Mayoriteando

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Como era de esperarse, el intento del presidente por hacer una reforma constitucional que modificara nuestro sistema electoral no prosperó. Por un lado, Morena y sus aliados dejaron de contar con la mayoría calificada para hacer cambios a la constitución por sí mismos, mientras que la oposición, por otro lado, acatando las instrucciones de su líder Claudio X. Gonzalez, se encuentra en «moratoria parlamentaria».

Ante esa situación, el presidente echó mano de lo que se ha dado por llamar el “Plan B”, modificación a las leyes electorales secundarias. Morena y sus aliados aún cuentan con mayoría simple en ambas cámaras, por lo que una modificación a las leyes secundarias es factible, y así sucedió. La madrugada del pasado lunes 7 de diciembre, la cámara de diputados, usando la metodología fast track aprobó una serie de cambios en la materia.

La minuta ya fue enviada al senado para su revisión, y seguramente, su aprobación, aun ante la tibieza y el posible bloqueo del senador Monreal. Ese mismo miércoles, conocidos locutores de medios nacionales, como López Dóriga y Loret de Mola, denunciaban, como algo despreciable el “Mayoriteo que Morena y sus rémoras habían hecho para cambiar la ley”.

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Por esa misma fecha, Lorenzo Córdova Consejero Presidente del INE declaró, “…una reforma electoral se debe hacer con el consenso de las fuerzas políticas, sobre diagnósticos ciertos y objetivos del sistema actual y siempre con la intención de mejorar lo que se tiene y ampliar los derechos de la ciudadanía”.

Escuchando a estos actores políticos, y teniendo en cuenta que, efectivamente, la palabra “Mayoritear” tiene una connotación peyorativa nos preguntamos, ¿es malo mayoritear? ¿esta mal Morena y sus aliados al promover una reforma que no pudo ser consensuada con sus pares de la oposición? Veamos.

Como [email protected] bien sabemos -hasta hay un anuncio del Tribunal Electoral al respecto- durante muchos años, el gobierno decidía, de manera ilegal, quien ganaba o quien perdía en las “elecciones” mexicanas. Eso de “elecciones” es un eufemismo, desde luego, porque en realidad, se trataba de un mero acto protocolario para transferir el poder a mi compadre.

El proceso era simple, la Secretaría de Gobernación, a través de una Comisión Electoral, organizaba un remedo de elecciones; si el candidato postulado por el gobierno ganaba, es decir mi compadre, entonces no había necesidad de intervenir, se le declaraba ganador y asumía el cargo. ¡Ah! pero si el electorado se equivocaba y resultaba electo el candidato de la oposición, entonces se alteraba el resultado para que mi compadre ganara, es decir, se robaban la elección.

Gracias a este proceso simple, la casi totalidad de los integrantes de las cámaras estaba conformada por miembros del PRI, por lo menos hasta la introducción de los diputados plurinominales con la reforma del 77 o la de senadores en el 96. Con ello, el gobernante en turno tenía la plena garantía de que cualquier propuesta de ley, o cualquier reforma, fuera aprobada por amplia mayoría, es decir “Mayoriteaban” sin el menor rubor.

Es a partir de la insurgencia social de mediados/finales de los 80s, y que cristalizan en el triunfo del PRD en el 97, y del PAN en el 2000, que en las cámaras se vio reflejada una verdadera pluralidad, lo cual obligó a los viejos actores políticos a replantear la manera de alcanzar acuerdos, al perder esa mayoría “automática” no les quedó otra que consensuar.

Aquí hay algo importante que no debemos perder de vista, y que es medular en este debate, la integración de las cámaras, y del gobierno en general, desde esos años a la fecha, refleja la voluntad de la gente. Es decir, con todo lo criticable o cuestionable que todavía pudiera haber en nuestro sistema electoral, las elecciones cuentan, ya no son el resultado de un robo.

En el 2018, la gente le dio a Morena y sus aliados una victoria muy amplia al grado de que se pudieron hacer cambios constitucionales haciendo uso de esa mayoría, que no es otra cosa que el mandato de la gente. Lograr acuerdos, y legislar por consenso es algo deseable, pero el hecho de no lograrlo no demerita la democracia.

En el 2021, Morena perdió algo de esa mayoría, así es la democracia, se gana y se pierde. Hoy ya no pueden hacer cambios constitucionales como tal, pero aún tienen mayoría simple en ambas cámaras y pueden hacer cambios a leyes secundarias en uso de sus derechos ganados, NO ROBADOS, así es la democracia.

Sin embargo, hay algo en lo que podemos coincidir con Lorenzo Córdova, toda reforma se debe hacer sobre “…diagnósticos ciertos y objetivos del sistema actual y siempre con la intención de mejorar…”. por ejemplo, en este momento la mayoría de los mexicanos están de acuerdo en que es necesario reformar al INE, y esto no lo digo yo, lo dice un diagnóstico del propio INE, que Lorenzo quiso ocultar, eso es lo que está tratando de hacer López Obrador.

En conclusión, si la oposición no estuviera en moratoria legislativa, hubieran podido evaluar la propuesta que presentó AMLO y seguramente hubieran encontrado elementos donde hubiera coincidencia. Hasta hubieran podido presentar su propia propuesta y usarla como su bandera, pero no, se encasillaron en el muy antidialéctico y postfreudiano “El INE no se toca”.

Siguen sin darse cuenta que van a contrapelo de la historia y seguramente va a pasar mucho tiempo, antes de que dejen de ser una minoría. Los van a volver a mayoritear.

Es cuánto.

Jose Antonio Blanco SQR
José Antonio Blanco

Ingeniero Electromecánico. Juarense egresado del ITCJ con estudios de maestría en Ingeniería Administrativa por la misma institución y diplomado en Desarrollo Organizacional por el ITESM. Labora desde 1988 en la industria maquiladora. Militó en el PRD de 1989 al 2001.

En la actualidad, un ciudadano comprometido con las causas progresistas de nuestro tiempo, sin militancia activa.


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