Juárez es una ciudad enferma.

Este tema lo he venido revelando desde principios de milenio.

Una ciudad que se cae en el abandono. En el desgobierno.

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Enferma de insensibilidad, de maldad, de odio, de miedo, de escacés, de injusticia.

Repleta de antivalores y otras patologías.

La sociedad se volvió nada. La vida se volvió agua y se fue yendo entre los dedos.

La sociedad se descompuso, se pudrió. Sólo quedaron los asientos requemados por el sol.

Hablemos de los deterioros más recientes.

Rafita y Tomatito; el primero desaparecido, torturado, abusado y asesinado por un vecino de él.

El segundo, no encontrado.

La autoridad municipal, incapaz de detener la escalada delincuencial, sesga irresponsablemente su obligación y utiliza sus amanuenses para culpar a los padres por no cuidar a sus hijos.

¿Cómo cuidar a los hijos cuando no sabemos cuidarnos los grandes?

El concepto hijo, padre, madre, hermano, tío, abuelo. No significa ya nada.

Hoy tenemos decenas de modelos familiares que imponen sus propias reglas de convivencia entre la sociedad, y el resultado es que ya no nos jalan los hilos familiares a proteger a los nuestros.

Resulta muy cómodo para la autoridad, aceptar esta evolución sociológica y retozar en su holgazaneria.

El mundo se ha desbocado.

Nunca como ahora la justicia se ha vuelto tan laxa.

Antes, el Estado protegía a la sociedad. Pocos crímenes quedaban impunes. Al culpable siempre lo alcanzaba «el largo brazo de la ley».

Se honraba aquella sentencia que decía… «El que la hace, ¡La paga!

Hoy, aunque presentes pruebas suficientes para probar una denuncia, no ganarás, a menos que tengas para comprar al juez o magistrado.

En otro tiempo, los hombres que impartían justicia eran probos, honestos a toda prueba.

Hace 43 años me hice abogado por la ilusión de defender a la gente de la injusticia.

Me tomé muy a pecho el juramento de ayudar a quienes desconocen la ciencia del Derecho. Y en mi desempeño como litigante recibí con dolor el impacto de la realidad en mi inocente rostro.

La maquinaria judicial se»aceita» con dinero, o con poder.

La justicia se obtiene en el mercado comercial y no bajo el argumento jurídico.

Esta categoría es irrefutable aunque algunos me digan como siempre… «No generalice, lic».

Un colega con el que platicaba sobre este tema me dijo: «ya no es tanto así. Hemos ido mejorando. Al menos en los asuntos civiles, mercantiles y laborales».

El juez, el magistrado, el litigante ya no buscan la verdad, ni la justicia. Se pierden en la elasticidad de la ley para «ajustarse» a un conveniente «acuerdo no escrito» donde prive un ligero barniz de justificación apoyados por el código.

Tiempos sórdidos los que vivimos.

Raul Ruiz
Raúl Ruiz
Abogado, amante de las letras y analista político

Abogado. Analista Político. Amante de las letras.

CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.

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