A veces me complico la existencia buscando temas que nos puedan ayudar a comprender, por qué vivimos lo que vivimos.

De hecho, buscarlos es lo de menos. Explicarlos para su comprensión, es el verdadero núcleo del problema.

A manera de introducción haré una pregunta que de inmediato pondrá en contexto el tema de la violencia simbólica.

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¿Por qué a sabiendas que los hombres del poder infringen la ley dejamos que gocen de impunidad?

¿Sumisos dejamos que hagan lo que les place? Porque nos tienen sumergidos bajo el yugo de lo que el teórico Bourdieu denomina, violencia simbólica.

El sociólogo francés, Pierre Bourdieu dice: «La violencia simbólica se caracteriza por ser una violencia invisible, soterrada, subyacente, implícita o subterránea, la cual esconde la matriz basal de las relaciones de fuerza que están bajo la relación en la cual se configura.»

El concepto de VIOLENCIA SIMBÓLICA fue instituido por Pierre Bourdieu en la década de los 70, que en ciencias sociales  se utiliza para describir una relación social donde el «dominador» ejerce un modo de violencia indirecta y no físicamente directa en contra de los «dominados», los cuales no la evidencian o son inconscientes de dichas prácticas en su contra, por lo cual son «cómplices de la dominación a la que están sometidos»
(Bourdieu, 1994).

De entrada identificamos al poder hegemónico por un lado y los «sumisos» por el otro.

Estamos ya en los terrenos donde retoza la violencia simbólica.

Y aducimos que para que exista una práctica de violencia simbólica, se requiere un sujeto social, o un grupo desposeído a quién avasallar. Pero además, cómo es el caso de La Resistencia en Ciudad Juárez, reconocer que somos víctimas de ese poder.

Sigo citando a Bourdieu: «Las prácticas de la violencia simbólica son parte de estrategias construidas socialmente en el contexto de esquemas asimétricos de poder, caracterizados por la reproducción de los roles sociales, estatus, género, posición social, categorías cognitivas, representación evidente de poder y/o estructuras mentales, puestas en juego cada una o bien todas simultáneamente en su conjunto, como parte de una reproducción encubierta y sistemática.»

Tenemos que tener en cuenta que el poder simbólico sólo se ejerce con la colaboración de quienes lo padecen, porque contribuyen a establecerlo como tal.

En otras palabras los «sumisos» aceptan la opresión, sin poder defenderse de ella. Pues sus capacidades son limitadas y carecen de conocimiento y fuerza para enfrentarlos.

Por eso surge una fuerza que los debe contener. LA RESISTENCIA.

Haciendo alusión a Michel Foucault, «el poder está en todas partes».

Sólo debemos «hacer visible lo invisible».

Según Foucault, no podemos hablar de relación de poder sin que exista una posibilidad de RESISTENCIA.

El subordinado no puede ser reducido a una total pasividad sino que tiene la opción de buscar otras formas de responder al poder tanto individuales como colectivas.

Así que en la refriega intelectual, LA RESISTENCIA da respuesta con el armamento suficiente para equilibrar la fuerza entre el poder hegemónico y la sociedad.

El primer paso ha sido identificar el sufrimiento de la fuerza simbólica contra la población en la frontera.

Para identificar la violencia simbólica lo primero es identificar al adversario y exhibirlo a través de la publicidad, caricaturas, artículos; y evidenciar su maldad a través de las redes sociales.

Y EN ESO… SOMOS MAESTROS.

Estamos ya en el esgrima de la VIOLENCIA SIMBÓLICA, y traemos técnica y táctica para la defensa y el ataque.

En el siguiente capítulo hablaré sobre:
Hegemonía cultural, que es el concepto similar de Antonio Gramsci para definir violencia simbólica.

Raul Ruiz
Raúl Ruiz
Abogado, amante de las letras y analista político | + posts

Abogado. Analista Político. Amante de las letras.

CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.

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