Monrealismos

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El accidentado y polémico proceso de aprobación de la mini reforma electoral propuesta por el presidente, el también llamado “Plan B”, volvió a poner de manifiesto la forma poco suigéneris de operar del senador Ricardo Monreal, a la sazón, líder de la bancada de Morena en el senado. Si bien operó para que se avanzara en la propuesta del presidente, a la hora de las definiciones votó en contra.

Desde luego que las bases furibundas de Morena ya estaban pidiendo su cabeza o por lo menos su expulsión fulminante del partido por motivo de alta traición. Una vez más, dicen, quedó de manifiesto que el senador Monreal va por la libre cuando el movimiento lopezobradorista requiere máxima unidad, máxima lealtad.

Lo único que salvó al senador de uno de esos destinos fue la intervención del propio presidente quien manifestó en la mañanera, “No hace falta que ninguna autoridad, ningún dirigente, ninguna instancia de disciplina de un partido, decida sobre el comportamiento de un militante, de un ciudadano, porque existe un tribunal popular”. Ante esto yo me pregunto, ¿Es realmente Ricardo Monreal un traidor? Creo que la respuesta es no, y veamos por qué.

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Para entender la actuación del senador, es necesario remontarnos a su salida del PRI allá por 1998. En aquella fecha, el aspiraba a ser candidato por el PRI a la gubernatura de su natal Zacatecas. El partidazo, como todavía se le conocía por aquel entonces, le negó la candidatura por la cual él había venido trabajando con ahínco, primero desde la dirigencia del partido como presidente del Comité Directivo Estatal, y luego desde la CNC.

El PRI de entonces vivía los últimos estertores del presidencialismo como Gran Elector, por lo que, para acceder al cargo de gobernador, aun era necesario contar con el aval del presidente de la República, en ese momento Ernesto Zedillo, quien le negó la candidatura.

Dos cosas caracterizan a Monreal, una, su habilidad para hacer alianzas, y dos, su olfato para leer los humores políticos del momento. En ese preciso instante, le PRD iba en ascenso, recién se había ganado la capital del país, y una representación muy importante en el Congreso de la Unión. Atrás quedaba el peligro de pasarse a la oposición. Ya no se estaban matando opositores como había ocurrido durante el régimen de Salinas.

No desaprovechó la oportunidad y se pasó al PRD con todo su equipo ganando la gubernatura bajo las siglas del PRD. Recuerdo que al interior del partido del Sol Azteca hubo una falsa ilusión de crecimiento, y la llamo falsa porque era evidente que la militancia de Zacatecas no era perredista, sino monrealista, que finalmente es lo que hay en ese estado hasta la fecha.

El capital político que amasa en Zacatecas le sirve para brincar a la política nacional, al convertirse primero en vicecoordinador de diputados del PRD, y luego pasar al PT en el 2008, donde fungiría como Coordinador del Grupo Parlamentario. En el 2012 regresa al PRD como Coordinador de Campaña de Lopez Obrador, y posteriormente, ya en Morena, llega a ser jefe de la Delegación Cuauhtémoc en la CDMX, desde donde vuelve a incrementar su capital político.

En cada uno de esos cargos, se desempeñó con relativa eficacia, logrando operar según se fue requiriendo en cada momento, siempre manteniendo su relativa independencia, y, sobre todo, siempre colocando en posiciones clave a gente de su equipo.

Es esa relativa independencia que le ha generado animadversión entre los estamentos “duros” de los partidos donde ha militado, ya fuera el PRD, el PT o ahora Morena. Para paliar a esos rivales internos y mantenerlos a raya, su habilidad para crear alianzas con cualquier fuerza política es su arma más relevante.

En su mas reciente rol, como líder de la bancada de Morena en el senado, no tuvo empacho en apoyar a “Fuerza por México” llegando a robarle votos a Morena, mismos que contribuyeron a su caída en la ciudad de México, eso sí, siempre se cuidó de no atacar al presidente ni sus programas sociales.

Tampoco le tembló la mano para abstenerse de participar en la votación de la reforma a la Ley de Seguridad que extendió el plazo para retirar al ejército de dichas tareas, o para votar en contra de la reforma electoral, eso sí, después de haber operado políticamente dichas reformas. Vaya, ni siquiera ha tenido problemas para llegar a acuerdos políticos con Alito Moreno el desprestigiado líder del PRI.

En fin, el senador, con su fino olfato, sabe que mientras mas o menos siga leyendo lo que López Obrador quiere, puede enfrentarse a Morena, tratar de ampliar su base de alianzas y salir impune.

Entonces, si sus acciones impactan negativamente a Morena, o por lo menos a algunos de sus lideres más notables, ¿porque en lo personal no lo considero un traidor? Pues porque la lealtad de Monreal no es con Morena, sino con López Obrador, con el Monrealismo, y con nadie más. Si Morena como partido  no puede brincarse las ordenes o los deseos de AMLO, pues entonces el problema esta en Morena, no en Monreal.

Es cuánto.

Jose Antonio Blanco SQR
José Antonio Blanco

Ingeniero Electromecánico. Juarense egresado del ITCJ con estudios de maestría en Ingeniería Administrativa por la misma institución y diplomado en Desarrollo Organizacional por el ITESM. Labora desde 1988 en la industria maquiladora. Militó en el PRD de 1989 al 2001.

En la actualidad, un ciudadano comprometido con las causas progresistas de nuestro tiempo, sin militancia activa.


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