Crónicas del Poder

“…Entre fascistas te veas…”

- Publicidad - HP1

   Grandes los honores a dictadores consumados en México, nuestro suelo patrio mexicano, gracias a la desparpajada mente de AMLO, le rinde pleitesía a los “personajazos” de Miguel Díaz Canel y de Nicolás Maduro, reyezuelos de Cuba y Venezuela en el idilio populista del curioso tabasqueño. Los honores oficiales rendidos no dan lugar a la interpretación de una semiótica del poder, que pudiera derivar en cualquier tipo de intencionalidad democrática, por el contrario, simple y llanamente, el populismo mexicano sirve como alcoba propicia para una copulación simbólica entre las pasiones autoritarias, dictatoriales, de dos arquetipos de dictadores, es decir, de Díaz Canel y de Maduro, y ante eso, uno se pregunta, ¿porqué a pesar de la terquedad obsesiva y descontrolada de AMLO, se dejó de invitar al heroico representante de la otra gran revolución latinoamericana, la nicaragüense, el hoy tan impresentable como los otros dos, “comandante” Daniel Ortega…?

   Hablando de pasiones viejas y amores consumados, nuestro Filósofo de cabecera nos hace un provocador planteamiento al respecto de lo que sucede hoy, “…Durante décadas, la izquierda mexicana vivió el despecho de no ser correspondida en sus ardores por la Revolución cubana, la cual cortejaba a quien en realidad le convenía: al PRI y a sus dictadores constitucionales. Como lo conté hace años, al votar contra la expulsión de Cuba de la OEA en Punta del Este, el gobierno de Adolfo López Mateos, en enero de 1962, logró un provechoso equilibrio diplomático, el de convertirse en “Estado-tapón” entre los Estados Unidos y la Cuba socialista. Con ello, ganaba frente al vecino del Norte un margen de maniobra y una proyección de independencia que no le costaba demasiado. Simbólico, el lazo tendido hacia Fidel Castro tampoco le resultaba oneroso al PRI: ni siquiera había vuelos directos desde la Ciudad de México a La Habana y en algo se acicalaba a una vetusta Revolución mexicana celosa por la emergencia de una nueva y muy “chic” revolución latinoamericana, la de los “barbudos”. Y cuando los sandinistas llegaron al poder en 1979, el presidente José López Portillo estaba feliz, muy feliz. Le presumía al mundo a la revolución nicaragüense como la bella hija de aquel amartelamiento entre el México casi unipartidista del PRI y la Cuba totalitaria de Castro. Los sandinistas aprendieron la lección y tras algunos tropiezos, lograron establecer su propia dictadura. Hoy día, su gerifalte, el comandante Daniel Ortega, persigue al escritor Sergio Ramírez Mercado, tras matar o encarcelar a todo aquel que sueñe con interrumpir su dinastía…”

   “…A cambio de la neutralidad efectiva priista, Castro cumplió con su palabra de no apoyar ningún intento expreso de hacer guerrilla en México, no condenó la matanza del 2 de octubre, tampoco, desde luego, la invasión soviética de Checoslovaquia e hizo del presidente Luis Echeverría, como del socialista chileno Salvador Allende, uno de sus aliados estratégicos en la época de su mayor gloria, una vez muerto Ernesto Guevara, el afamado “Che”, su rival, en Bolivia, en el entonces llamado Tercer Mundo. A cambio, en el curso de los años setenta, los jóvenes radicales mexicanos que secuestraban aviones rumbo a la isla, pasaban con rapidez y de regreso de las comisarías cubanas a las mexicanas, o eran condenados al ostracismo en Cuba…”

   “…Es legendaria la amistad entre Castro y el policía mexicano Fernando Gutiérrez Barrios, quien facilitó la excursión del Granma, desde Tuxpán, Veracruz, en 1956. El que llegó a ser secretario de Gobernación con Carlos Salinas de Gortari, el capitán Gutiérrez Barrios a quien Fidel llamaba “caballero entre caballeros”, uno de los jefes operativos en Tlatelolco, recibía puros de Castro en cada uno de sus cumpleaños. Castro, además, le otorgaba su absoluta indiferencia frente a las torturas que sufrían los guerrilleros mexicanos, castristas o no, en las mazmorras de la Dirección Federal de Seguridad. A la distancia, resulta muy lógica la entusiasta simpatía que se profesaron ambos policías: el capitán de traje y corbata, y el comandante de verde olivo…”

