GALIMATÍAS | La nueva normalidad impuesta

La historia nos ha mostrado que “existen” diversas verdades, que no hay una sola, que siempre la historia la han escrito los que ganan las guerras y al parecer esto está a punto de ocurrir de nueva cuenta. Tenemos una serie de elementos que han marcado el antes y el después de la pandemia. No regresaremos a nuestros estilos de vida que teníamos. No volveremos a ser la misma sociedad que de alguna manera éramos. Es más, no volveremos a ser los mismos como personas, como seres humanos.

Te sonarán alarmistas estas declaraciones, pero estamos en una sociedad que se divide a pasos agigantados. Por un lado, el gobierno federal en México sataniza y destruye a quienes de alguna manera han salido bajo la cultura del esfuerzo (véase el discurso de Luis Donaldo Colosio, 1994) de la pobreza extrema en la que viven millones de mexicanos compatriotas.

Por el otro, con la mano en la cintura, se promueve una lucha de clases bajo el argumento marxista de que los ricos le roban a los pobres. Palabras mas o palabras menos, pero siguen un proceso de adoctrinamiento político que ha despertado las voces de desencanto de un gobierno que no gobierna para todos.

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Los atentados en contra de la educación tanto pública como privada no tienen otro objetivo que someter la educación a un régimen de ideología, eliminando las autonomías universitarias, pregonando tesis del siglo pasado y antepasado, calificando de “positivistas”, científicos conservadores o neoliberales a quienes no comulgan con las formas de pensar de quien hoy asume la presidencia de México. Los intelectuales y científicos mexicanos sufren del acoso de eliminar los recursos para hacer ciencia y promover las artes, un pueblo sin cultura es un pueblo mediocre. ¿Ese es el objetivo?

El derecho a educar a los hijos es de los padres y el Estado debe garantizar esa educación. Pues ese principio natural de la educación de los padres a los hijos hoy pretende también ser quitado a los padres en una transformación de una sociedad que camina a ciegas, es un nuevo proceso de adoctrinamiento que debemos detener e impedir para conservar el derecho que tienen los padres de educar a sus hijos. Es un principio legítimo, también es fuente del derecho, una norma que quieren cambiar para poner a los hijos en contra de los padres.

Desafortunadamente, hay hoy en día existen movimientos sociales que promueven conductas sociales no propias, en temas delicados y que buscan garantizar derechos o el reconocimiento de los mismos (derechos que van contra la naturaleza humana). En este caso se promueve que se reconozca no como enfermedad mental por parte de la Organización Mundial de la Salud que el afecto sexual de los adultos hacia los niños no sea considerado como un trastorno psicológico de la persona, sino como una identidad de género y se les permita tener relaciones a los adultos con niños y niñas.

El combate a la corrupción que ha sido el principal tema de los discursos del gobierno federal ha quedado en eso, en un discurso que sólo salpica hacia fuera, que no investiga hacia dentro, que no alienta la confianza ciudadana en creer que ahora si las cosas iban a cambiar. Tal parece que las mismas prácticas gubernamentales se hacen y que los mecanismos para evitar la corrupción no funcionan o nos los aplican.

Trataré de explicar lo del párrafo anterior: si se han ahorrado miles de millones de pesos que ‘antes se robaban”. ¿Por qué no vemos la aplicación de esos ahorros en infraestructura urbana, no vemos carreteras, hospitales, puentes, ni beneficios para la sociedad? Dirán que se reparte dinero… si, pero el dinero se va acabar y ese día ¿Qué pasará? Ese dinero que se reparte es dinero de quienes pagamos impuestos, no sale del bolso de los funcionarios públicos federales y menos de la presidencia federal. En conclusión, están eliminando a la clase media para decir que todos somos iguales. Se olvidan, finalmente que es la clase media (entre ellos a los empresarios) la que levanta al país en lo económico.

De acuerdo en que se paguen impuestos, no hay la menor oposición. Los que más tienen más pagan, simplemente por el consumo que tienen. No estamos de acuerdo con el enfrentamiento social y menos que se promueva una lucha de clases que provocaría una escalada de violencia. No a la nueva normalidad, esa que tratan de imponer y que debilita los derechos de las personas para imponer por encima de la sociedad los derechos del Estado. Aceptemos que estamos viviendo una generación de grandes transformaciones sociales pero no podemos perder el sentido de la humanidad por el deseo del poder por el poder mismo.

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Eduardo Borunda

Doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de la Frontera Norte. Máster en Administración y Licenciatura en Administración Pública y Ciencia Política por la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Ha sido Consejero Presidente de la Asamblea Municipal Juárez del Instituto Estatal Electoral, Consejero Electoral para el Instituto Federal Electoral (IFE) y el Instituto Estatal Electoral (IEE).

Actualmente Profesor de Tiempo Completo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UACH, institución de la que fue director del 2005 al 2010.

Ha publicado los libros “Ciudadanía, modernización y derechos políticos”,  y compartió la autoría de “La estrategia Obama: la construcción de una marca exitosa en la política electoral y el gobierno” y “La Videopolítica: nuevos desafíos para la democracia”.


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