Voces Libres | El Ironista

In Memoriam: Inocencio Reyes Ruiz

Muy probablemente su mayor virtud intelectual fue la exquisita pulcritud en el cuidado del lenguaje, de las palabras, del eterno valor de las ideas. Inocencio Reyes Ruiz, queretano de origen, chihuahuense, propiamente juarense de adopción, se caracterizó por un natural magisterio pedagógico de fina conversación, de espíritu filosófico socrático. Hombre de mirada vivaz y ojos bien abiertos, no daba tregua a las inquietudes versátiles del ejercicio de la inteligencia, del intelecto enfocado a hacerle a la vez gozo y justicia a las manifestaciones estéticas de la cultura, especialmente a la práctica literaria.

Tuve el espléndido privilegio de conocerlo por allá del año 2012, en un traslado del Aeropuerto de Ciudad Juárez al centro de esta poderosa urbe fronteriza, en compañía de mi hermano Arturo Armendáriz, quien me presentó al personaje, desde el primer apretón de manos se dio una formidable empatía con este singular ser humano que no tardó en facilitarme el acceso a su generosa inteligencia polifacética potentemente conversadora, dialogante. De inmediato se dio el vínculo con la simpatía disciplinaria de la Filosofía, Inocencio era locuaz y atrevido en sus interpretaciones en relación a las diversas escuelas de pensamiento; argumentador de fácil palabra, lo mismo refería a Nietzsche que a Marx, sin olvidar nunca a los poderosos hermeneutas Freud y la mirada psicoanalítica, pasando por el profundo, complejo pero existencialmente luminoso Martín Heidegger, de quien por cierto, tuve el privilegio de recibir para unas filosóficamente “placenteras” vacaciones de Semana Santa, un ejemplar de “Ser y Tiempo” que me regaló para ya en ese entonces mi querido Amigo Inocencio, realicé una ardua relectura, conservo ese Libro con devoción tanto ética como estética, encuadrada en la fenomenología de mi vida en la Amistad.

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Sin embargo, además de su conocimiento de horizonte amplio filosófico, su arraigo específico se dio en el Racionalismo Crítico del pensador austriaco posteriormente nacionalizado inglés, Karl R. Popper. De este último existía un acontecimiento realmente significativo en su misma vida, Inocencio fue discípulo directo, en la mismísima Inglaterra del autor del célebre y trascendente Libro “La Sociedad Abierta y sus Enemigos”, Reyes Ruiz en todo momento sostuvo una convicción profundamente liberal en sus posicionamientos políticos, también determinado en este mismo hecho por sus lecturas de otro gran teórico del liberalismo de todos los tiempos, Isaiah Berlin, ruso de origen, inglés de final adopción, de Berlin, recuerdo sus espléndidas razones para diferenciar los dos tipos de libertad, la negativa y la positiva. De Popper, el epistemólogo, abrevó aparte de sus conversaciones directas como estudiante, los conceptos contenidos en su filosofía de la ciencia, en su libro “Conjeturas y Refutaciones”, que le permitió asumir siempre y a lo largo de su fecunda vida profesional, un prudente escepticismo ante cualquier tipo de argumentación o deliberación pública.

Inocencio fue invitado en su momento por la Universidad Pedagógica Nacional del Estado de Chihuahua, UPNECH, Campus Ciudad Juárez, para conversar precisamente acerca del racionalismo crítico popperiano, lo hizo en la Biblioteca del Campus, siempre generoso en su socrática disposición intelectual con la comunidad docente de la Universidad. Siempre fue una inteligencia proclive al sentido del humor, gozador de la broma sutil y formativa, verdadero maestro de la virtud socrática de la ironía, derivando no pocas veces en el sarcasmo desafiante del poder autoritario o bien de la extendida imbecilidad mediocre; hombre de alma y espíritu noble, para el personalísimo anecdotario de su vida ya consumada, me atrevo a comentar que tuvo la dulce ocurrencia de nombrar a un queridísimo perrito, precisamente como “Poper”, criatura todo lealtad, que siempre lo acompañaba en sus prolongadas horas de estudio en la vastísima biblioteca que construyó a lo largo de sus años, en su casa en la ciudad de Querétaro, donde habitaba, por cierto con su queridísima esposa Tere, con quien tuvo tres hijos, hoy todos prósperos hombres de bien, en el esquema de una familia de probada y reconocida honestidad y lealtad.

En el año de 2015 tuve la ocasión, propiamente el momento, para vivir una magnífica experiencia de vinculación intelectual y amistosa, siempre memorables en lo que la vida me alcance en la reconstrucción del recuerdo. Gracias a la intermediación de Inocencio, en su experto papel de vinculador cultural, la UPNECH en el estado de Chihuahua, específicamente en las ciudades de Chihuahua y Juárez, pudo invitar a presentar libros publicados en ese entonces recientemente, a los geniales escritores de la Generación del “Crack”, los nombres consagrados en la literatura mexicana de Jorge Volpi, Eloy Urroz y Pedro Ángel Palou, con los títulos “El Memorial del Engaño”, “La Mujer del Novelista” y “Pancho Villa, no me dejen morir así”, se comentaron en diversos escenarios destacados en el estado. Privilegiadamente, tuve la oportunidad de ser convidado por Inocencio para ser comentador en las sucesivas presentaciones, generosidad pura de mi Amigo.