   “…A nuestra izquierda no le quedaba otra que apechugar, dar su apoyo sin chistar al régimen de La Habana en aquellos años amargos, aunque la situación se tornara patética en 1988. Necesitado del reconocimiento internacional ante una elección dudosa, Salinas de Gortari hizo venir a San Lázaro al comandante, aunque el presunto defraudado fuera nada menos que Cuauhtémoc Cárdenas, no solo el candidato de la antigua izquierda comunista y de los nacionalistas revolucionarios, sino también el hijo del general Lázaro Cárdenas, quien habría querido volar a Bahía de Cochinos para tomar el fusil contra los invasores en 1961. Ni esa bofetada hizo que nuestra izquierda variase un ápice su pasión por la dictadura cubana, centrada en el mantra de condenar el dizque bloqueo padecido por la isla, cuando ya el PRD se batía por llegar al poder, en México, mediante elecciones justas y libres, esas que nunca habrá en la isla mientras gobiernen los herederos de los Castro…”

   “…Nacidas para amarse, por autoritarias y nacionalistas, las revoluciones de 1910 en México y la de Cuba en 1959 llegaron a su verdadero “himeneo” el pasado 16 de septiembre de 2021, cuando el presidente López Obrador convirtió en invitado de honor, en nuestras fiestas patrias, al presidente Díaz-Canel, prodigio nunca antes visto…”

   “…La antigua izquierda mexicana, desde los comunistas y los trotskistas hasta los neocardenistas, está, de grado o de fuerza, en Morena, el movimiento al servicio de López Obrador y el riesgo de alguna mala cara, por malagradecido, que no por despótico, hacia el castrismo sin Castro, ya no existe. Quienes, asumiéndose de izquierda, le rehúsan esas credenciales al régimen, se cuentan con los dedos de la mano…”

   “…Aquí gobiernan los castristas, sean de origen leninista, sean de origen priista, y contra todo el mundo democrático, han dejado claro que, si alguien le ofrece agua y jabón para lavarse las manos de sangre, tras el pasado 11 de julio en la isla, al nuevo dictador de Cuba, ese es el presidente de México y su corte. Durante la transición truncada que corrió temporalmente de 1997 a 2018, solo Ernesto Zedillo y Vicente Fox empezaban a abrir el expediente de los inexistentes derechos humanos en la isla, lo cual era un indicador, precisamente, de que la democracia se iba imponiendo en un México capaz de desearle a sus vecinos lo que quería para sí mismo: libertad política. Felipe Calderón, heredero del antiyanquismo hispanista y católico, aficionado, aunque panista, a la Nueva Trova cubana, detuvo el asunto en 2006…”

   “…Ahora ya nada perturba ese amor de la izquierda mexicana por la dictadura cubana. Entre las cuentas que tendrá que pagar el régimen de la autoproclamada 4T estará esa complicidad obscena y ostentosa, pero no cabe duda que muy sincera…”

   Hoy, como “testigo de honor”, en las por fin consumadas nupcias entre el mexicano AMLO y el cubano Díaz-Canel, en pleno delirio pasional populista y totalitario, llega Nicolás Maduro, a desear larga y fructífera vida a esta bella unión, aprovechando zorrunamente el raro exotismo político del mexicano, para llevar agua a su revuelto molino en su sociedad hundida en la miseria; él como Díaz-Canel, con fortuna y alegría, se lavan las manos de sangre de los suyos, aprovechando el “agua y el jabón” que el suelo mexicano les brinda a través de la ya escandalosa y confusa mente del originario de Tepetitán. Y así se atreve a poner el grito en el cielo por la traída panista de “Vox”, ¿de veras no se dará cuenta del pestilente aroma de sus secuaces totalitarios que hoy gritan a voz en cuello su excrementalidad ideológica…? 

   Sucio tapete de la tan cacareada Doctrina Estrada.

Sergio Armendariz SQD
Sergio Armendáriz
Comunicador Social en Organismos Privados y Públicos

Comunicador en Radio, TV, Prensa Escrita y Portales Electrónicos. Académico Universitario. Funcionario Educativo. Miembro Consultivo en OSC.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.