Esta vez es distinto

Cierres de ciudades y regiones enteras como si se tratara de una novela de Saramago. Contagio de pánico en los mercados financieros, ahí nada nuevo bajo el sol. Estantes vacíos en tiendas como resultado del acaparamiento ignorante de papel sanitario. Escasez de camas de hospital. El mundo ha entrado en una realidad desconocida fuera del tiempo de guerras de la que México no podrá escapar en las siguientes semanas.

Delincuencia, disturbios, asesinatos, hospitales colapsados y desempleo masivo serán parte de la realidad social cuando el virus entre a plenitud en nuestra desigual y pobre región, por lo que debemos actuar cuanto antes para evitar la catástrofe en México.

Al obligar a las personas a aislarse en sus hogares o invitarlas a hacerlo amablemente (inútilmente) como ha sido el caso de México hasta ahora, los subordinados en la Secretaría de Salud esperan reducir y luego revertir la velocidad a la que se está extendiendo el COVID-19. Pero un aislamiento de las personas por sí solo no detendrá la pandemia ni salvará a nuestra economía, mucho menos cuando nuestro sector informal representa el 22.5% del PIB.

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Los macroeconomistas inicialmente vieron la pandemia como un shock negativo de la demanda que debería ser contrarrestado por políticas fiscales y monetarias expansivas para apoyar el gasto agregado. Muy pronto, muchos de ellos se dieron cuenta de que este shock es diferente. En el FMI todavía no se dan cuenta, por eso están sobrestimando la capacidad de recuperación de las economías para el año que entra. Como bien lo apunta Ricardo Hausmann, a diferencia de la crisis financiera mundial de 2008, que condujo a un colapso de la demanda, la pandemia de COVID-19 es ante todo un shock de oferta. Eso lo cambia todo.

Lo que es peor aún, hay algunos economistas mexicanos que habiendo avalado los recortes sociales y la cancelación del aeropuerto que pusieron a nuestra economía en una situación frágil, ahora quieran venir a dar recetas para salir de la crisis. La alternativa para salir de la Depresión Económica existe y no vendrá de quienes nos llevaron a ella.

Diferentes estimaciones de la expectativa de crecimiento de nuestra economía para 2020 lo colocan entre -7% y -4%. Lejos, muy lejos estamos ya de la promesa presidencial de crecer al 6%. El tamaño del golpe aún depende mucho de lo que se puede hacer o de lo que se siga dejando de hacer.

El gobierno mexicano deberá deshacerse de su maraña ideológica de austeridad expansiva y anunciar cuanto antes grandes paquetes fiscales para ampliar la prestación de servicios de salud, proteger los salarios de las familias trabajadoras, proporcionar un seguro de desempleo adicional, retrasar los pagos de impuestos, evitar quiebras innecesarias de pequeñas y medianas empresas, asegurar al sistema financiero y ayudar a las empresas y hogares a sobrevivir a la larga noche posneoliberal.

No podemos darnos el lujo de parar la economía mientras evitamos la pérdida de vidas. El cierre total de la economía en India ya ha probado ser un desastre al convertir una crisis sanitaria en una desgracia humana. Ambas prioridades no son mutuamente excluyentes siempre y cuando se tomen las decisiones inteligentes desde ahora. El rescate sistémico inmediato de la economía mexicana exige de un esfuerzo siguiendo los planteamientos realizados en ese sentido por Edmund Phelps y que sea liderado por el gobierno en cuatro áreas principalmente:

  1. Redirigir la capacidad productiva existente de la economía para superar la creciente escasez de equipos y servicios médicos (producción industrial y disposición de camas) para responder eficazmente a la pandemia y salvar la vida de miles de mexicanos
  2. Apoyar a las empresas que no participan directamente en los esfuerzos para combatir la crisis, de modo que puedan continuar suministrando bienes y servicios esenciales, especialmente en la alimentación y el transporte
  3. Hay que asegurar que la población tenga medios suficientes para comprar estos bienes y servicios a través de transferencias directas de hasta $11,000 pesos
  4. Crear facilidades financieras para ayudar a aquellos que no pueden pagar su hipoteca y cumplir con otras obligaciones crediticias, mitigando así los riesgos de contagio para el sector financiero

