EEUU: Día Cero

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Estados Unidos llega este martes 3 de noviembre a una de esas jornadas electorales que, sin elegir presidente, terminan definiendo el rumbo de una presidencia. Donald Trump no aparece en las boletas, pero buena parte de lo que ocurra en las urnas será interpretado como un juicio ciudadano sobre sus primeros dos años de regreso a la Casa Blanca.

No es poca cosa. Están en disputa los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 lugares en el Senado y 36 gubernaturas. Detrás de esa distribución de cargos se juega algo bastante más importante: la capacidad del mandatario republicano para conservar el margen de maniobra que le ha permitido impulsar su agenda económica, migratoria y de política exterior, con un Congreso hasta ahora dominado por su partido.

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Las elecciones intermedias suelen convertirse en una especie de referéndum sobre el presidente en funciones. Barack Obama lo padeció en 2010, cuando los demócratas sufrieron una severa derrota legislativa. El propio Trump conoció esa experiencia en 2018, durante su primer mandato, cuando perdió el control de la Cámara de Representantes y comenzó una etapa de mayor confrontación con el Congreso.

Hoy la historia vuelve a colocarlo frente a esa posibilidad, aunque en circunstancias distintas. Trump conserva una base electoral considerablemente leal, pero también enfrenta un desgaste provocado por decisiones que han dividido a la sociedad estadounidense y generado tensiones incluso entre sectores tradicionalmente cercanos al Partido Republicano.

Para los demócratas, recuperar el control de alguna de las cámaras significaría mucho más que una victoria partidista. Les permitiría intervenir con mayor fuerza en la agenda legislativa, fiscalizar decisiones de la administración y abrir investigaciones desde los comités del Congreso. Una mayoría opositora no necesariamente paralizaría al gobierno, pero sí modificaría una relación de poder que hasta ahora ha favorecido al Ejecutivo.

Las encuestas reflejan ese ambiente de inconformidad, aunque conviene no confundir las preferencias nacionales con los resultados de cada distrito. Un seguimiento de Pew Research Center realizado entre septiembre y octubre encontró que el 44 por ciento de los electores registrados se inclinaba por candidatos demócratas para la Cámara de Representantes, frente al 36 por ciento que prefería a los republicanos. Es una diferencia políticamente relevante, pero insuficiente por sí sola para determinar quién controlará el Congreso.

El problema de fondo para Trump está en la acumulación de conflictos.

Su política comercial, construida alrededor de los aranceles como instrumento de presión, ha complicado las relaciones con socios estratégicos como México y Canadá, además de profundizar las disputas económicas con China. Aunque la Casa Blanca presenta esas medidas como una herramienta para proteger la industria y el empleo estadounidense, sus efectos sobre los costos de importación y los precios al consumidor han abierto otro frente de discusión.

En una economía donde el bolsillo suele pesar más que los discursos, los resultados importan bastante más que las promesas.

A ello se suma el conflicto militar con Irán. La intervención estadounidense, en respaldo de Israel, ha provocado cuestionamientos sobre sus objetivos, su duración y sus consecuencias económicas. Una encuesta de Pew Research Center publicada el 8 de octubre encontró que el 65 por ciento de los estadounidenses desaprobaba la manera en que Trump estaba manejando las operaciones militares, mientras que el 52 por ciento expresaba poca o ninguna confianza en que su administración pudiera alcanzar los objetivos planteados.

La preocupación no se limita a la guerra misma. El aumento en los precios de los combustibles y el riesgo para los militares estadounidenses han llevado un conflicto aparentemente distante a la conversación cotidiana de millones de familias.

También pesa la intervención estadounidense en Venezuela, que culminó en enero con la captura de Nicolás Maduro. Más allá de las posiciones encontradas sobre el gobierno venezolano, aquella operación reabrió un debate institucional acerca de los límites del poder presidencial y las facultades del Congreso en decisiones militares de semejante magnitud.

Pero quizá uno de los terrenos donde el desgaste político adquiere mayor relevancia para nuestra región sea el migratorio.

