México ante el COVID: ¿economía o salud?, un debate impostergable.

La vida presenta ocasiones en las que pone a prueba lo que somos, y lo que creemos. El Covid19 puso en jaque no únicamente a los sistemas de salud y a los gobiernos del mundo, sino también ha desafiado el sistema de creencias de cada uno de nosotros.

El futuro es incierto. Dejando en claro, que la opinión de un servidor no es menospreciar las medidas recomendadas por las autoridades de salud, debemos voltear a ver a un sector para nada menor y que está al borde del colapso: el sector productivo del país.

El avance mundial de la pandemia sin duda es desalentador ¿qué es lo que sucede en términos reales? No lo podemos saber, pues los datos gubernamentales dejan mucho que desear.

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El subsecretario de Salud del Gobierno Federal, Hugo López Gatell, estimó al inicio de la pandemia alrededor de 12,500 muertes hasta su término. Hoy ese número ya fue rebasado, y sin aplicar el ya conocido modelo centinela.

Chihuahua pasó de poco más de 500 infectados al inicio de mayo, a poco más de 2000, al inicio del presente mes. ¿Y qué hemos recibido de las autoridades de salud? El discurso de que estaremos mejor si nos resguardamos en casa.

Sí, se entiende. No se quiere colapsar el sistema de salud, y se persigue que los contagiados se dispersen a través del tiempo. Pero no dicen nada de que la inmensa mayoría de los contagiados, ni siquiera tendrán síntomas.

La realidad es que todos estamos o estaremos expuestos al COVID19 hagamos lo que hagamos. Y no es de menospreciar el hecho de que expertos estiman que el 80% de los mexicanos se infectarán. Esto no quiere decir, que todo ese 80 por ciento terminará en fase crítica.

Con las estrictas medidas del control de la economía, un nulo apoyo al sector productivo y la indolencia del gobierno federal, las empresas que mueven al país hoy enfrentan un problema mayor que el coronavirus: su impredecible existencia y la cadena de beneficios que con ella conllevan, tales como el sustento a casa y el soporte a la economía de sus empleados, que también pueden tener dependientes de ellos.

¿Qué es peor entonces? ¿La exposición a este virus? ¿O aventurarnos a dejar que las empresas quiebren, y traigan consigo mayor delincuencia, enfermedades y trastornos mentales, pobreza y desigualdad? Un problema ya latente en nuestro país desde hace varios años.

Urge pues, que la reactivación económica se dé con las respectivas medidas sanitarias, y que los gobiernos entiendan a los ciudadanos. Muy rebasado se ha visto por ejemplo, el gobierno de López Obrador, el cual en reiteradas ocasiones ha comparado a la población vulnerable con animales incapaces de salir adelante, y que ha expresado no tener ningún inconveniente con que las empresas quiebren.

Olvida, el hombre que reprobó en varias ocasiones sus clases de economía, que las mipymes mueven la economía del país, y que sin ellas es imposible llevar a cabo sus planes, -ya no digamos “de desarrollo” sino de “felicidad”- que consisten básicamente en políticas asistencialistas al más burdo estilo del PRI del siglo pasado.

Recientemente nos enteramos, que la 4T ha pedido préstamos al FMI, dejando de lado su discurso de no más deuda. Pudiera entenderse, dada la situación tan difícil, la necesidad. Sin embargo, hoy también sabemos que ese dinero no será para atender el COVID, sino para sus proyectos inviables, como la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya.

Se necesita pues, un gobierno que entienda el problema desde diversas aristas. Uno que entienda el problema de salud, pero también que entienda el factor económico. Que sin dinero, la gente puede morir ya no de covid, sino de hambre. Que la clase media puede quebrar, y que sin dinero circulando, los de por sí ya deficientes servicios públicos empeorarán.

Y finalmente, la sociedad en su conjunto. Debemos ser empáticos, y respetuosos de las distintas opiniones. Proteger a los vulnerables y entender la dimensión del problema. Aprender que no hay mejor inversión que la que se hace en nuestra propia salud, que no hay mejor regalo que un abrazo o un beso sincero. El mundo exige mejores personas.

De toda crisis, puede venir un renacimiento. De toda adversidad, puede resurgir el espíritu. Pronto volveremos a ver las estrellas.

Luis Carlos Caniano
Luis Carlos Casiano

Lic en Ciencia Política. Diplomado en Políticas Públicas y Prevención del Delito. Estudiante de Maestría en Administración Pública. Funcionario público municipal.


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