La abolición de la Compañía lancasteriana en México de 1822 a 1846

¿24 años de retroceso o de progreso?

La compañía lancasteriana tuvo la labor filantrópica de promover la educación primaria a niños de toda clase social a cambio de la ayuda que pudieran dar para el sostenimiento de esta. Para finales de 1830 y principios de 1840 hubo un incremento en la actividad económica del país, por lo que el general Antonio López de Santa Anna en calidad de presidente, aprovechó para ampliar el sistema educativo apoyado en la Compañía Lancasteriana para mantener la actividad política y económica. Sobre este hecho Anne Staples nos dice que:

López de Santa Anna y Manuel Baranda, su eficiente ministro de Instrucción Pública, no buscaron educar a la gente nada más por gusto. Su paradigma era el que los porfiristas resumirían en el lema positivista de “orden y progreso’’. Para ellos era axiomática la idea de que una nación alfabetizada generaría mayores recursos y progreso material. Había que enseñarle al pueblo sus derechos, unidos indeleblemente a sus obligaciones hacia el gobierno. No hablar español era un obstáculo a la prosperidad y a la conciencia ciudadana, por lo que se retomó la política virreinal de extinguir los idiomas indígenas. El gobierno de Santa Anna justificó la transformación de la compañía en dirección general para promover la lengua castellana, pues “el que ignora su propio idioma, tiene de hecho suspensos los derechos apreciables de ciudadanía.”

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Como se ha comentado, antes de 1840 la compañía lancasteriana era privada e independiente, la cual subsistía de las donaciones de los padres de familia, Ayuntamientos y hombres ricos. Pero ya en 1833 el gobierno mexicano tenía gran parte del control de la empresa. Posteriormente se decidió expropiar la misma para centralizar la educación y que fuera el Estado quien dictara como debía construirse la Educación Nacional. Como resultado, el 26 de octubre de 1842 se decretó que la dirección general de Instrucción Primaria quedaría a cargo de la Compañía Lancasteriana, además se extenderían las redes educativas por todo el territorio nacional, el proyecto era bueno sin embargo; de 1842 a 1845 empezó a bajar el desempeño en las escuelas debido a la falta de fondos, pues la educación al ya pertenecer y depender del gobierno mexicano, era el Estado quien tenía que costear el sueldo de los maestros y el mantenimiento de las escuelas, además el dinero que los ayuntamientos tenían que dar a las escuelas de provincia no llegaban.

Otro suceso es que cuando la compañía fue expropiada, México era una República Central. La cual se regía por el grupo de los tradicionalistas cuyo objetivo principal en la agenda educativa era inculcar en los niños los fundamentos de la religión católica, la obediencia a las leyes y el amor a la patria.  En realidad, la idea no era mala, de hecho, era lo que en ese momento se necesitaba con premura. Pero después con el restablecimiento de la República Federal, por decreto del 1 de enero de 1846 y en plena guerra con Estados Unidos, se abolió a la compañía lancasteriana en su función de la Dirección General de Instrucción Primaria. Con esto, en materia educativa la República Federal solamente conservó el primer modelo de leer y después aprender a escribir, dando como resultado un retroceso de 24 años en la Educación de México.

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Marduk Silva
Marduk Silva

Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Profesor en Preparatoria Lobos de la Universidad de Durango Campus Juárez y en la Escuela Preparatoria Luis Urias.


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