Frente a la crisis e incertidumbre: Ahorro

La contingencia sanitaria y económica que ha venido dominando la escena mundial desde el inicio del 2020, es sin duda el gran tema a nivel internacional. Amén de expertos analistas futurólogos, científicos, académicos y fieles creyentes de teorías conspiracionistas existen algunas líneas a considerar que podemos extraer a nivel personal, social y gubernamental de esta situación.

Empiezo por recuperar y traer de nueva cuenta a la charla actual la concepción de la cultura del ahorro. Un precepto prácticamente desaparecido en la cultura mexicana. El ahorro, ya bien conocido desde tiempos bíblicos, ha sido uno de los pilares fundamentales de la riqueza de las naciones, y que aporta un alto nivel de independencia y autosuficiencia a familias e individuos.

En esta sociedad de consumo, de usar y tirar, el ahorro es visto prácticamente como “cosa de locos”. Imbuidos en el comprar, agotar el momento y la inmediatez del placer, en pleno desprecio por el autocontrol y la frugalidad. El ahorro prácticamente ha desaparecido.

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El primer argumento que emerge al relucir la palabra ahorro es desgañitarse arguyendo que bajo las condiciones económicas de nuestro país, no queda espacio alguno para el ahorro, que este es un hábito imposible de practicar, como si se tratara de un comportamiento ajeno a las acciones y decisiones humanas, repitiendo que a los pobres nos es imposible ahorrar, como mantra incuestionable.

Este es un buen momento para buscar o retomar estrategias de manera individual o grupal que nos permitan afrontar situaciones difíciles. El ahorro es un ejercicio de supervivencia que todos podemos desarrollar. El hábito de no gastar de manera inmediata todo los ingresos con que contemos, sean muchos o sean pocos, no es un ejercicio exclusivo de los ricos, o de aquellos que no tienen dificultades económicas. El ahorro es precisamente para quienes buscar maximizar sus recursos, para quienes no tienen la vida asegurada, quienes enfrentan retos y responsabilidades ganando el pan día a día.

Bastante doloroso es afrontarse a una situación de pérdida de la salud, empleo, o incluso la vida. Situaciones que se agravan y tornan más desesperantes cuando a la afectación a nuestra vida se le suma la carencia material. Imposible negar o ignorar que existen grupos poblacionales que tienen completamente vetada la posibilidad del ahorro, sectores que requieren de apoyo permanente. Pero también es cierto que existe y quizá en mayor número e impacto poblacional, un nutrido grupo de ciudadanos económicamente activos que pueden gestionar sus ingresos y destinar aunque sea un pequeño porcentaje de estos a crearse un guardadito para casos de emergencia.

El ahorro más que apartar el dinero que nos sobra, consiste en la disciplina de crear un fondo económico ya sea de manera individual, familiar, privado o de forma pública que nos brinde soporte y alivio ante cualquier contingencia.

Hasta ahora lo que hemos tenido es un gobierno y una parte de la iniciativa pública completamente vulnerable ante un embate casi imposible de prever. Aquí es donde se hace imperativo comprender que las crisis a las que hoy nos enfrentaremos tendrán un fuerte componente de carácter sanitario, biológico, climático pero sobre todo; impredecible.

Quien no entienda que debemos de revisar a profundidad las políticas económicas a todo nivel, seguramente no ha dimensionado las consecuencias que vendrán tras la pandemia.

Uso moderado de los recursos, apoyo a la producción y no a la especulación, aplicación de desarrollo científico y tecnológico en aras de la protección humana y natural. Educación y salubridad serán pilares para enfrentar los nuevos retos.

Una de las lecciones más importantes que podemos aprender de esta crisis es que las tormentas pueden presentarse en cualquier momento de nuestras vidas y que aquellos que han preparado de forma anticipada podrán sobrellevar la crisis de mejor forma. Hemos visto que las acciones tomadas frente a la crisis financiera que puede ser más larga de lo previsto, los gobiernos estatales y federal han optado por endeudarse más y atrasar pagos.

Estas acciones si bien ayudan en lo inmediato, solo vienen a hacer un agujero para tapar otro. En estos momentos sería lo ideal reducir gastos y ahorrar, lo que impactaría en la reducción de la deuda, aumentando el ahorro social neto. Aunque vemos que lo que se está haciendo es precisamente lo contrario.

Lo que se debería estar haciendo es fomentado el ahorro y la inversión. Cuando se junta el ahorro con la inversión se impulsa la productividad, el crecimiento, el empleo productivo y sostenible, con sueldos más altos, por ende, aumentando el consumo.

El ahorro es la base del bienestar económico y la herramienta que permite aprovechar las oportunidades, así como lo que te permite tener cierta estabilidad financiera. Fomentar el ahorro, no reduce el consumo, lo que hace es crear riqueza y con esta aumenta el consumo, eso sí, debemos de comprometernos con un consumo responsable y sustentable.

Claudia Vazquez Fuentes
Claudia Vázquez Fuentes

Analista Geopolítica.

Maestra en Estudios Internacionales por la Universidad Autónoma de Barcelona.


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