El que pega primero, pega dos veces. La Sputnik V nos recuerda la interminable batalla tecnológica entre las potencias mundiales.

El mundo se sacudió hace apenas unas horas con el mensaje del Presidente Ruso, Vladimir Putin, en el que anunciaba que su nación había registrado la primera vacuna contra el COVID19: la Gam-Covid-Vac Lyo, o como se le bautizó, la Sputnik V, en honor al emblemático satélite.

No es para menos; con el cobro de casi 750 mil muertes en todo el mundo a causa de este virus, y sobre todo con las desastrosas consecuencias económicas que ha generado el confinamiento y el cese total o parcial de actividades productivas, la humanidad está deseosa de pasar página a este episodio.

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Sin embargo, -y pese a los avances tecnológicos y en medicina que esta era ha producido- las grandes potencias, lejos de llegar a acuerdos multilaterales, parecen dispuestas a encerrarse. Así lo han previsto algunos analistas internacionales, quienes no dudan en afirmar que el desarrollo de vacunas podría propiciar que aquella nación que lo logre, recurra a una especie de “nacionalismo sanitario” en donde vea primeramente por sus intereses y posteriormente por el resto de la humanidad.

Esto no debería parecer descabellado, pues a final de cuentas los mandatarios deben ver y velar por los suyos. Sin embargo, hemos sido testigos, a lo largo de toda esta pandemia, que las tensiones políticas y económicas se han atenuado entre las potencias, y esto en detrimento de los más desvalidos.

Tenemos el ejemplo claro de la relación China-Estados Unidos. La primera nación acusada por la segunda de un manejo irresponsable de la situación sanitaria cuando el brote de origen se dio en el citado país asiático.

La OMS también se ha visto acusada de negligencia y complicidad con el estado comunista chino, al grado de que Brasil y EUA han amenazado con retirar sus fondos destinados a esta organización.

Una tensión generalizada en distintos bloques de países identificados unos con otros, no es una gran idea, sobre todo en esta época de globalización y apertura económica. Por ejemplo, pudiese darse el caso de que se impongan sanciones económicas por parte de EUA a países inmiscuidos en la cadena de distribución rusa, como también podría darse el caso a la inversa, si EUA registra su propia vacuna a finales de este año.

Pareciera que nos hemos remontado varias décadas atrás, y estamos viviendo una especie de déja vu de la Guerra Fría, pues apenas unas horas después del anuncio del Presidente Putin, su homólogo estadounidense Trump anunciaba que la vacuna de su país estaría lista para antes de las elecciones presidenciales, en noviembre de este año. “Quítate que ahí te voy yo también”

Investigando a fondo, me di a la tarea de revisar qué información avala a la recién vacuna Sputnik V. Asociaciones de organizaciones de Ensayos Clínicos en Rusia, han criticado la celeridad con la que se anunció la vacuna, al declarar que no se han publicado resultados de investigación fiables de pruebas clínicas en humanos.

Hasta el momento de lo que se tiene conocimiento es que la vacuna fue probada en 38 personas desde junio sin efectos secundarios. La OMS fijó su postura con recelo, pues asegura que Rusia se estaría salteando la Fase 3, es decir, la fase que confirmaría que la vacuna es segura para usarse en humanos.

Alemania por ejemplo, a través del portavoz de su Ministerio de Salud, ha pedido prudencia en el tema y ha hecho un llamado a ponderar la seguridad de todos, y a que se agoten todos los procedimientos rigurosos para declarar a la vacuna como un medio de inmunidad estable.

Como sea, esto sólo confirmaría la eterna carrera que mueve a las grandes potencias, y a que es preferible para las mismas “pegar primero” que ofrecer una solución, ciertamente no total, pero convincente para el mundo. ¿Estaremos ante un nuevo modelo de nacionalismo sanitario?

Perestroika médica, para la Guerra Fría en tiempos del COVID19

Luis Carlos Caniano
Luis Carlos Casiano

Lic en Ciencia Política. Diplomado en Políticas Públicas y Prevención del Delito. Estudiante de Maestría en Administración Pública. Funcionario público municipal.


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