Fue real la versión lanzada por Manuel Loera de la Rosa, el flamante secretario Académico de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, que divulgó entre sus cercanos colaboradores la eventualidad de su llegada a la rectoría bajo el poder de Morena, apoyado por su hermano, el coordinador regional del partido de López Obrador.

El nombramiento de Juan Carlos Loera de la Rosa fue radicalmente demeritado por el gobernador del Estado, Javier Corral, a quien le colocan, en la puerta de palacio, a un virrey que se convertirá en el puente y emisario del presidente de la República.

El poder de Loera de la Rosa en la Uacj no creció de la noche a la mañana. La poderosa mano del director Académico de la universidad, fue una auténtica una bola de nieve que se convirtió en un dolor de cabeza para muchos.

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Las políticas académicas que incluían recursos para la investigación, producción literaria y viajes de estudios, fueron secuestradas por el fallido aspirante a la rectoría universitaria. Cerró las puertas a los lejanos y abrió la caja chica a los cercanos. La política del ‘no hay’ para los contrarios fue rápidamente detectada; los cercanos obtenían las prebendas de su jefe político, mientras que sus detractores tenían que soportar las frases irónicas, lacerantes del jefe académico que hablaba de escasez y culpaba al rector de la mala calidad académica universitaria.

El antecedente es fácil de comprender. La Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, se enjaretó a un barco político-administrativo atípico. El poder estatal, concretamente, César Duarte, imponía al actual rector de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

Ricardo Duarte Jáquez había sido hasta ese momento un operador efectivo en el área administrativa y, particularmente, un enérgico vigilante de las adquisiciones que se realizaban en la Uacj. Dicen que para soltar un cinco exigía hasta el certificado de defunción de los contratistas.

Controlado todo desde palacio, el nuevo rector Duarte Jáquez se aventuró a utilizar los servicios del maestro Loera para poder integrar el gabinete administrativo, académico y de dirección…hábil y ambicioso, nunca dejó de pensar en la política, en el futuro de la Uacj.

Y no únicamente lo hizo, lo cacareó durante el sexenio. Era como Zeus, montado en la parte alta del Olimpo, observando el menguado mundo académico que se le iba de entre las manos, pero exaltando la proeza del co-gobierno, a quien siempre denigró como rector.

Fue entonces que la poderosa estructura universitaria subía y subía y logró llegar hasta insospechados espacios de inversión pública, al amparo del hombre de Palacio, llamado un día el ‘César de los Gobernadores’, en voz de su cantante predilecto, Juan Gabriel.

La Uacj, logró un repunte presupuestario, catalogado el más alto de toda su historia; dejó atrás al ‘alma mater’ de muchos gobernadores, la Uach, pero nadie decía nada. No se podía luchar contra ese monstruo político llamado César Duarte.

La Ciudad del Conocimiento, ubicada al suroriente de ciudad Juárez, un proyecto iniciado por el ex gobernador Patricio Martínez García, fue uno de las obras de inversión que avanzaron bajo el amparo oficial.

Luego vinieron las modificaciones estructurales a las viejas instalaciones universitarias; se crearon estacionamientos de varios niveles y se mejoró la infraestructura de los laboratorios.

El dinero fluía y el poder de Loera de engrandecía. Tejía con odios y sobadas de lomo su lucha por la rectoría; mientras tanto el fenómeno López Obrador crecía y se fortalecía en todo el país generando una alternativa de éxito para los viejos militantes de izquierda.

Su hermano, Juan Carlos Loera, que navega con la carga de ser un traidor al partido y a los tantos de militantes que engaño durante el proceso de selección de candidatos, se posicionaba argumentando ser un ‘izquierdista’ de abnegación profunda e histórica.

La única referencia que los convierte en cercanos a la izquierda, es su proclividad a la teoría. Realmente el político basa su argumento de lucha como izquierdista en la ‘hueva’ y en la ‘vida fácil’, pero está alejado de toda práctica social. Son ‘ninis’ intelectuales carentes de principios.

Los Loera tomaron la ‘nueva trova’ como el himnario de sus luchas y adoraron a su propio Marx, el tío Gustavo de la Rosa Hickerson que por desgracia será un diputado en la próxima legislatura. Y lo que es peor, por un desconocimiento de su sucio (deberíamos decir, de su asqueroso pasado de mentiras) está a punto de convertirse en el coordinador parlamentario en el Congreso local, bajo la mano poderosa, otra vez, de su sobrino y de la delegado especial de Morena, la ex perredista Ariadna Montiel.

