La pregunta es simple, ha sido parte del discurso político a través del cual los partidos políticos y la clase gobernante han transitado en el país. De una forma u otra, la corrupción ha permeado en la imagen del mexicano. ¿Cómo nos vemos la comunidad internacional? La comunidad internacional nos ve como un país en dónde si no hay “transa” no se puede avanzar.

El tema de la corrupción no es un tema nuevo, no se inventó en el 2018, se reinventó como una forma del discurso ante la falta de sensibilidad de quienes se han aprovechado de los espacios de poder para dominar a la clase gobernada. Eso no es política, eso tiene nombre y se llama corrupción. La respuesta también es simple y se llama transparencia.

La transparencia es uno de los mejores antídotos para evitar que las cuentas salgan mal. Los mecanismos nos permiten conocer si los gastos realizados y documentados corresponden a la realidad. ¿Cómo es esto posible? Muy fácil, cuando compras una cartera de 12 huevos, te fijas en el precio marcado en la etiqueta y lo comparas con el recibo de compra para determinar si te cobraron lo mismo o si existe una diferencia en tu contra o a favor. Lo más importante de esta comparación es que al revisar la cartera de huevos, es que te cercioras que no estén quebrados, podridos y/o incompleta la docena de huevos que acabas de comprar.

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Pues algo similar pasa con los órganos de la administración municipal y en general en México: no revisan a profundidad las compras que se realizan con los recursos de los contribuyentes y por omisión, negligencia y/o contubernio la obra pública y los servicios que se ofrecen son malos, pésimos o no cumplen con los requerimientos que fueron pactados en las órdenes de compra que se realizaron desde un principio. Esto se llama administración de los recursos y cualquier buen administrador sabe de qué se trata el tema que estamos exponiendo.

Los ciudadanos deben decidir el cómo responder a la pregunta siguiente:

¿Transparencia o corrupción? En la década de 1970 ocurrió el desastre mexicano y se potenció la mayor presión internacional para la democratización del país. México llegaba a las urnas con sólo un candidato en la boleta electoral. La madre del candidato le preguntaba a su hijo José López Portillo qué si era cierto qué si sólo ella votaba por él, su hijo ganaría la presidencia de la república.

La campaña electoral de José López Portillo sufrió los embates internos de la oposición, rebautizado su eslogan de campaña que era “La solución somos todos” y la cambió en el imaginario social por la de “La corrupción somos todos”.

Los excesos de poder condujeron a una reforma a una reforma de los procesos electorales a los que los analistas llamaron el inicio de la transición democrática en México en el año de 1977. Este proceso observado por los “transitólogos” llevaron a múltiples estudios, investigaciones y análisis de casos que concluyeron que la alternancia en México en el año 2000 daba como terminada la transición a la democracia e iniciando el proceso de consolidación democrática.

En conclusión es necesario que en México existan órganos como la sindicatura municipal, en uno de los niveles de la administración pública que tenga un carácter ciudadano, construido con un perfil de procuración de transparencia, con un presupuesto independiente y se amplíen las facultades para asumir las actividades de asuntos internos dentro de su propia función y que se busquen mecanismos jurídicos que garanticen el ejercicio del presupuesto municipal de manera transparente, con la coparticipación ciudadana y la observancia del marco jurídico reglamentario. Son este tipo de acciones de transparencia las que pueden hacer que los gobiernos mejoren sus funciones y resuelvan los graves problemas de la comunidad juarense.

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Eduardo Borunda

Doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de la Frontera Norte. Máster en Administración y Licenciatura en Administración Pública y Ciencia Política por la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Ha sido Consejero Presidente de la Asamblea Municipal Juárez del Instituto Estatal Electoral, Consejero Electoral para el Instituto Federal Electoral (IFE) y el Instituto Estatal Electoral (IEE).

Actualmente Profesor de Tiempo Completo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UACH, institución de la que fue director del 2005 al 2010.

Ha publicado los libros “Ciudadanía, modernización y derechos políticos”,  y compartió la autoría de “La estrategia Obama: la construcción de una marca exitosa en la política electoral y el gobierno” y “La Videopolítica: nuevos desafíos para la democracia”.


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