En una entrega anterior, “El pasado no es una propuesta”, escribí sobre los primeros acercamientos entre PAN y PRI rumbo a 2027. Entonces las conversaciones permitían anticipar una alianza. Hoy, la presencia de Maru Campos y Alejandro Moreno en el informe legislativo de Alejandro Domínguez le puso una imagen pública a esa intención, las declaraciones posteriores comenzaron a mostrar cómo pretenden distribuir las candidaturas.
Uno de los principales objetivos es reunir respaldo para la gubernatura, con Marco Bonilla como el perfil panista que Alito ha manifestado estar dispuesto a acompañar si se concreta la alianza. Para lograrlo, ambos partidos necesitan resolver acuerdos municipales y legislativos que permitan sumar estructuras y reducir las diferencias entre sus equipos.
Después del encuentro, Domínguez expresó que el PRI respaldaría a quien el PAN defina para la alcaldía de Chihuahua. Explicó que el punto de partida es respetar las posiciones que cada partido encabezó en la elección anterior, aunque dejó abierta la posibilidad de ajustes por competitividad mientras no se cierre la negociación. Con ello pierde fuerza, por ahora, la versión de que la capital podría quedar para el PRI a cambio de su acompañamiento estatal o tal vez no…por otro lado la disposición expresada por su dirigente es apoyar una candidatura panista y obtener reciprocidad en otros municipios y distritos. El acuerdo definitivo todavía necesita construirse y pasar por los órganos partidistas.
En 2021, ambos partidos compitieron por separado por la alcaldía de Chihuahua: Marco Bonilla fue postulado por PAN y PRD, mientras el PRI llevó a Sergio Carrillo. En 2024, los tres respaldaron a Bonilla. Hay una experiencia reciente de colaboración, pero repetirla exige resolver las condiciones de una nueva elección, con aspirantes y expectativas que también han cambiado.
Para un militante que lleva tiempo trabajando por una candidatura, el acuerdo puede significar que su partido le pida hacerse a un lado para respaldar a alguien contra quien antes competía. Las dirigencias pueden justificarlo como una decisión necesaria, quienes recorren las colonias y sostienen las estructuras tendrán sus propias razones para aceptarlo, cuestionarlo o reducir su participación.
El antecedente de la gubernatura de 2021 también merece recordarse. Graciela Ortiz era candidata del PRI y, en la recta final, pidió apoyar a Maru Campos para impedir el triunfo de Morena. Conservó su candidatura y llamó a sus simpatizantes a orientar el voto hacia la panista. Alejandro Moreno respaldó aquella decisión. Maru ganó, pero el resultado no permite determinar cuántos ciudadanos cambiaron su voto por ese llamado. Tampoco convierte ese respaldo en una garantía para Bonilla. Una coalición formal ofrecería condiciones distintas a las de entonces, aunque seguiría necesitando convencer a los electores de acompañar al candidato elegido.
El PRI conserva simpatizantes con identidad propia tal vez pocos, pero muy definidos. Dentro del PAN también hay personas que durante años defendieron sus diferencias frente al priismo. A eso se suman rivalidades municipales, desacuerdos entre grupos y aspiraciones que difícilmente encontrarán espacio para todos. Son dificultades que pueden pesar más en una campaña que la fotografía de sus dirigentes.
Por eso veo un riesgo en la confianza con la que se ofrece el respaldo partidista. La negociación puede avanzar entre las dirigencias y dejar pendientes entre las bases, si los acuerdos se perciben como una distribución de posiciones decidida por las cúpulas, algunos equipos podrían trabajar con menos disposición o apartarse. En una contienda competida, ese desgaste puede resultar costoso.
Para Bonilla, el reto sería recibir el acompañamiento del PRI sin perder respaldo entre panistas inconformes con las concesiones. Para Domínguez y Alito, demostrar que su ofrecimiento puede convertirse en participación efectiva. Ninguna de esas tareas queda resuelta al anunciar que irán juntos, lo que sí es que La alianza puede concretarse y aun así rendir menos de lo que esperan. Su debilidad estaría en comprometer apoyos que todavía deben construir. El PRI ya expresó lo que está dispuesto a ofrecer; sus militantes y simpatizantes decidirán cuánto de ese compromiso acompañan en las urnas.

Karina Villegas
Activista social, licenciada en Administración de Empresas por el ITCJ y emprendedora con enfoque humano. Cree firmemente en que la participación ciudadana transforma realidades. Desde cada espacio que ocupa, impulsa causas que fortalecen la voz colectiva y la construcción de comunidad con visión solidaria y acción constante.
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