Ciertamente, Inocencio Reyes fue un enamorado de la Literatura, especialmente fue en este sentido un eslavófilo tanto occidental como oriental, este hombre trotamundos abrevó de las literaturas polaca y rusa. Lector voraz y hablante del idioma polaco, era un verdadero deleite intelectual y lingüístico, escucharlo referir a autores tales como los poetas Czeslaw Milosz o especialmente Wislawa Szymborska, ambos Premios Nobel de Literatura. Asimismo resultaba una delicia escucharlo conversar sobre el personaje del compositor ruso Dmitri Shostakóvich, talentosísimo músico y valiente opositor al régimen estalinista, lo mismo que traer a presencia en nuestros banquetes tertulias intelectuales a Svetlana Alexievich, fabulosa escritora bielorrusa, reconocida también es su momento por el otorgamiento del premio Nobel de Literatura. La calidad literaria de Inocencio, le alcanzaba para ir a Polonia para hablar a los polacos acerca del valor universal de sus grandes autores.

Disfruté enormemente la dimensión humanista, amistosa de Inocencio Reyes, de manera privilegiada compartí señas, referencias obligadas, códigos del uso del lenguaje, casi obligaciones de la convivencia; se estableció una verdadera relación prácticamente familiar con mi querido padre Arturo así como con mi querido hermano, también Arturo, ambos hombres generosos, de pasión por la lectura y siempre pendientes del ejercicio inteligente del oficio de vivir y convivir. Esa relación siempre fue celebratoria de la prodigiosa circunstancia de coincidir en presencias, simpatías y afectos.

Quiero concluir este brevísimo trazo de memoria, transcribiendo algunas expresiones que Inocencio Reyes publicó un 7 de Abril de 2013 para la Revista Letras Libres que dirige Enrique Krauze, personaje intelectual ligado entrañablemente a Octavio Paz, nuestro Premio Nobel de Literatura, entre otros méritos. El texto de Inocencio se titula “El Misterio de la Amistad”, en el cual se narra el sentido de la correspondencia entre el par de grandísimos escritores, el norteamericano Paul Auster, a quien leyó con fruición intensa y el sudafricano J.M. Coetzee, algunas ideas van a continuación:

“…Cualquier escarceo conceptual por definir la amistad se disgrega y las palabras acaban topándose con el enigma. Claudio Magris, con su admirable lucidez, podría decir que las relaciones puramente humanas (el amor, la amistad, la contemplación del cielo estrellado) escapan a la condena kafkiana de estar “ante la ley”; no fuera de ella ni contra ella: no estar ante ella…” “…Este es el caso de las cartas que intercambian Auster y Coetzee: más que textos son texturas; pero la fineza de las consideraciones mutuas no es una alfombra mágica que vuela sin tocar tierra; la comprensión que se regalan no esconde las respectivas convicciones y no se privan del placer de un humor entrelineado que no hiere ni desiguala…”

“…La amistad atiende y entiende. No hay en la correspondencia sino una animada conversación que escucha y se deja escuchar…”

“… En su “vejez”, los escritores recuerdan el “estilo tardío” del que hablaba Edward Said: “lenguaje sencillo, contenido y sin ornamentos y del énfasis en ciertas cuestiones de importancia real, incluyendo cuestiones sobre la vida y la muerte” (Coetzee, carta del 14 de octubre de 2009). Hablan desde la vejez pero sus palabras son poderosamente juveniles. “La vejez, como casi todo en la vida, también se cansa de envejecer”, dice el Nobel sudafricano…”

“…Creo que nuestra obligación es refunfuñar y reñir, atacar las hipocresías, injusticias y estupideces del mundo en que vivimos…” La conversación entre Auster y Coetzee es cordial pero implacable con la estupidez del mundo que ven y les duele…”

“…El cierre epistolar es una lección de juventud: el mundo nos sigue enviando sorpresas y debemos seguir aprendiendo…”

En la última conversación telefónica que tuvimos, este ya magnífico personaje me comentó con todo el valor implicado en la confidencia, que su mal era con certeza incurable y veloz, que prácticamente ya había vislumbrado la cara oscura de la muerte, a lo que le respondí que en cualquier plano de valoración humana, él ya había asegurado trascendencia, en su final respuesta percibí emoción auténtica en su expresión, sin embargo, también con voz firme me dijo textualmente, como guerrero vital: “Moriré como he vivido, luchando, en la raya”. Con Inocencio Reyes, de manera excepcional y agradecida, tuve el dulce sabor inconfundiblemente humano, de vivir el Misterio de la Amistad.

Sergio Armendariz SQD
Sergio Armendáriz
Comunicador Social en Organismos Privados y Públicos

Comunicador en Radio, TV, Prensa Escrita y Portales Electrónicos. Académico Universitario. Funcionario Educativo. Miembro Consultivo en OSC.


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