La noticia del abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, ha sido presentada en muchas voces oficiales como un trofeo en la lucha contra el crimen organizado.
Pero en Ciudad Juárez, lejos de celebraciones vacías, este hecho debe leerse con honestidad histórica, más que una victoria, es un manifiesto de complicidad, tolerancia y fracaso estratégico prolongado.
Un hombre no construye un imperio criminal que se expande por décadas, basado en sangre, corrupción, extorsión y muerte en la más absoluta invisibilidad.
Si El Mencho logró consolidar sus redes, canalizar recursos y mantener operaciones, es porque hubo años de permitirlo, ignorarlo o incluso pactarlo, voluntaria o involuntariamente, desde distintos niveles del gobierno.
Que hoy se exhiba su muerte como una “medalla” mientras se obvian las preguntas esenciales es una burla a las miles de víctimas.
Y Juárez lo sabe bien.
Juárez: cifras que duelen y no mienten
En esta frontera que ha sufrido el embate del crimen organizado, las cifras recientes de homicidios dolosos muestran un paisaje de violencia sistemática:
• En 2025, Ciudad Juárez acumuló al menos más de 900 homicidios dolosos, con meses donde superó los 100 asesinatos y jornadas de múltiples víctimas, reflejo de que la violencia aún marca nuestra vida cotidiana.
• Aunque en diciembre de 2025 la tasa se redujo a cifras más bajas en comparación con años anteriores (927 homicidios en el año y una tasa menor por cada 100 mil habitantes), no deja de ser una ciudad con niveles de violencia significativamente altos.
• En distintas jornadas, hechos como el llamado “jueves negro” han dejado hasta 40 personas asesinadas en una sola jornada, producto de la disputa entre grupos criminales por el control de mercados locales de venta de droga.
• En meses como marzo, la ciudad ha registrado cifras extremas que evocan memorias traumáticas: hasta 119 homicidios en un solo mes, con una jornada de “jueves negro” en la que murieron 10 civiles inocentes asesinados de forma intencional por órdenes del crimen organizado para sembrar terror.
Estas cifras no son abstractas. Son vidas humanas, familias destruidas, sueños truncados y comunidades enteras que viven, día a día, con el ruido de las balas como banda sonora.
Más que un capo: la violencia estructural que no termina
Celebrar la caída de un lider criminal sin reflexionar sobre el tejido de violencia que permitió su ascenso esconde la verdadera tragedia: el problema no eran sus decisiones personales sino el ecosistema institucional que las permitió.
El crimen organizado se enraizó donde hubo omisiones deliberadas, autoridades vulnerables, estructuras infiltradas y brazos de seguridad que, en muchas ocasiones, funcionaron como extensiones de intereses criminales.
Juárez ha vivido ese rostro de la complicidad y la impunidad:
• No es casual que figuras del crimen hayan contado con redes de protección locales o con policías con vínculos graves con organizaciones delictivas, como quedó expuesto con agentes municipales en activo vinculados a grupos criminales.
• Los momentos más trágicos, como la masacre de Villas de Salvárcar, donde jóvenes fueron asesinados sin vínculo aparente con el crimen organizado, muestran cómo la violencia se expande a toda la sociedad cuando las estructuras de control fallan.
• O el deliberado control desde el Cereso 3 que mantuvo el “Neto” y su grupo delictivo que mantuvo en jaque a la sociedad de Juárez y las autoridades de los diferentes niveles del Gobierno.
¿Dónde está la estrategia real para evitar a los próximos “Menchos”?
Si algo deben entender los juarenses es que la violencia no termina con la muerte de un capo. Se transforma, se redistribuye, se adapta.
La disputa por plazas y rutas no cesará porque una figura desaparezca. Los grupos criminales que operan en Juárez seguirán buscando cómo llenar cualquier vacío de poder.
Queremos saber:
• ¿Dónde están las políticas públicas que atiendan el origen social de la violencia?
• ¿Dónde están las estrategias financieras para cortar la economía del crimen?
• ¿Dónde la verdadera depuración y profesionalización policiaca en nuestra frontera?
• ¿Dónde los programas de inclusión para nuestros jóvenes que evitan que terminen en círculos de violencia?
Y sobre todo, ¿cuánto más debe pagar Juárez en vidas humanas antes de que se atienda con justicia lo que sucede aquí?
No más celebraciones ilusorias
La muerte de El Mencho no es una victoria completa. No lo es mientras haya familias que lloran hijos, padres, madres, hermanos; no lo es mientras la violencia cotidiana siga siendo parte del paisaje urbano; no lo es mientras la complicidad institucional no se desmantele.
Es momento de exigir una política de seguridad que no solo celebre titulares espectaculares, sino que reconozca, enfrente y transforme las causas profundas de la tragedia juarense.
Juárez exige respuestas, no medallas.
Porque aquí, las cifras de muertos no son estadísticas, son nombres, calles, memorias.

Guadalupe Parada Gasson
Economista, experta en comercio exterior, periodista y docente con amplia trayectoria en sectores público y privado. Ha dirigido medios impresos y digitales, liderado proyectos de comunicación y formación, y se ha desempeñado en ventas, publicidad y relaciones públicas. Destaca por su perfil multidisciplinario, visión estratégica y compromiso con la gestión social y educativa. Recientemente presidenta de Rotary Club Juárez Real (2023–2024).


