VOCES LIBRES | Carlos Chavira: «Duarte El Corruptor» «Testimonios de un Líder Empresarial en Chihuahua»

Crónicas del Poder

“…Ahí la dejamos”, fueron sus palabras, a lo que siguió su expresión: “si no, te chingo” …”

Estimado Lector:
Tengo el privilegio de presentarte en exclusiva un adelanto del libro de Carlos Chavira, «Duarte El Corruptor: Testimonios de un Líder Empresarial en Chihuahua», que será anunciado el miércoles 26 de Mayo, en una conferencia de prensa en la que estará acompañado por David Marcus, Expresidente del Museo del Holocausto en El Paso, y por el renombrado abogado penalista norteamericano Jim Darnell, considerado uno de los mejores juristas de Texas, en donde no solo se comentará el libro, sino que se hará un análisis profundo de las ramificaciones de la corrupción, impunidad y abuso de poder de César Duarte en los Estados Unidos, disfrútalo.

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La extorsión
Recibí una inusual llamada de la Secretaría particular del gobernador para pedirme verlo en su oficina el viernes 14 de septiembre de 2012, sobre todo porque tenía meses de no reunirme con él por algún motivo oficial. Llegué puntual a la cita en Palacio de Gobierno a las 10:30 de la mañana, acompañado de mi amigo personal de décadas y abogado, Ismael Gómez Gordillo. Esperamos un tiempo prolongado en la antesala, que desde luego estaba previsto para hacer valer su autoridad, o al menos así nos lo pareció, conscientes como estábamos con las numerosas cámaras que seguramente nos estaban observando y grabando.
Después de casi dos horas de espera una comedida secretaria se acercó para informarnos que sólo yo podría entrar a la reunión, pero que previamente y por razones de seguridad tendría que vaciar todos mis bolsillos y dejar fuera cualquier dispositivo electrónico que llevara conmigo. No me extrañó, los temores del gobernador hacia quienes él consideraba sus adversarios eran públicos y cada vez mayores.

Al parecer Duarte llegaba de su rancho. Vestía pantalón de mezclilla, camisa a cuadros y botas vaqueras negras manchadas de lodo; se veía nervioso y exaltado. Después de un breve y frío saludo de ambos, me recibió con reclamos, casi gritos, cuestionándome porqué no le tenía respeto a su investidura. En los poco menos de 30 minutos que duró la reunión me repitió de manera exaltada, al menos 15 veces, que él era el señor gobernador constitucional del estado de Chihuahua.

Me pareció francamente patético, y un tanto cómico, que tuviera que repetirlo tantas veces, como si ni él mismo estuviera seguro de que lo fuera. Los reclamos parecían sacados de una mala novela de suspenso o de corrupción de un país bananero en donde Duarte se llamaba a la indignación por supuestos agravios que sólo existían en su imaginación, en los que él se asumía debilitado, humillado, desplazado. No dejó de causarme gracia el hecho de que yo, un simple ciudadano, pudiera haber cometido faltas de tal gravedad en contra de un personaje que se decía tan importante.

Me pareció sumamente inseguro. Jamás antes había tenido yo un encuentro tan desagradable y tan sorprendente de ver tal cual, en su justa dimensión, la figura de un gobernador del estado como un vulgar delincuente, quien con majaderías me exigió que le entregara 25 millones de pesos en efectivo para que “ya la cosa quedara en paz”.

“Ahí la dejamos”, fueron sus palabras, a lo que siguió su expresión: “si no, te chingo, y además de enfrentar un proceso legal conmigo, lo vas a enfrentar con el gobierno federal; ya me aseguré de que Peniche en la PGR te encauce un nuevo proceso que te pondrá bajo las rejas por mucho tiempo. No me importa si se cometió o no alguna falta, me voy a asegurar de que tu imagen salga en todos los medios de comunicación del estado y el país”.

Fue una reunión intensa, desagradable, de un personaje que ya había perdido todo control emocional, si es que alguna vez lo tuvo, y confirmaba la imagen popular de un megalómano, ebrio de poder que sentía que era el dueño del destino de todos los habitantes de Chihuahua y que estaba convencido que todas las acciones y proyectos de quienes nos proponemos mejorar nuestro entorno, se deben en buena medida a su voluntad política.

Él continuó: “Ya sé que hubo malos manejos. Bibis, Pita y Armando me confirmaron que el concierto de Maná no valía ni una mínima parte, que todo fue un engaño, que repartiste el dinero con OCESA y Maná. José Luis me dijo, con lágrimas en los ojos, que lo habías obligado a firmar el contrato y a pagar. Y lo mismo pasó con Gorbachov, le mandaste el dinero y luego te lo regresó. Fue un fraude a la alta escuela”.

