El día de ayer un Tribunal de Enjuiciamiento declaró al sacerdote Aristeo Baca culpable del delito de violación y abuso sexual agravado en perjuicio de una menor de edad de la comunidad católica de su congregación, siendo el primer sacerdote que será condenado en Ciudad Juárez por dichos delitos.

El sacerdote fue detenido en febrero de 2019, tras la denuncia interpuesta por los padres de la menor quien servía en la parroquia, acto seguido, a Baca se le decretó arresto domiciliario y fue hasta el 25 de enero del presente año que inició el proceso judicial formalmente, el cual duró quince días.

Gracias al trabajo y activismo de colectivas de mujeres feministas, grupos y asociaciones civiles en pro de los derechos de las niñas, niños y adolescentes exigieron en todo momento un juicio justo, quienes se pronunciaron públicamente porque se velara por el interés superior de la niña en todo momento.

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Aunque la Fiscalía Especializada de la Mujer pudo acreditar penalmente la culpabilidad en contra del acusado no podemos dejar de lado las acciones que fueron señaladas como la protección al cura por el obispado, la administración municipal, de algunos servidores públicos, y por supuesto, el respaldo de la comunidad católica que estuvo presente desde el inicio de la denuncia hasta el último día del juicio.

La revictimización de la menor fue una constante a lo largo del proceso penal, desafortunadamente esto es algo común en las denuncias de violación o abuso sexual, pues la responsabilidad de probar que sufrieron violencia sexual suele recaer en las víctimas, y sufren de un doble juicio de valor, tanto judicialmente como socialmente, aunado a eso fue muy evidente la campaña de desprestigio que emprendió un medio hacia la menor de entonces ocho años y sus padres.

Análogamente, se revelaron los datos personales tanto de la víctima como de su familia lo que causó que tuvieran que cambiar de domicilio por las amenazas y persistentes ataques de los feligreses.

Este caso probó que estamos muy lejos de erradicar el machismo en la comunidad. Se pudo acreditar, a todas luces, que la comunidad juarense tiene una cultura machista extremadamente enraizada, lo cual es sumamente preocupante, ya que resulta paradójico que una ciudad internacionalmente conocida por el desprecio que tiene hacia sus mujeres y niñas, la ciudadanía aún no haya sido capaces de desmembrar o al menos reconocer el problema sistemático al cual nos enfrentamos, declaraciones de entrevistadores completamente imparciales y los medios desacreditando los dichos de la víctima, y comentarios hirientes hacia la víctima por la comunidad católica podemos observar que es una problemática que va desde lo institucional hasta la colectividad.

Lo más preocupante para mi fue lo entrelazado que se encuentran la iglesia, el poder y la política.

En primer lugar, me resultó asombroso que Maclovio Murillo Chávez, ex Secretario del Ayuntamiento, en un inicio haya pedido licencia, para defender al sacerdote acusado de violación, a posteriori del señalamiento que municipio e iglesia estaban unidos decidió renunciar a la administración y dedicarse de lleno a la defensa del cura.

En segundo, pareciese que el Sacerdote gozó una clase de fuero, toda vez que a través de una petición del Ministerio Público donde se le solicitaba al Tribunal que Baca fuera recluido en el penal y se revocara la prisión domiciliaria, en vista de que mientras el párroco recibió a 430 personas (incluyendo menores de edad) en su domicilio, hay incluso testigos que afirman que estuvo oficiando misas a pesar de la medida cautelar declarada, la representación social señaló que los servidores públicos a cargo del resguardo del padre habían sido sumamente permisivos.

Y por último el incesante respaldo de los integrantes de la comunidad católica juarense, que nunca dudaron de la supuesta inocencia de Aristeo Baca, fueron varias ocasiones donde los feligreses fueron a manifestarse y a orar por la liberación del padre, además de que crearon redes de apoyo para el padre, tales como perfiles de redes sociales y cadenas de oración. Hubo incluso creyentes que lo nombraron un “Mártir” de la congregación juarense. Es muy desconcertante, independientemente de la creencia y fe que le corresponde por derecho a cualquier persona, se obliguen a ignorar la serie de abusos y casos de pederastia que ha acarreado la Iglesia Católica desde hace decenas de años, lo que convierte al caso Aristeo Baca uno reiterado y no un hecho aislado.

A pesar de todo, finalmente se sentó un precedente donde el Tribunal de Enjuiciamiento tuvo la convicción que no existe duda razonable de la comisión de los delitos, es decir, emitiendo un fallo que señala que Aristeo Baca es culpable de los delitos de violación y abuso sexual agravado a una menor de edad, afortunadamente aquí la sotana no fue una excepción para que se hiciera justicia.

Aunque este no es el final, debemos estar pendientes de la continuación de este proceso legal, ya que aún existen recursos que puede interponer la defensa del cura, así como estar a la espera de los resolutivos de condena en la sentencia para saber cómo es que se llevará a cabo esta justicia.

Por último, no puede pasar desapercibido el trabajo de todas aquellas mujeres y colectivas por la custodia de los derechos de niñas y mujeres. Gracias por su compromiso con mujeres y niñas juarenses. Hoy más que nunca #YoLeCreoALaNiña.

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Paola Jacobo

Activista. Defensora de los derechos de la mujer y promotora de la agenda de perspectiva de género en el ámbito político y social. Estudiante del último semestre de derecho en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.


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