Hace unos días, mientras veía una entrevista de Craig Groeschel a John C. Maxwell, uno de los referentes internacionales más reconocidos en liderazgo, escuché una conversación que me llevó a reflexionar sobre algo que durante años he observado al dirigir equipos y participar en proyectos de transformación.
Craig le comentaba a Maxwell que, cada vez que lo invitaba a sus eventos, los integrantes de su equipo querían ser quienes lo atendieran. No solamente por su trayectoria, sino por la manera en que trataba a las personas, incluso a aquellas que acababa de conocer detrás del escenario.
Cuando le preguntó por qué lo hacía, Maxwell respondió con una idea que considero fundamental: cada persona agrega valor a nuestra vida y nos ayuda a convertirnos en mejores líderes. Nadie alcanza grandes resultados por sí solo. Y si creemos que todo lo hemos logrado solos, probablemente no hemos hecho lo suficiente.
Aquellas palabras me hicieron pensar:
¿Cuántos líderes reconocemos verdaderamente el valor de las personas que hacen posibles nuestros resultados?
El liderazgo no se trata solamente de resultados
Durante más de veinte años he tenido la oportunidad de participar en proyectos empresariales y sociales, trabajando con diferentes equipos de liderazgo.
Y algo que he aprendido es que cuando comenzamos a valorar a las personas, reconocer sus talentos y ayudarlas a desarrollar sus capacidades, los resultados pueden superar nuestras expectativas.
No porque las personas trabajen más para complacernos, sino porque comienzan a descubrir el valor que pueden aportar.
Sin embargo, en muchas organizaciones seguimos evaluando el liderazgo principalmente por los indicadores, las metas alcanzadas o los resultados financieros.
Y aunque todo esto es importante, considero que existe otra pregunta que deberíamos hacernos:
¿Qué está sucediendo con las personas mientras alcanzamos esos resultados?
Porque podemos cumplir objetivos, aumentar la productividad y alcanzar metas extraordinarias, pero si las personas bajo nuestra responsabilidad no están creciendo, quizá estamos administrando correctamente sin ejercer un liderazgo verdaderamente transformador.
Una realidad que debería preocuparnos
El informe State of the Global Workplace 2026, publicado por Gallup, revela que solamente el 20 % de los empleados a nivel mundial se encuentra comprometido con su trabajo.
Más preocupante todavía es que el compromiso de quienes ocupan posiciones gerenciales disminuyó del 31 % en 2022 al 22 % en 2025.
Estos datos deberían llevarnos a cuestionar la manera en que estamos ejerciendo el liderazgo.
¿Cómo pretendemos construir organizaciones comprometidas si quienes tienen la responsabilidad de dirigirlas también están perdiendo su conexión con el trabajo y las personas?
El problema no se resuelve solamente con nuevos procesos, mejores sistemas o mayores exigencias.
Necesitamos recuperar algo esencial: el sentido de responsabilidad que implica influir en la vida de otras personas.
Y aquí encuentro una de las mayores diferencias del liderazgo transformacional.
No se trata solamente de conseguir que las personas nos sigan, sino de ayudarlas a descubrir sus capacidades, desarrollar su potencial y convertirse en líderes capaces de influir positivamente en otros.
El otro lado del liderazgo
Durante aquella misma entrevista, Craig Groeschel le preguntó a Maxwell qué era lo que más le preocupaba del liderazgo actual.
Su respuesta fue la falta de disposición de muchos líderes para asumir su responsabilidad.
Y creo que esta observación merece una reflexión profunda.
Porque liderar no significa únicamente disfrutar de una posición, recibir reconocimiento o tomar decisiones.
Liderar también significa responder por nuestras acciones, reconocer nuestros errores y asumir las consecuencias de nuestras decisiones.
Significa entender que nuestras palabras, actitudes y comportamientos influyen en quienes nos rodean.
No podemos exigir compromiso si nosotros no estamos comprometidos.
No podemos pedir crecimiento si hemos dejado de aprender.
Y no podemos esperar que otros desarrollen su potencial si nunca nos interesamos en conocer sus talentos.
El liderazgo comienza cuando dejamos de preguntarnos qué pueden hacer las personas por nosotros y comenzamos a preguntarnos qué podemos hacer para ayudarlas a crecer.
Esto no significa renunciar a los resultados ni dejar de exigir responsabilidad. Significa comprender que los resultados sostenibles también dependen del desarrollo de quienes los hacen posibles.
El verdadero legado de un líder
Con el tiempo he comprendido que los proyectos más significativos en los que he participado nunca han sido resultado del esfuerzo de una sola persona.
Han sido posibles porque diferentes personas, con talentos, experiencias y capacidades distintas, decidieron trabajar alrededor de una visión compartida.
Y cuando reconocemos que necesitamos a otros, nuestra manera de liderar comienza a cambiar.
Dejamos de ver a las personas solamente por las funciones que desempeñan y comenzamos a reconocer el potencial que existe en ellas.
Porque el verdadero liderazgo no debería producir únicamente seguidores.
Debería desarrollar nuevos líderes.
Personas que descubran su propósito, fortalezcan su carácter, desarrollen sus talentos y comprendan que también tienen la capacidad de transformar su entorno.
Ahí es donde el liderazgo comienza a trascender nuestra posición y nuestro tiempo.
Porque los resultados pueden quedar registrados en un informe, pero la influencia que ejercemos sobre las personas puede permanecer durante generaciones.
¿Qué estás dejando en las personas?
Quiero terminar con una pregunta que considero importante para todos los que tenemos alguna responsabilidad de liderazgo, ya sea en una empresa, una familia, una organización o nuestra comunidad.
Cuando las personas que hoy están bajo tu influencia continúen su camino, ¿qué habrán recibido de ti?
¿Solamente instrucciones, responsabilidades y metas que cumplir?
¿O también habrán descubierto capacidades que desconocían, desarrollado mayor confianza y encontrado nuevas posibilidades para su vida?
Tal vez necesitamos dejar de medir nuestro liderazgo solamente por la cantidad de personas que nos siguen y comenzar a observar en quiénes se están convirtiendo.
Porque al final, el éxito de un líder no debería medirse únicamente por lo que logra, sino también por lo que ayuda a otros a llegar a ser.
Y eso requiere algo más que conocimientos o experiencia.
Requiere carácter, humildad, responsabilidad y una decisión consciente de agregar valor a los demás.
La transformación comienza en nosotros, pero alcanza su verdadero sentido cuando nuestra influencia contribuye a transformar la vida de otros.
Toda transformación comienza en ti, pero no termina contigo.
Jesús Maturino Pérez
Líder transformacional con más de 20 años de experiencia en los ámbitos empresarial y social. Actualmente se desempeña como Gerente Administrativo en una empresa internacional y promueve el desarrollo de personas y equipos desde una perspectiva de propósito, visión y liderazgo transformacional.
Fuentes de referencia:

Jesús Maturino
Líder Transformacional con más de veinte años de experiencia en los ámbitos empresarial y social. Actualmente se desempeña como Gerente Administrativo en una empresa internacional. Impulsa iniciativas enfocadas en liderazgo, propósito y desarrollo humano, con la convicción de que la transformación de organizaciones y comunidades comienza con la transformación de las personas.
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