Lo que vino después de Calderón

Transcurría el año 2006 cuando entregaba la banda presidencial Vicente Fox a Felipe Calderón, ambos panistas y ante un ambiente de inconformidad en el país según la convicción de millones de mexicanos y variadas y múltiples evidencias. Existía la duda de un fraude electoral, que después se confirmó por las imprudentes declaraciones de Vicente Fox en las que admitió que influyó en la apretada elección.

Al siguiente año comenzaría la caza de narcotraficantes sin tener un diagnóstico adecuado, ni certeza de la honestidad de la policía federal, Calderón ordenaba como jefe Supremo de la Unión el enfrentamiento contra el crimen organizado, enviando a las ciudades y pueblos a la policía federal al mando de Genaro García Luna, así como al ejército mexicano, porque tenía el poder, pero no la legitimización, iniciando el peor ambiente de violencia que aún persiste.  

Fueron seis años de terror sobre todo para ciudades como la nuestra -Ciudad Juárez Chihuahua-, que pronto alcanzó el primer lugar en el mundo como la más violenta. Nos causó mucho daño. El comercio se vino abajo, la violencia se desató brutalmente entre narcos, policías y soldados y lo peor fue que también la policía y el ejército cometieron actos incalificables de abuso, violaciones, secuestros, extorsiones, tortura y muerte de infinidad de inocentes. Las consecuencias de todo esto ya son visibles ante miles de familias que sufrieron la pérdida de seres queridos. 

- Publicidad - HP1

Las adolescentes que festejarían sus quince años, bodas, fiestas civiles y privadas se suspendieron por el gran temor y la inseguridad. Salir a trabajar causaba estrés porque no se sentía confianza en regresar vivo. La actividad turística se terminó. Las ejecuciones de día y de noche eran la noticia de nuestro diario vivir. Las enfermedades mentales aumentaron junto con las físicas. Emigraron miles de familias a Estados Unidos. 

En varias entrevistas el presidente Calderón justificaba las matanzas y hasta declaró irresponsablemente que todos los ejecutados eran criminales. Ciudad Juárez se convirtió en una ciudad fantasma. Ocho horas de actividades diarias y cerrado las otras dieciséis del día. Hasta las fiestas patrias se cancelaron. El presidente admitió incluso, que la operación contra el crimen organizado se le fue de control. La crisis nacional no solo fue de seguridad sino también humanitaria. 

Hoy sabemos que Genaro García Luna, brazo derecho de Calderón en seguridad pública está en la cárcel por estar vinculado al crimen organizado. Así como la manera en que compró a periodistas famosos de la prensa nacional de radio y televisión para limpiar su imagen de asesino. Los juarenses que nos quedamos en Juárez, tuvimos que cerrar los fraccionamientos y colonias para privatizar las entradas de nuestras casas y familias enfrentando más gastos con menos ingresos. 

Lo que vendría después fue pronosticado por expertos en victimología y psicología. La violencia no terminaría con el sexenio de Calderón, pues según expertos, los niños, adolescentes y jóvenes a los que se les arrebató brutalmente a sus padres o que fueron víctimas de violaciones y abusos de la policía y soldados, surgirían exigiendo venganza. El resentimiento ante la impunidad y ausencia de justicia evidenciaron a la improvisada guerra contra el narco. 

Por eso aumentó la violencia de género, la violencia familiar, el maltrato infantil, la indiferencia ante el dolor ajeno, la insensibilidad humana, la pobreza y las enfermedades. Se volvió una costumbre escuchar las noticias de ejecuciones y actos de corrupción. Las autoridades perdieron el respeto y la confianza. 

Limpiar la imagen de la ciudad ha costado mucha inversión y trabajo de los juarenses que hemos luchado con amor principalmente para recuperar la confianza y la fe en nosotros mismos. Nos dijeron los especialistas de la salud mental y criminalística que el resultado del mal gobierno de Calderón nos pegaría fuerte por varias décadas. Que el país padecería lo mismo y que el crimen organizado seguiría impune, pues el gobierno ha sido su aliado en los sexenios de Salinas, Calderón y Peña Nieto.

Por eso es importante como recordatorio que no funciona la violencia contra la violencia. Que estamos pagando las consecuencias de la corrupción heredada desde el sexenio de Luis Echeverría en adelante. Cuarenta y dos años perdidos y que son más de cien en comparación con el progreso de nuestro vecino país. 

Es importante superar la tragedia que ocurrió, a través de la honestidad y el amor como escudo en cada familia mexicana sobreviviente. Recordemos que somos fieles a Dios, por lo que estamos obligados a sembrar amor y amistad. Luchamos como una gran familia que continúa día a día viviendo intensamente como si fuera el último. Nuestra ciudad Juárez, nunca perdió ni perderá la calidad humana y hospitalaria que la caracteriza desde que nació.

Molinar Apodaca
Héctor Molinar Apodaca
Abogado | [email protected]

Abogado especialista en Gestión de Conflictos y Mediación.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

InHouse