El virus mutó. Una nueva cepa invadió el entorno, los que fueron inmunes al primer coronavirus, se debilitaron ante el ataque del nuevo tronco genético del covid.

La organización mundial de la salud dando palos de ciego, se constriñe a contar los muertos y los nuevos contagios.

Las vacunas de todo el mundo hicieron su negocio y detuvieron por un tiempo la enfermedad, hasta que el bicho mutó.

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Ahora andan en la búsqueda de la otra vacuna para este nuevo azote. Otro negociazo.

La metamorfosis desarrolló una cepa menos agresiva. Menos mortífera, sin embargo la pandemia nunca terminó.

Hace ya dos años que nos tomó por sorpresa la calamidad. El estrago fue mayúsculo. Sufrimos la pérdida de familiares cercanos, de amigos. La tristeza nos invadió, pero nos sobrepusimos.

Los que regresamos de la muerte pensábamos que el problema habría terminado. Pero no. Aquí estamos en el perpetuo encierro.

A finales del 2020, en nuestra ofuscación, inventamos un semáforo para la movilidad urbana y laboral.

Rojo, naranja, amarillo y verde.

En la frontera, desde el color naranja, la gente supuso que ya era verde y ante la insensatez popular hubo un rebrote; y se duplicaron los contagios y muertes en menos de un mes. Lo que obligó a las autoridades a regresar al rojo.

Pero no fue suficiente.

Hubo de lanzarse un decreto de restricción de la movilidad en toda la entidad para evitar el contacto físico entre la población.

La pandemia mutó también.

El confinamiento detuvo un poco el espiral mortífero, pero trajo consigo otra plaga, la del abuso de los ‘guardianes’ del orden.

La desesperación produjo disturbios. El encierro averió la célula familiar.

La escasez de recursos llevó a los grupos vulnerables de nuestra sociedad, de la pobreza extrema a la miseria.

La gente, se contrajo al mínimo. La economía se deshizo.

Hubimos de reinventarnos para solventar el encierro.

Nuevas actividades surgieron. La tecnología evolucionó y las app’s modificaron nuestras actividades productivas.

¿Lo recuerdas?

Tú y yo comenzamos haciéndonos compañía en el encierro, y pasamos el 2020 en la angustia, con el terror en la piel. Luego, el 2021 en la congoja.

Hubo elecciones y cambiamos de gobernador. Ganó el que convenció al elector que su preocupación por la gente era prioridad.

Al anterior gobernante le interesamos muy poco, sólo pensaba en escalar al poder.

Estamos en el primer trimestre del 2022 y seguimos en pandemia.

Tú y yo nos contamos siete veces nuestras vidas. Recordamos cosas que parecían ya habérsenos olvidado.

Llegamos al aburrimiento extremo, a la desesperación.

Aunque nos dijimos tantos, te quiero, la convivencia decayó.

Solo pudimos salvarnos con la fusión de nuestra piel.

Reinventamos nuestra fuente erótica y aquí estamos frente al sol de primavera COVID 22.

Raul Ruiz
Raúl Ruiz
Abogado, amante de las letras y analista político | + posts

Abogado. Analista Político. Amante de las letras.

CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.

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