Las deportaciones, los operativos de detención y las denuncias por abusos en la aplicación de las leyes migratorias han convertido el tema en una preocupación para comunidades que viven entre dos países. En ciudades como El Paso y Ciudad Juárez, esas decisiones no se observan como simples noticias internacionales. Se traducen en incertidumbre familiar, dificultades laborales y temor entre personas que han construido su vida a ambos lados de la frontera.

El electorado hispano, que contribuyó de manera importante al regreso de Trump a la presidencia en 2024, vuelve a ocupar un lugar central. De acuerdo con Pew Research Center, el 51 por ciento de los votantes hispanos registrados manifestaba su preferencia por candidatos demócratas al Congreso, contra un 24 por ciento que se inclinaba por los republicanos.

Sería apresurado interpretar esos números exclusivamente como un voto de castigo. El electorado latino no constituye un bloque uniforme y sus prioridades cambian según el estado, la situación económica y la historia migratoria de cada comunidad. Sin embargo, las cifras muestran que la relación entre Trump y una parte importante de esos votantes atraviesa dificultades.

La respuesta del presidente también ha llamado la atención.

En plena campaña, Trump ofreció entregar un dividendo de cinco mil dólares a cada ciudadano estadounidense adulto si los republicanos conservan ambas cámaras del Congreso. La promesa, presentada como un beneficio derivado de su política económica y arancelaria, tendría un costo superior al billón de dólares y necesitaría autorización legislativa. No se trata de un pago individual condicionado a demostrar el sentido del voto, pero su vinculación con el resultado electoral ha provocado controversia.

El ofrecimiento exhibe hasta dónde puede llegar la disputa por conservar el poder. Al mismo tiempo, los cuestionamientos reiterados de Trump sobre la confiabilidad del sistema electoral mantienen abierto un debate delicado: cómo sostener la confianza ciudadana en las instituciones cuando los propios dirigentes anticipan sospechas sobre resultados que todavía no se conocen.

Con todo, sería un error dar por derrotados a los republicanos antes de contar los votos. Las mayorías legislativas se construyen distrito por distrito, estado por estado, y la capacidad de movilización electoral puede producir resultados distintos a los que sugieren las encuestas. También sería equivocado suponer que un eventual avance demócrata resolvería automáticamente las tensiones políticas estadounidenses.

Para México, lo que ocurra esta jornada tiene una importancia particular. La política comercial, la revisión de compromisos regionales, la seguridad fronteriza y la relación migratoria seguirán dependiendo de las decisiones tomadas en Washington. Un Congreso dividido podría obligar a negociar algunas de ellas, aunque la presidencia conservaría amplias facultades, especialmente en asuntos de política exterior.

En Ciudad Juárez conocemos bien esa dependencia. Basta una modificación en las reglas comerciales, una amenaza arancelaria o un endurecimiento migratorio para que las consecuencias comiencen a sentirse en las maquiladoras, los cruces internacionales y las familias fronterizas.

Este es, en muchos sentidos, el día cero para la segunda mitad del mandato de Donald Trump. No porque su presidencia termine o comience de nuevo, sino porque la relación de fuerzas que surja de las urnas determinará buena parte de sus posibilidades políticas durante los próximos dos años.

Y mientras millones de estadounidenses deciden qué equilibrio quieren entre la Casa Blanca y el Congreso, de este lado de la frontera seguimos pendientes de una realidad que pocas veces se reconoce suficientemente: no votamos en esas elecciones, pero sus consecuencias también forman parte de nuestra vida cotidiana.


Fuentes consultadas: Pew Research Center sobre Irán, voto hispano y preferencias electorales; FactCheck.org sobre el dividendo electoral.

ADN David Gamboa
David Gamboa

Mercadólogo por la UVM. Profesional del Marketing Digital y apasionado de las letras. Galardonado con la prestigiosa Columna de Plata de la APCJ por Columna en 2023. Es Editor General de ADN A Diario Network.


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