La guerra que viene

Los choques, conflictos y enfrentamientos que se han venido suscitando en la región centro sur del estado durante los últimos meses y que tienen todos los visos de prolongarse y arreciar en el tiempo, a partir de la distribución del agua recolectada y almacenada en presas, es solo una ínfima expresión de las calamidades que se aproximan si gobierno y ciudadanos no entendemos la magnitud del problema y se mantiene una política de saqueo de los recursos.

Denominada “Las guerras del agua” término acuñado durante la década de los 80´s por la academia internacionalista, es un tema del que ya el Presidente John F. Kennedy hace más de 50 años, mostraba especial preocupación al expresar: “Quien fuera capaz de resolver los problemas del agua, será merecedor de dos premios Nóbel, uno por la paz y otro por la ciencia”. Esto ante la amenaza para la paz y la seguridad nacional e internacional que supone ya la guerra por el agua.

Recientemente, el secretario de las Naciones Unidas António Manuel de Oliveira Guterres, advertía que para el año 2050, una cuarta parte de la población mundial tendrá una falta crónica de agua potable. Situación que seguramente irá escalando en conflictos de carácter violento, sin contar con la grave vulneración que supone al estricto derecho humano del acceso al agua.

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La falta de agua es una realidad constante para más de 800 millones de personas que no tienen acceso al agua potable, cifra directamente correlacionada con el último informe de la ONU sobre el Estado de la Seguridad Alimentaria y la nutrición en el mundo, el cual afirma que actualmente existen más de 820 millones de personas que padecen hambre.

Si el acceso al agua para consumo humano presenta estas cifras terroríficas, el panorama para la producción de alimentos (agricultura, ganadería) no se ve mucho mejor. De acuerdo a la FAO, son necesarios entre 2 mil y 5 mil litros de agua para producir los alimentos consumidos por una persona al día. Y teniendo en cuenta que la demanda de alimentos aumentará un 50%, vendrá el consiguiente incremento en la necesidad de agua.

El agua es un elemento vital para la supervivencia del planeta tierra, recordemos que tan solo el 2.5% del agua existente es dulce y que las reservas se agotan alarmantemente. Si bien esto pudiera parecer una catástrofe inminente, recordemos que la capacidad humana está diseñada para responder a grandes retos de supervivencia. De hecho están bien documentadas y comprobadas diversas acciones para eficientar los mecanismos de producción, distribución y uso del agua.

Acciones que se encuentra a años luz en nuestro país. Mientras que Israel hacía crecer un vergel en el desierto, la reutilización del agua dulce, y diversificación de los sistemas de riego son cosa común para muchos países, en México el campo tiene 200 años de retraso. Dependiente aún de los ciclos de lluvia, con gran pérdida de tierra por erosión, uso de fertilizantes contaminantes, y baja producción son propios de la situación del empobrecido campo mexicano.

Situación que se agrava con la aplicación de políticas desfasadas, sin entendimiento alguno de la realidad de los más de 5. 5 millones de mexicanos dedicados a las actividades del campo. En Chihuahua la gente está enojada por la apertura de las compuertas del estado en distintos puntos para dar cumplimiento al Tratado Internacional de Aguas con Estados Unidos. Tratado que data de 1944 y que a todas luces no corresponde con las condiciones actuales.

Los agricultores mexicanos aseguran que la apertura de las compuertas amenaza la producción agrícola y ganadera de la región para este año, de ahí el enojo de los productores, quienes dependen totalmente de este recurso hídrico para su subsistencia.

Seguramente las protestas quedarán atrás y otras nuevas llegarán, porque que bajo este esquema, cada temporada será más difícil contar con el suficiente líquido para garantizar la producción. Los políticos seguirán medrando con los involucrados, haciendo promesas y arreglos que será como poner un curita a un brazo amputado porque la realidad es que urge una renovación del Tratado con Estados Unidos, orientada por verdaderos expertos y no políticos.

La renegociación del tratado urge, pero es solo una arista en un mar de necesidades. La verdadera urgencia pasa por una auténtica transformación del campo, de los métodos de trabajo, de la tecnificación del mismo, del añadir valor agregado a los productos primarios, pero sobre todo de una reconversión integral del uso de los recursos de una manera sustentable en equilibrio con la naturaleza.

No podemos seguir devastando recursos naturales sin reponerlos. La flora y la fauna son claves para el ciclo del agua, la tala criminal que vive Chihuahua agrava la desertificación, la escasa retención de suelo hace que perdamos millones de litros cúbico en lluvia.

Cuando se habla de agua, todos los gobiernos hablan inmediatamente de drenaje pluvial y de las grandes inversiones requeridas, pero nadie pone atención a armonizar las ciudades y el campo de acuerdo a las rutas del agua, detectando zonas de absorción, menos uso de concreto y de especial manera en aumentar las áreas verdes, sin dudas pasitos muy sencillos en relación al largo camino ya recorrido por otras naciones, pero que si empezáramos a darlos, supondría un gran cambio en cuanto al inventario de recursos.

Lamentablemente son procesos lentos con resultados a mediano y largo plazo, que no suponen un gran negocio en obra para los políticos y que menos acarrean votos en elecciones. Son de ese tipo de acciones silenciosas pero que cuando hablan lo hacen con un rugir batiente de bienestar y permanencia.

Pero parafraseando al meme, parece “no estamos listos para esta conversación”. Invertir en el cuidado de los recursos es invertir en vida, es invertir en progreso.

Una forma de paliar los conflictos que supone el acceso y distribución del agua, es la recolección y máximo aprovechamiento del agua de lluvia y la reutilización del agua. Estos dos pequeños pasos, de la mano de la investigación y la tecnificación dirigido a actividades primarias aumentaría la productividad, el bienestar, con la consecuente reducción de conflicto sociales.

Si en épocas pasadas las amenazas a la seguridad nacional e internacional provenían de un factor bien determinado. En el presente y futuro inmediato las amenazas serán de carácter menos tangible, al provenir de fenómenos climáticos y biológicos, lo que pondrá en aprietos a la paz y seguridad ciudadana.

Pero como todo en la vida, los grandes cambios se originan a través de la conciencia colectiva y las acciones bien focalizadas. En Chihuahua urge una política que proteja los recursos propios. Apoyo a la investigación, la innovación y la inversión. La lucha por el agua no se va a evitar o detener mediante el empobrecimiento del campo y por ende de la población. Lo que se necesita es diseñar los mecanismos que aseguren el mejor aprovechamiento de los recursos y su distribución. Pero de seguir trabajando con esquemas desfasados lo único que nos augura es pobreza, destrucción y muerte. El agua es vida y la vida está diseñada para fluir, para prolongarse. A medida que entendamos que nuestra supervivencia pasa por el cuidado del agua y que este es un derecho inalienable a todo ser humano. Estaremos en mejores condiciones de afrontar la próxima guerra que viene.

Claudia Vazquez Fuentes
Claudia Vázquez Fuentes

Analista Geopolítica.

Maestra en Estudios Internacionales por la Universidad Autónoma de Barcelona.


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