Salir de casa por la mañana

¿Obras de hierro o de oropel?

Salir de casa por la mañana, como casi siempre, apurado, atento al reloj, con la prisa encima de apurar la vida para llegar a ningún lado. Tomas el automóvil, empiezas a circular, a donde vayas se mueven más autos, con la misma celeridad. Llegar a la avenida principal para encontrarte el rugir de la maquinaria pesada, las voces a gritos de un par de cuadrillas de trabajadores de la construcción, veredas de conos color naranja y el estrepitoso rugir de decenas de cláxones angustiosos, sin ninguna consideración por el ritmo y la armonía.

Será el ruido, será el ego, la falta de paciencia o el estrés que al llegar a este punto los conductores súbitamente se transforman en verdaderos hombres y mujeres verdes y empieza la competencia por pasar más rápido, por invadir carril, de cerrarle el paso a otro vehículo, o bien echarle el propio encima, conducir por las banquetas, cerrar todo resquicio para ceder el paso y ni hablar de tomar turnos de uno a uno. Propinar ofensivos claxonazos o bien lanzarlos por la ventanilla a voz en cuello.

- Publicidad - HP1

Y he aquí que la situación se complica aún más, porque conforme avanzas por la ciudad esta escena se repite en cruceros y avenidas principales. ¿Razón? La repentina fiebre de construcción que ha atacado a gobierno municipal y estatal convirtiendo a la ciudad en un hormiguero de maquinaria y cortes viales.

Quienes circulan de manera habitual por las principales arterias de la ciudad habrán notado la poca tolerancia que muestran un gran número de guiadores, es notorio el aumento en la irritabilidad social, ante la frustración de no poder disponer de las vialidades y el tiempo de manera unilateral, evidenciando una completa falta de empatía de paciencia y solidaridad.

La situación parecería una anécdota menor si no fuera por el grado de molestia y enfrentamiento que dichas obras han causado, lo que para algunos seguramente es un sinsentido en una ciudad como la nuestra, tan castigada principalmente con la falta de inversión y que durante décadas ha expresado su malestar por el abandono y ausencia de la industria del cemento y la varilla, ¿cómo entender que en el momento en que aparece un programa de obra, aparezca con él la molestia, la crítica y la descalificación.

La respuesta fácil es atribuir estas reacciones al individualismo, a la falta de empatía, al estrés colectivo a raíz de la pandemia, la crisis económica, o simplemente a que no se le puede dar gusto a todos.

Pero no siempre las respuestas fáciles son las acertadas. Tratando de ir un poco más, descubres que debajo de ese malestar el sentimiento que reina es la desconfianza. Desconfianza de que realmente se invierta lo que se dice, que las obras no estén infladas en su costo, que se hayan licitado con empresas serias y bajo las mismas condiciones, que lo que se pagan por ellas, vayan íntegramente a su realización y que no terminen en un goteadero de dinero entre funcionarios de primer nivel y dueños de las constructoras, mermando considerablemente la cantidad final a invertir.

Los juarenses desconfiamos de los tiempos de entrega, acostumbrados a la obra negra que se eterniza en cada administración, y las incomodidades en tiempos, daño a los vehículos y en traslados que van a parar justo al ciudadano. Desconfiamos de la buena voluntad de nuestras administraciones. Hemos vivido tantas veces a finales de gestión que solo buscan atraer el voto con obras diseñadas para que brillen de cara a las elecciones, pero que una vez pasadas, pierden el brillo y comienzan a caer en trozos.

Desconfiamos de la temporalidad de las cosas, que emergen con escasa planeación y de las que casi nunca hay seguimiento, quedando solo para el ego y la foto. De las obras que una vez terminadas hay que estar quebrando y parchando innumerables veces, de las que les tienen errores de primaria pero que los responsables a cargo no pueden verlos y ahí se quedan como mudos testigos de su ineficacia. De sentir alivio al ver las cuadrillas de bacheo en tu cuadra para en poco tiempo descubrir los mismos (si no es que más grandes) boquetes a tu calle y sentir rabia y tristeza por tanto y tanto dinero robado.

Molestia de que las obras se limitan a la colocación de cemento y varilla, sin transformar los espacios, arrancando todo para plantar planchas ardientes de concreto, sin olvidando integrar el aspecto humano y medio ambiental.

Sobrada experiencia tenemos ya obras anunciadas y publicitadas de primer mundo y el resultado final poco o nada tiene que ver con maqueta o proyección. Son tantas las promesas como las desilusiones, lo que afecta en el ánimo y disposición ciudadana de recibir los inconvenientes de las obras con buen ánimo y disposición.

De ahí la importancia de la proyección, planeación, pero de especial manera, buscar el consenso ciudadano, la legitimación de los proyectos, que la gente sea escuchada, que se ofrezcan soluciones multisectoriales, dotar a cada obra o infraestructura de los elementos necesarios para enriquecerse o innovarse de manera permanente.

Que los proyectos sean a 20, 30 años, que nazcan modernos, eficientes y de primera calidad y no viejos y obsoletos como el 80 por ciento de las obras en Juárez que desde su primer día en funcionamiento lucen; grises, oscuras, enanas, viejas y en las que desde lejos se les ve lo “baratas”, pero que a la ciudadanía nos las cobran a precio de oro.

Es vital que cada proyecto de inversión surja de las necesidades reales de la ciudad, y que éste responda a los requerimientos de los usuarios hoy y dentro de 10 años y no a los caprichos de quien la ejecuta. Nos urge que como ciudad nos apropiemos de nuestros recursos y los disfrutemos como realmente los hemos proyectado.

Hoy hay una carrera de término de administraciones de realización de obra. El impacto que tengan dependerá del bienestar y satisfacción que brinden a la ciudad. Mientras tanto además de llevar las inconveniencias con mejor talante, debemos de aprestarnos a participar activamente en el uso del presupuesto público y exigir los términos de obra conforme los merece y requiere Juárez.

Claudia Vazquez Fuentes
Claudia Vázquez Fuentes

Analista Geopolítica.

Maestra en Estudios Internacionales por la Universidad Autónoma de Barcelona.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

InHouse