Cada año, el Día de las Madres se llena de flores, canciones, festivales escolares y fotografías familiares. Se celebra a la madre fuerte, amorosa, incondicional; a la mujer que todo lo puede. Pero detrás de esa imagen idealizada existe otra realidad que pocas veces se nombra. La de las madres que viven una maternidad atravesada por el miedo, los tribunales, la manipulación emocional y el dolor permanente de luchar por sus hijos.
Para muchas mujeres, mayo no representa celebración; representa ausencia.
La violencia vicaria sigue siendo un término desconocido para gran parte de la sociedad, aunque sus consecuencias son devastadoras. Se trata de una forma de violencia de género en la que el agresor utiliza a los hijos e hijas para dañar emocionalmente a la madre; este tipo de violencia no siempre implica la pérdida física de los menores. A veces se manifiesta en amenazas, manipulación, procesos legales interminables, campañas de desprestigio, alejamiento emocional o en la utilización de los hijos como instrumento de control y castigo. Es una violencia silenciosa porque ocurre dentro de dinámicas familiares que muchas veces el entorno minimiza o no comprende y quizá por eso duele más.
Hay madres que viven contando días sin poder abrazar a sus hijos con tranquilidad, madres que convierten juzgados en rutina, expedientes en esperanza y audiencias en resistencia. Mujeres que deben demostrar constantemente que merecen ejercer una maternidad libre de violencia.
La maternidad entonces deja de parecerse a la imagen perfecta que aparece en los anuncios de temporada. Se convierte en una corona de espinas.
Y es importante decirlo porque muchas personas todavía no identifican este tipo de violencia ni auque la sufra porque no conocen el término, no saben que existe ó peor aún, creen que se trata únicamente de conflictos de pareja. El Instituto Municipal de la mujer lo a puesto mas claro ” cuando alguien necesita destruir emocionalmente a la madre de sus hijos utilizando precisamente aquello que más ama, estamos frente a una forma profunda de violencia”
Aquí es cuando cobra relevancia esta campaña impulsada actualmente en Ciudad Juárez.
“Si necesitas destruir a la madre de tus hijos, eso es violencia” y vale la pena decirlo con claridad pues la violencia vicaria sí tiene manifestaciones concretas.
Ocurre cuando un padre o agresor amenaza con quitarle a los hijos a la madre para someterla; cuando manipula emocionalmente a niñas y niños para generar rechazo hacia ella; cuando incumple acuerdos para castigarla; cuando utiliza denuncias falsas o procesos judiciales desgastantes como mecanismo de control; cuando esconde información sobre los menores; cuando impide la convivencia; o cuando convierte a los hijos en instrumentos de venganza emocional.
Nuestra ley en Mexico ya comienza a reconocer esta violencia en diversos estados del país, incluida Chihuahua, el concepto ha avanzado dentro de los marcos de violencia familiar y violencia de género. Sí, puede denunciarse. El problema es que demostrarla suele ser complejo, porque muchas veces no deja golpes visibles, sino afectaciones psicológicas y patrones de conducta sostenidos en el tiempo.
¿Cómo se demuestra? Con mensajes, audios, testimonios, incumplimientos reiterados de convivencias, expedientes judiciales, valoraciones psicológicas y evidencia de manipulación o aislamiento de los menores; pero incluso con pruebas, muchas mujeres enfrentan un sistema lento, saturado y todavía insuficientemente capacitado para entender la dimensión de este tipo de violencia.
Y ahí aparece la pregunta obligada ¿existe realmente capacidad institucional para atenderla?
La respuesta, aunque dolorosa, es que todavía hay enormes vacíos.
Muchas madres denuncian que deben explicar una y otra vez lo que viven porque ni siquiera todas las autoridades conocen a profundidad el término otras se enfrentan a procesos revictimizantes donde se minimiza el daño emocional bajo la idea de que “son problemas de pareja” o “conflictos familiares”.
La ayuda puede buscarse en fiscalías especializadas en atención a mujeres, institutos de las mujeres, centros de justicia para mujeres, instancias de atención psicológica y organizaciones civiles pero el acompañamiento sigue siendo desigual y muchas veces insuficiente frente al desgaste emocional, económico y legal que implica sostener una batalla de este tipo.
Hablar de violencia vicaria no busca dividir familias ni enfrentar maternidades con paternidades, busca poner nombre a una violencia que durante años permaneció invisible.
Porque cuando el amor de una madre hacia sus hijos se convierte en el arma perfecta para dañarla, el silencio deja de ser una opción.
Tal vez este mayo también deba servir para eso; para escuchar las maternidades heridas, las maternidades agotadas, las maternidades que sobreviven entre audiencias, incertidumbre y esperanza.
Porque no todas las madres celebran, algunas resisten.

Nora Sevilla
Comunicadora y periodista experimentada, actualmente Jefa de Comunicación en Cd. Juárez del Instituto Estatal Electoral y Tesorera en la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez. Experta en marketing político y estrategias de relaciones públicas, con sólida carrera en medios de comunicación.
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