Simplemente le contesté: “Es muy sencillo aclarar las cosas. Por qué no hablas con OCESA y con Maná, ellos han ofrecido abrir sus libros de contabilidad para que el gobierno del estado pueda confirmar plenamente los valores que tanto se cuestionan. Yo nada más te diría que en el caso de Armando, OCESA le pidió una lista de requerimientos logísticos relativamente sencillos (mobiliario, sillas, alfombra para cubrir el césped) y no los pudo conseguir. Cuando se le pasó la lista de los requerimientos para que se beneficiara con ese contrato no pudo hacerlo, dijo que no estaba a su alcance”.

Agregué: “Ya no se diga el equipo de sonido, instrumentos, todos los requerimientos técnicos de iluminación, y lo concerniente al escenario. Esa es la persona que te está diciendo que él tenía el contrato en la mano. Imagínate el daño que se hubiera hecho si se le hubiera encomendado la responsabilidad.

Seguí en mis argumentos: “Las personas que tu mencionas participaron intensamente en la negociación junto conmigo en OCESA, junto con tu representante del gobierno del estado, Juan Ubaldo Benavente. La contratación no la hice a manera personal, yo no la gestioné ni autoricé; es más, Coparmex Juárez ni siquiera intervino en la contratación de OCESA; éste fue pagado por la Asociación de Maquiladoras, pero además no intervinieron recursos del gobierno del estado en lo absoluto. Ese es otro tema en el que te han mal informado”.

“Yo te sugeriría que le pidas a los secretarios de Hacienda y Economía, y a tu fiscal, que te expliquen los elementos en los que se están basando para hacer acusaciones sin ningún fundamento. A todos ellos se les entregó desde hace meses una auditoría contable y financiera que jamás contestaron”, le increpé.

“No hay un solo centavo desviado. Juárez Competitiva se financió desde su inicio con aportaciones privadas de organismos y empresas. Yo mismo aporté varios millones de pesos. Los recursos públicos, que fueron minoritarios, llegaron hasta el final. A nivel federal, en la Secretaría de Economía, Juárez Competitiva fue el evento internacional de mayor importancia y éxito en 2011. Fue la primera instancia que aprobó la comprobación de los recursos entregados. ¿Por qué no les preguntas a ellos?”, le dije a un César Duarte enfurecido, que sólo atinó a emitir un gruñido de molestia.

Confundido, únicamente pudo repetir: “Coparmex nacional apoyó ampliamente la investigación en tu contra y la validó. Gustavo de Hoyos, como encargado jurídico, en representación de Alberto Espinosa, ayudó con Carlos Salas en el análisis del expediente. Gerardo Gutiérrez Candiani estuvo siempre informado y también validó los hechos a nombre del Consejo Coordinador Empresarial”.
Acusó: “Los presidentes de tu propia ciudad también nos apoyaron y estuvieron de acuerdo en los delitos de los que se te acusó, especialmente Pablo Cuarón y Jorge Contreras Fornelli; y en el resto del estado, Patricia Terrazas e Ignacio Manjarrez”.

Es así querido Lector, que Carlos Chavira realiza un muy ilustrativo e impactante testimonio, cuyas estas primeras letras constituyen tan solo un adelanto, una muestra de la trama de persecución política que se fraguó en torno al liderazgo y peso específico civil de un personaje del mundo empresarial que sin duda se perfilaba en la ruta de la obtención para un juarense distinguido, de la presidencia nacional de Coparmex. En este sentido testimonial, la escritura y lectura de la historia siempre conlleva el impacto en el presente de los acontecimientos, de los eventos que han dado significado y destino a hechos y personajes diversos, este decisivo testimonio de Carlos Chavira implica dar con la inteligencia de la efectiva verdad histórica, una verdad largo tiempo ocultada por la arbitrariedad de un poder ejercido de manera patológica en especie megalomaníaca, contando por supuesto, con la colaboración activa de los cómplices de oportunidad, de indudables consecuencias nefastas para la vida pública así como de la concepción de un modelo de gobierno que resultó ser un auténtico prototipo de “administrar para robar”. He aquí una breve pero intensa muestra de lo que aún hoy, en plena sucesión electoral de este Chihuahua 2021 no cierra sus intentos de sobrevivencia mafiocrática.

Sergio Armendariz SQD
Sergio Armendáriz
Comunicador Social en Organismos Privados y Públicos

Comunicador en Radio, TV, Prensa Escrita y Portales Electrónicos. Académico Universitario. Funcionario Educativo. Miembro Consultivo en OSC.


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