Fútbol y política

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Es muy cierto que para muchos aficionados la derrota deportiva de la Selección Mexicana causó sentimientos de tristeza, indignación, enojo, coraje, frustración y llantos en el pueblo de México. Sin embargo, hay que ser realistas, México no fue eliminado por Argentina.

Lo comento en los hechos, México no tuvo anotaciones en los dos primeros juegos, hizo un buen tercer partido, pero con esas cartas de presentación no se puede llegar a una final de la copa del mundo.

Los mexicanos perdemos la esperanza cada cuatro años, la selección llegó a Qatar con la esperanza del pueblo, pero con las cargas negativas de que iba a ser un mal mundial en los resultados y hoy lo que cuentan son los resultados.

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La apuesta por la esperanza empieza cada 4 años para poder sentir que somos superiores a otros países y podemos llegar muy lejos pese a la situación sociopolítica y económica que se atraviesa en momentos de recesión económica y dónde la inflación hace que las necesidades básicas cuesten más, es decir, los alimentos, el transporte, los productos cuestan hasta un 20% más.

Hay momentos en que el patriotismo resurge y se nos enchina la piel o como decían antes, se nos pone la piel de gallinita. Ese sentimiento pasa   cuando escuchamos nuestro hermoso himno nacional con el coro de quienes gastaron sus ahorros para ir a disfrutar de un momento de pasión futbolera, momentos en los cuales se olvida toda la demagogia de los discursos políticos basados en promesas falsas y compromisos no cumplidos. La realidad fue otra, otra falsa promesa al pueblo al decir que éramos una potencia futbolera y nada, que no lo ha sido desde hace muchos años.

Pero más allá de lo deportivo México perdió en muchas otras cosas: en lo económico, pagando millones (casi 3 millones de pesos anuales) a un técnico que nunca fue líder y mucho menos coach. Eso nos cuesta a todos, se ha perdido en aquellos que se endeudaron para asistir a un país muy sui géneris donde el costo de la vida es muy superior al de nosotros, los mexicanos. Se perdió en aquellos que apostaron a que México ganaría y pasaría comprometiendo su paupérrimo capital en la compra de playeras y camisetas de la Selección que ahora nadie quiere. Se perdió todo el patrocinio y derrama económica que significa un equipo ganador. Lo más triste y que no hemos ni siquiera visto se perderá la salud y la vida de cientos que sin las medidas básicas de protección para el contagio de influenza y /o Covid 19 de quienes acudieron a los espacios donde visualizaron las derrotas de México esperando siempre un excelente resultado por un quinto partido, cuando no se llegó ni al cuarto encuentro.

No solo se perdió en la cancha. Se perdió en muchas otras cosas, y usted quien lee esto podrá agregar otras pérdidas, por lo pronto, los niños y jóvenes de México no tienen una imagen del futuro que desean para el país, sin héroes nacionales, sin figuras que sean leyendas en el campo de juego, se ha perdido en la salud mental de quienes han puesto su amor a la camiseta verde, se ha perdió porque no se supo ganar. Nadie eliminó a México, simplemente no se ganó y como lo mencionó quién apunto las ideas del presente escrito, existe algo más allá de la derrota del Tricolor.

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Eduardo Borunda

Doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de la Frontera Norte. Máster en Administración y Licenciatura en Administración Pública y Ciencia Política por la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Ha sido Consejero Presidente de la Asamblea Municipal Juárez del Instituto Estatal Electoral, Consejero Electoral para el Instituto Federal Electoral (IFE) y el Instituto Estatal Electoral (IEE).

Actualmente Profesor de Tiempo Completo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UACH, institución de la que fue director del 2005 al 2010.

Ha publicado los libros “Ciudadanía, modernización y derechos políticos”,  y compartió la autoría de “La estrategia Obama: la construcción de una marca exitosa en la política electoral y el gobierno” y “La Videopolítica: nuevos desafíos para la democracia”.


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