Y la izquierda no es el problema. Analizado como doctrina y movimiento, bajo el concepto de una declaración de principios, es quizá el sentimiento que más se agrupa entre la población mundial.

Se ha llegado a creer que la Biblia y, más aún, la doctrina de Jesús, se ubica perfectamente en un pensamiento de izquierda. Las imágenes del ‘Che Guevara’ y ‘Pancho Villa’, son las más vendidas y conocidas en el mundo entero. Ambos tenían una visión en común: la lucha contra la explotación social, contra la riqueza descarada.

Y sobresalen en esa lucha José Martí, como el portador de la doctrina y filosofía que dio pie a la lucha cubana con Fidel Castro a la cabeza; Simón Bolivar, el llamado libertador de América…y de allí hay muchos más, igual de profundos en su lucha por la democracia en el mundo. Su idealismo nunca varió.

En el Estado de Chihuahua hemos tenido activistas que han trascendido por su lucha social, pero que han decepcionado al ofrendar lo que tejieron en la izquierda a los movimientos corruptos de centro-izquierda, como muchos que se vendieron al PRI.

Y ahora el PAN, secuestrado por un modelo ‘intelectualoide’ que intenta imitar a Francisco Villarreal, un rico excéntrico que lo único revolucionario que tenía eran sus zapatos gastados y mal boleados.

Villarreal Torres basaba sus principios doctrinales en la lectura de escritores y filósofos francés, italianos e ingleses. Creía que los pensadores europeos de izquierda vivían en un purismo social, pero en realidad, eran y son los cortesanos de príncipes y castillos.

Lo grave de este entuerto entre los chihuahuenses son los seudo izquierdistas que han sido ‘inflados’ en el presente gobierno de Javier Corral y que son una de las causas de que el PAN y su gobernador, tuvieran esa caída tan espantosa en las urnas.

La presencia de Víctor Quintana, otro huevón de la izquierda, en la estructura social de Javier Corral, la presencia de Lucha Castro, una mujer caracterizada por una especie de bipolarismo político y ajena a las alternativas –ejemplarmente- sociales, es muestra inequívoca de que el bastión panista o lo que queda de él no se compone pronto si siguen ellos en el gobierno.

Hacia el exterior del gobierno de Javier Corral se está planteando la idea política de que el panismo no tiene capacidad para las causas sociales y que la izquierda es mejor para encabezar el trabajo en campo.

De allí la presencia de los vetustos jesuitas enamorados que ha tratado de incluir Javier Corral a su gobierno. Sus luchas sociales no son Cristo céntricas, sino farisaicas, diría mi padre ‘son asusta pendejos’, pues conviven y se sirven del narco y cuando les toca hablar en contra de ellos los satanizan y los hacen hijos del infierno.

Y allí están, incrustados en el gobierno, no se sabe si como activistas sociales o como emisarios del crimen organizado.

Los medios de comunicación, los columnistas, hemos escuchado en los últimos días la perniciosa intención de Juan Carlos Loera de la Rosa de intentar imponer en la silla universitaria a su hermano Manuel.

La intención permanecía hasta hace unos días. Recordemos que Morena tienen la peculiaridad de los marranos ‘todo el día se pelean y en la noche duermen juntos’. Esa guerra histriónica, porque sus gritos no pasan jamás a los golpes, metafóricamente hablando, ha tenido sus bemoles en los últimos días.

Fue así como Martín Chaparro Payán, el dirigente de Morena en el Estado decidió hablar a nombre del partido y revelar que, por parte de ese partido, no hay intención alguna de llevar a Manuel Loera a la rectoría universitaria.

De hecho, en un documento de cuatro puntos, reconoce el papel primordial de las instituciones educativas y, en particular, señala que la Uacj debe de moverse en su régimen de autonomía cuya actividad está basada en el máximo órgano deliberativo, que es el Consejo Universitario.

Y da el punto de más valor en el documento al señalar que “uno de los principales ofrecimientos políticos de nuestro Movimiento, abrumadoramente secundado por el electorado, lo que es el rechazo al tráfico de influencias practicado desde cualquier nivel de autoridad”.

Y Morena, a través de su Comité Directivo Estatal, “hace pública su posición inalterable de no influir, condicionar y menos intervenir en forma alguna, en el proceso de elección del próximo rector de la Uacj, deslindándose desde ahora de cualquier pretensión que sobre el particular realicen cualquier persona o grupos interesados”.

Rafael Navarro
Rafael Navarro Barrón
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