Originalmente publicado el 25 de Julio de 2017

Construir de la nada es una quimera: es necesario edificar ajustado a los fundamentos del pasado o sostenido en los elementos permanentes de un objeto o un concepto.

La construcción constante de la sociedad se sostiene en la firmeza de los principios y en la solidez de los valores que permanentemente están sometidos a la crítica para determinar su vigencia y, así permanecer solventando o no los cimientos de la sociedad.

- Publicidad - HP1

Hoy, el lucro y el engaño caracterizan, con admirable evidencia, el ejercicio del valor universal de la filantropía, aprovechando, con sorprendente oportunismo, las condiciones lastimosas de aturdimiento y caos que sufre y dominan a la sociedad; participando activamente en su destrucción lenta y silenciosa.

Pululan, en esta desarticulada estructura social, innumerables individuos o grupos ocultos en las entrañas del ejercicio aparente del valor universal de la filantropía, simulando, hasta la humillación, sus intereses egoístas. Y además, muy distanciados de la realización de factores que satisfagan las necesidades del hombre que individual y constantemente no puede complacer.

La Filantropía es un principio que ha sostenido y sostiene a la humanidad con el objeto de solventar la satisfacción de las necesidades del individuo que por sí solo no puede complacer.

Ante la inexistencia del principio de la Filantropía, la historia de la humanidad no registraría los avances de la ciencia en los campos de la física, medicina, ética, astronomía, entre muchas más. Filántropo, es aquel individuo que impulsa el desarrollo de las ciencias con el firme propósito de aliviar las penas de la humanidad, indiferente a otra causa.

Absurdo, es estimar, el objetivo del principio universal de la filantropía, en la salvación de los obstáculos que el individuo tiene capacidad y las herramientas suficientes para solucionarlo, pero es prisionero de la pereza o cobardía. También. Ridículo es considerar un acto de filantropía cuando es determinado por un interés o causa diferente al amor por la humanidad.

En estas dos condiciones se genera un perjuicio y se destruye al individuo, al que recibe y al autor del acto filantrópico, en lugar de amparar una necesidad de la humanidad y estimular al individuo con principios altamente filantrópicos, respectivamente.

Sin embargo, existen valores como la caridad y el altruismo que se ajustan con precisión a las acciones en bien del hombre: por amor a una causa extraña al individuo o en las gestiones que buscan beneficio al individuo, sin pretender nada a cambio. En el ejercicio de estos dos valores, son frecuentes y comunes en las acciones benévolas y santas del hombre: confundir la dimensión extraordinaria del principio de la Filantropía con la condición ordinaria de los valores de caridad y el altruismo es injusto e inconcebible.

Por otro lado. Con el objeto de pretender fundar y justificar éste argumento, se recurre a la corriente de pensamiento denominada “El Cinismo” en las ideas de Diógenes, filósofo griego del siglo IV a. c., que estima en no creer en la bondad y sinceridad de los hombres, estructurando su defensa con base en la ironía y el sarcasmo.

Diógenes, decepcionado por la cruel y fría superficialidad de la sociedad y de las estrictas normas de los griegos, orienta su conducta y pensamiento hacia una radical austeridad con el objeto de evidenciar la generalizada vanidad y profundidad de lo artificial en la conducta del hombre.

También, de esta manera pretende ser feliz al deshacerse de lo superfluo; sumergiéndose en la más extrema indigencia; se sometió a sus propias normas al considerar vacías e inútiles las reglas sociales. No olvidar, que Diógenes, es un humanista: insistía en atender lo esencial, sin términos artificiales y sin mediadores.

A manera de ejemplo. Una de las muchas famosas anécdotas es cuando el Gran Alejandro Magno, educado por Aristóteles, conoce a Diógenes, asombrado por su indigencia, le pregunta, qué puede hacer para mejorar su situación, el filósofo le contesta con descortesía: “Sí, apártate que me estás tapando el  sol”. Admirado, Alejandro Magno, con cariño dijo: “De no ser Alejandro, yo habría deseado ser Diógenes”.

En otra hermosa anécdota, Diógenes, estaba sentado comiendo lentejas. Cuando llega Aristipo, filósofo que gozaba de lujos por su adulación al Rey Alejandro Magno, diciéndole: Diógenes, si fueras sumiso al Rey Alejandro, no comerías esa basura de lentejas. Diógenes le contestó: Si tú aprendieras a comer lentejas, no tendrías que humillarte adulando al Rey.

Para concluir: Diógenes extiende su pensamiento hasta nuestro tiempo, ilustrando el reducido nivel de necesidad del individuo con un plato de lentejas ante las pretensiones vanidosas para satisfacerlas.

Hoy se observa en toda la sociedad a grupos e individuos proclamándose filantrópicos, pero con acciones que corresponden justamente a la caridad o al altruismo. Este antagonismo genera la sospecha, que es confirmada después, de la confusión interesada en pregonar actos supuestamente fundados en el excepcional principio de filantropía con los valores ordinarios de caridad y altruismo; sin duda, plausibles la caridad y el altruismo; pero, admirable y portentosa la Filantropía: La tergiversación es injusta sea inocente o dolosa.

Es cuanto ¡un abrazo fraterno!

Guillermo Chavez
Guillermo Chávez
Columnista en Juárez a Diario | + posts

Abogado. Filósofo. Columnista.
Buen amigo y consejero, entusiasta. Publicamos cada semana tu columna, en tu espacio en tu memoria.
Descansa en Paz.
Hasta pronto querido amigo.