La FIFA y el Mundial y los Derechos Humanos

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Como era de esperarse en estos tiempos de reivindicaciones sociales de todo tipo, donde empieza a ser difícil identificar lo políticamente correcto, el fútbol no podía ser la excepción. Desde antes de que diera inicio la Copa Mundial Catar 2022, ya se estaba dando de qué hablar en materia de Derechos Humanos.

Sin contar la corrupción entre sus altos funcionarios, que es algo que ya se da por descontado, se le criticó bastante a la FIFA la selección misma del país sede. Es bien conocido, y ahora públicamente aceptado, que el desarrollo de la infraestructura necesaria para este mundial, y de la que el país carecía, costó la vida a un número indeterminado de obreros.

Desde más de 15,000 en un lapso comprendido entre 2010 y 2019, según Amnistía Internacional, pasando por casi 7,000 que cita el periódico The Guardian, hasta las 40 que reconoce la FIFA, aunque haciendo énfasis en que solo 3 fallecieron en accidentes directamente relacionados con la construcción de instalaciones propias del mundial.

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Lo que si es cierto, es que Catar, utilizó, y en cierta forma, todavía utiliza un modelo de explotación laboral denominado Kafala. Bajo este sistema, que se puede traducir como de patrocinio, los trabajadores migrantes, que en Catar han llegado a representar el 90% de la fuerza laboral promedio, están sujetos a un sistema de semi esclavitud, como lo documentó tanto Amnistía Internacional, como Human Rights Watch.

Bajo este sistema, lo trabajadores migrantes dependen de su empleador, o patrocinador para cosas tales como cambiar de trabajo, abrir una cuenta bancaria, alquilar una vivienda o hasta para salir del país. Desde luego que existen múltiples casos documentados de abusos, siendo uno de ellos el de negar la salida del país a la conclusión de un contrato, es decir, el migrante queda, prácticamente, en calidad de secuestrado. Ni siquiera mencionar derechos sindicales.

En el 2017, y a raíz de la Copa Mundial de Futbol, los cataríes hicieron algunas reformas a sus leyes laborales garantizando al menos una protección mínima a los trabajadores migrantes, así como la eliminación del permiso de salida, aunque aún existen algunas limitaciones. Mas adelante, en el 2021 se limitó el trabajo al aire libre en condiciones de temperatura extrema.

Como podemos ver, al menos en el campo laboral, hubo un avance, quizás extemporáneo, quizás mínimo, pero al menos lo hubo, porque en materia de derechos de las mujeres, y en lo que respecta a los grupos LGBTQ+, ahí si de plano no hay nada. Aunque las mujeres pueden acceder a niveles educativos altos, nada pueden hacer sin el permiso de un varón, ya sea este su padre, su hermano, tíos o abuelos.

No pueden viajar, trabajar, obtener una licencia de conducir o ni siquiera tomar decisiones con respecto a sus [email protected] Por ello, no extraña que a pesar de que hay mas mujeres que hombres con educación universitaria, la fuerza laboral masculina con formación académica es el doble que la femenina.

El caso de los integrantes de la comunidad LGBTQ+ es todavía peor, pues en Catar, la homosexualidad está catalogada como un crimen que puede llevar penas desde cárcel hasta la muerte. Los capitanes de algunos países europeos pretendieron utilizar una banda con el logo multicolor “One Love” en apoyo a los derechos de esta comunidad, pero la FIFA de inmediato intervino en defensa de Catar, amenazando con usar tarjetas amarillas en contra de quien utilice dicha banda.

Desde sus inicios, la FIFA, con Jules Rimet a la cabeza, ha tratado, no siempre con éxito, de separar el deporte de los aconteceres políticos. Ejemplos hay muchos, pero solo por citar algunos podemos mencionar el involucramiento, y la “orden” que Benito Mussolini le dio a su equipo para ganar la Copa, en lo que apenas era el segundo torneo mundial.

Mas adelante, en 1973, podemos mencionar el llamado “partido fantasma” entre las selecciones de Chile y la extinta URSS, “jugado” en el mes de noviembre de aquel fatídico año. En realidad, dicho partido no se jugó, porque el seleccionado soviético se rehusó a participar en un cotejo que se efectuaría en el mismísimo estadio Nacional, aquel en donde el régimen, recién instaurado de Pinochet, creó el principal centro de detención y tortura posterior al Golpe de Estado. Se dice que aún había prisioneros al momento en que la FIFA revisó el estado del inmueble para dar su aval.

Y, por último, imposible no mencionar, al mundial de Argentina en 1978. Mismo que fue organizado y jugado durante una de las más sanguinaria de las dictaduras militares de Sudamérica. Existen registros que consignan al menos cincuenta desaparecidos, nueve de ellos mujeres embarazadas, durante el mes que duró el mundial.

Como un Carnaval Insensato, seria clasificada la fiesta posterior al triunfo de la selección argentina, por el periodista Argentino Carlos Ferreira. Paradójicamente, dictador Videla, cabeza de aquel gobierno sanguinario, tuvo el humor negro para denominar aquel torneo como el Mundial de la Paz.

Finalmente, y como es de esperarse en estos tiempos de reivindicaciones sociales de todo tipo, donde empieza a ser difícil identificar lo políticamente correcto, el futbol no puede ser la excepción. Los Derechos Humanos y las Reivindicaciones Sociales, poco a poco van permeando aun en instituciones tan conservadoras y reacias al cambio como la FIFA.

Para el mundial del 2026 a efectuarse en Norteamérica (Canadá, Estados Unidos y México), la FIFA ha desarrollado una serie de nuevos requisitos en materia de derechos humanos a ser cumplidos por las sedes anfitrionas, basados en principios rectores desarrollados en conjunto con la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

¿Servirán de algo estos cambios? ¿la corrupción de la FIFA estará por encima de cualquier buena intención en esta materia? Solo el tiempo lo dirá. Lo cierto es que, como dijera el exfutbolista e historiador uruguayo, Gerardo Caetano, “Los que creen que el deporte no tiene nada que ver con la política o no saben nada de deporte o no saben de política”.

Es cuánto.

Jose Antonio Blanco SQR
José Antonio Blanco

Ingeniero Electromecánico. Juarense egresado del ITCJ con estudios de maestría en Ingeniería Administrativa por la misma institución y diplomado en Desarrollo Organizacional por el ITESM. Labora desde 1988 en la industria maquiladora. Militó en el PRD de 1989 al 2001.

En la actualidad, un ciudadano comprometido con las causas progresistas de nuestro tiempo, sin militancia activa.


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