Entre la conversación generada en redes sociales, medios de comunicación y sobremesas, con respecto al impacto de la tercera Justa Mundialista que se celebra en territorio mexicano, se ha dicho que debido a los complejos entramados legales que ha impuesto la FIFA para los distintos ámbitos de la comercialización del mundial, los precios exorbitantes de los boletos, y la distribución de los estadios en los que se desarrollan los partidos, se ha desdibujado el carácter popular que hace 40 años tenían este tipo de competencias.
Algo de verdad hay en esas perspectivas, pero poco se ha hablado del papel que el modelo de negocio de FIFA ha jugado en el hecho de la reconversión simbólica de los espacios públicos en torno al elemento de cohesión social, implícito en la celebración popular del hecho del torneo de futbol internacional más importante de este año en las plazas, monumentos y espacios públicos.
Así, al menos en la CDMX, tradicionalmente cuando la selección nacional ganaba o competía, la gente se concentraba en “El Ángel de la Independencia”, pero ahora, bajo el modelo de negocio e interacción entre FIFA, los gobiernos locales, y las y los aficionados, se ha roto el monopolio de celebración que tenía “El Ángel”, y se han abierto distintas zonas, tanto para realizar diversas actividades alusivas al torneo, como para ver los partidos, y para celebrar y experimentar expresiones colectivas de catarsis, en torno al hecho de ser mexicanas y mexicanos.
Así, por ejemplo, el mausoleo del brazo del Gral. Álvaro Obregón, en la CDMX, que en algún momento simbolizó la transición del México de caudillos al de Instituciones, hacia finales de 1990 ya nadie lo veía, ni entendía. Cuando inició el siglo XXI se fue convirtiendo en un parque urbano más en la CDMX, con una bóveda clausurada al centro, en el que cientos o miles de personas transitan o se divierten diariamente, sin percibir la existencia de la estructura, o sin tener ni la más peregrina idea de quién fue Álvaro Obregón, que ahí lo mataron, o que alguna vez resguardó un brazo hecho reliquia política al interior de esa bóveda que antes estaba abierta. De igual manera ha sucedido con la bandera monumental del ovalo de San Jerónimo, en la CDMX, que antes era sólo una vaga referencia geográfica del periférico, y ahora se ha convertido en sucursal del Ángel de la Independencia para expresar el agridulce gusto de apoyar a nuestro Tri.
Hoy, a pesar de la derrota de la escuadra tricolor, gracias a las zonas de fanáticos, es altamente probable que a varios puntos históricos se le resignifique en el imaginario colectivo, quizá no sólo en la CDMX, sino también en Jalisco y Nuevo León, con motivo de las zonas de actividades programadas para las sedes mundialistas y su asociación a la suerte de nuestra selección, redefiniendo su significado sociohistórico, y estableciendo nuevos vínculos identitarios con la nación.

Raen Sánchez Torres
Politólogo e internacionalista, cuenta con una maestría en Estudios Internacionales por el ITESM y un doctorado en Ciencias Políticas y Sociales por la FCPyS de la UNAM, además de 16 diplomados, seminarios, cursos y talleres especializados en Seguridad Nacional, Seguridad Pública e Inteligencia, impartidos por instancias como la UNAM, ITAM, UDLAP, Policía Nacional Francesa, Real Policía Montada de Canadá, y el Departamento de Justicia de los EEUU.
Profesionalmente se ha desempeñado en el sector público como analista del fenómeno delictivo en el ámbito internacional, el desarrollo de instituciones de seguridad pública, y desde hace más de 10 años como asesor parlamentario tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Como académico, desde 2015 ha sido profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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