En primer lugar, en cuanto al redireccionamiento productivo ya tenemos ejemplos de los cuales podemos echar mano. Las plantas de automóviles Seat en España han logrado producir respiradores en sus fábricas redireccionando la maquinaria usada para hacer motores de limpiaparabrisas en cuestión de cinco días. Los respiradores harán falta en México. Podría hacerse lo mismo en las plantas de automóviles en México y otras fábricas con el gobierno apoyando fiscalmente a estas empresas para que sigan trabajando y los empleados continúen obteniendo ingresos. El sector turístico será uno de los más golpeados por esta crisis. Habrá un déficit de camas hospitalarias (México tiene aproximadamente 86 mil) en el pico epidémico, por lo que bien se pueden usar las de los hoteles. El gobierno puede arrendar las camas de hoteles para atención médica matando dos pájaros de un tiro: mantiene ocupados los cuartos de hoteles mientras asegura atención médica cuando más se va a necesitar.

En segundo lugar, debido a la enfermedad muchos restaurantes están cerrando sus puertas y los transportistas ya han visto un descenso del 50% en sus ingresos. Una mayor demanda a través de transferencias directas a los hogares no va a resolver el problema por sí solo. Hará falta asegurar el funcionamiento de estos servicios durante la crisis sanitaria con la aplicación de pruebas y seguimiento de casos positivos, pero también haciendo disponibles créditos inmediatos para estos negocios.

En tercer lugar, Hong Kong ya aprobó un plan para realizar transferencias de hasta $1,287 dólares para todos los residentes mayores de 18 años. México puede hacer algo similar. Cancelando el pago de este año de los proyectos faraónicos del Presidente López Obrador (Tren Maya, estación de aviones de Santa Lucía, refinería de Dos Bocas y el corredor interoceánico del Istmo de Tehuantepec) se pueden juntar poco más de 60 mil millones de pesos, lo que puede asegurar un ingreso de hasta 11 mil pesos para más de 5 millones de familias mexicanas. Para impulsar la demanda en una economía deprimida hará falta echar mano de donde se pueda para priorizar a la gente ante que a los proyectos del Presidente y salir de esta cuanto antes.

Finalmente, coincido con Andrés Velasco cuando dice que el Banco de México debe estar preparado para comprar no solo bonos del gobierno, sino también otro tipo de valores privados. Los amortiguadores de liquidez se crearon precisamente para momentos como el que vivimos: para evitar que una hiperdepreciación de la moneda destruya el valor colateral. Se debe responder a la emergencia urgentemente asumiendo que el costo es inevitable porque el de no hacerlo es excesivamente más alto. México tiene espacio para emitir deuda pública adicional en los mercados nacionales e internacionales, y el gobierno de López Obrador debería usarla ya quitándose de encima su falsa ideología de la austeridad expansiva.

El déficit público será algo de lo que nos tendremos que preocupar en el futuro. La primera prioridad es la de salvar las más vidas que se puedan porque de no hacerlo así miles de mexicanos morirán en las siguientes semanas. Podemos salvar vidas y a nuestra economía quitándole la venda de los ojos al gobierno para que emita deuda y cancele proyectos inútiles.

Cuando la Unión Soviética y Estados Unidos entraron en guerra para derrotar al virus del fascismo no se preguntaron si podrían pagar por los costos en el futuro, simplemente los hicieron. Hoy enfrentaremos una de las peores crisis en la historia de nuestro país. No tenemos tiempo para preguntar si podemos costear o no el rescate nacional, debemos pensar rápido para actuar inmediatamente.

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ADN Pluma Invitada 2020
Jorge M Galván

Economista y Maestro en Política Social por la Universidad de Columbia


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