se maquilla como progreso y donde cuestionar esa narrativa automáticamente te convierte en “resentido”.
Qué curioso que siempre le llamen resentimiento a exigir memoria histórica, pero nunca soberbia a romantizar imperios.
Y aquí entre el chismecito político y la indignación colectiva, lo verdaderamente importante es esto: México sigue teniendo una conversación pendiente sobre racismo, clasismo y colonialismo.
Porque no basta con decir “todos somos mestizos” mientras seguimos tratando mejor a quien tiene apellido europeo, piel clara o acento extranjero.
La conquista nunca se fue.
Y por si al circo todavía le faltaba un último acto, Isabel Díaz Ayuso terminó abandonando México antes de concluir su gira, acusando a nuestra presidenta Claudia Sheinbaum y al gobierno mexicano de promover un “clima de boicot” en su contra.
La narrativa fue perfecta para ella: venir a provocar, romantizar la Conquista, defender a Hernán Cortés, recibir protestas… y después venderse como víctima de censura internacional. El viejo manual de la ultraderecha moderna: provocar, polarizar y luego llorar persecución cuando la gente responde.
Pero aquí hay algo importante que no se puede ignorar.
Nadie expulsó a Ayuso de México.
México no la censuró. México no la silenció. México simplemente reaccionó.
Porque resulta que hay una generación que ya no está dispuesta a aplaudir discursos coloniales disfrazados de “mestizaje” mientras siguen existiendo pueblos indígenas desplazados, comunidades afromexicanas invisibilizadas y una élite política obsesionada con validar todo lo europeo aunque venga cargado de desprecio histórico.
Y mientras Ayuso acusaba a Sheinbaum de ataques y boicots, en España también comenzaron a cuestionarle el viaje. Medios y sectores políticos señalaron que parte de su agenda parecía más una gira personal y de posicionamiento político que una misión institucional clara, además de surgir críticas sobre costos y reuniones financiadas por empresarios.
Qué ironía tan brutal: vino a hablar de libertad y terminó huyendo de las preguntas.
Porque al final el problema nunca fue México. El problema fue creer que en 2026 todavía podían venir a romantizar el colonialismo sin recibir respuesta.
La diferencia es que ahora ya no nos quedamos callados.
Y se marcho
Y a su barco le llamo “LIBERTAD”.

Ángeles Gómez
Fundadora en 2014 de Ángeles Voluntarios Jrz A.C. dedicada al desarrollo de habilidades para la vida en la niñez y juventud del sur oriente de la ciudad. Impulsora del Movimiento Afromexicano, promoviendo la visibilización y sensibilización sobre la historia y los derechos de las personas afrodescendientes en Juárez.
Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.


