La Cuarta Revolución Industrial está basada en la Inteligencia Artificial (IA) como motor cognitivo, esto conlleva enormes cambios en el mundo y naturalmente implica grandes retos. ¿La IA viene a resolvernos la vida? ¿a hacernos dependientes de ella? ¿a sustituirnos?.
Hoy somos testigos de transformaciones tecnológicas radicales, la Industria 4.0 (de la cuarta revolución industrial) está cambiando todo: la producción, la economía, la sociedad y las relaciones de poder entre las naciones.
Cuando en el 2011 se propuso el termino Industria 4.0 en la Feria tecnológica de Hannover, pocos imaginaron avances tan rápidos entre la teoría y la práctica; los pasos que se siguen dando son una verdadera revolución tecnológica.
Para 2016 Klaus Schwab publica el libro “La Cuarta Revolución Industrial” donde expone una ruptura sistémica exponencial, hoy toda una realidad.
Schwab atiende el problema desde el espíritu de Davos, desde las alturas del Foro Económico Mundial, pero advierte atinadamente sobre la necesidad de abordar el tema desde un enfoque que reconozca el aparejamiento del progreso tecnológico con el progreso social.
Y es que, la Industria 4.0 va mucho más allá de la automatización; algo que de por sí ha implicado grandes cambios en los factores de producción; sobre todo en cuanto al capital humano, a la sustitución (desocupación) de la mano de obra humana tradicional por los mecanismos y programas tendientes a la robotización.
Ahora con la inteligencia artificial, las actividades humanas están experimentando rápidas transformaciones en su forma de llevarse a cabo; desde las tareas de los niños y jóvenes, la redacción de textos, la generación de imágenes hasta la investigación y diagnósticos médicos, la asesoría jurídica y contable, la programación computacional…
Todo esto implica mucho más que algoritmos que reconocen patrones, hoy la Deep Learning opera a partir de un “razonamiento” increíblemente preciso a partir del cruzamiento de millones de variables.
Este “aprendizaje” autónomo por parte de “súper inteligencias” es motivo de competencia entre países industrializados, de análisis y de alarma por parte de actores de primer orden en los ámbitos político, económico y social.
Figuras tan destacadas como León XIV, Bill Gates, Darío Amodei, Elon Musk, Sam Altman, Naciones Unidas y varios expertos en el tema han alertado sobre los riesgos del acelerado desarrollo de la IA.
La capacidad de auto mejorarse y auto gestionarse por parte de estas “súper inteligencias” hace suponer que la ejecución de acciones bajo control de la IA pueda escapar a la voluntad humana.
Al utilizarse la inteligencia artificial en armamento pesado, no es descabellado pensar en los grandes riesgos que representa la falta de controles humanos absolutos sobre estos sistemas capaces de ser autónomos en la ejecución de acciones.
En la ciudad de Nueva York acaba de prohibirse la IA Generativa en escuelas primarias y secundarias. El debate respecto a las consecuencias sobre el uso de IA por parte de estudiantes apenas comienza.
La maravillosa utilidad de la IA de ninguna manera podría sustituir el criterio y la conciencia humana. Debe pues ajustarse el desarrollo de la tecnología a la Ética y a los Derechos Humanos o al menos partir de esta premisa.
Si bien la IA está revolucionando todo, tampoco es la panacea que resolverá la vida humana, solo es una herramienta formidable que puede ahorrar tiempo y esfuerzo pero que jamás brindará las respuestas que solo la mente y corazón humanos pueden generar.
Esta demostrado que la dependencia a las nuevas tecnologías perjudica las habilidades cognitivas y sociales, esto nos obliga a definir el papel de la IA en la educación y en la convivencia humana.
No es posible tampoco prescindir de la tecnología, la IA debe dominarse como una herramienta y medidas prohibicionistas en las escuelas son un contrasentido y una medida poco realista.
El peligro es el uso malintencionado: como instrumento de dominación y control de las potencias en competencia. Debe señalarse la marginación y la ignorancia tecnológica como factores de injusticia social permanente.
Como todo, el impacto de la IA será positivo o negativo de acuerdo al uso que el ser humano determine darle.
Sin duda la IA representa una herramienta de progreso que tiene que ser dominada por el criterio y conciencia humana para el servicio de nosotros mismos y de nuestros semejantes, a través de la preparación y del establecimiento de un paradigma moral.
Ya lo dijo Mr. Trump: “Quien gane la carrera de la IA, gana”. Que no la ganen los tiranos.
“Digno eres, Señor, Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú creaste todas las cosas y por tu voluntad existen y fueron creadas.*
(Apocalipsis 4:11)

Moisés Hernández Félix
Lic. en Administración Pública y Ciencia Política, candidato a Maestro en Administración en curso. Ha sido funcionario público federal y docente en nivel media básica y medio superior. Se especializa en gobernanza educativa y políticas públicas.
Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.


