El último clavo

¿Qué queda del partidazo que por tantos años tuvo el poder absoluto en todo México? Se podría decir que del PRI queda ya casi nada.

A nivel país el PRI va en caída libre, situación que se agrava con el aferramiento de Alejandro Moreno Cárdenas, mejor conocido con el mote de Alito, de permanecer en la presidencia nacional de ese partido a pesar de ser el artífice de las peores derrotas que ha sufrido ese organismo político desde su nacimiento en 1929 como Partido Nacional Revolucionario (PNR) y luego desde 1946 ya como Partido Revolucionario Institucional.

- Publicidad - HP1

Todo indica que Alito solo vino a poner el último clavo al tricolor, porque la caída empezó desde que en el año 2000 el PAN ganó la Presidencia de la República con Vicente Fox Quesada y continuó otro sexenio con Felipe Calderón Hinojosa y, aunque en 2012 el PRI la recuperó con Enrique Peña Nieto, los niveles de corrupción alcanzados por su administración y por un gran número de gobernadores priistas convenció a millones de mexicanos que había que darle oportunidad a una nueva forma de hacer gobierno y es así que Andrés Manuel López Obrador llega en 2018 a la Presidencia de la República.

Pero continuemos con el PRI. El primer gran golpe que sufrió el tricolor fue en 2015, cuando pierde 7 de 12 gubernaturas en juego, siendo el exgobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, dirigente nacional y, como consecuencia de esos resultados, decide renunciar manifestando la necesidad de hacer una pausa para realizar una profunda reflexión acerca de esos resultados.

Al tomar las riendas del PRI Alejandro Moreno en 2019, ese partido gobernaba 11 entidades: Sonora, Sinaloa, Coahuila, Zacatecas, San Luis Potosí, Hidalgo, Tlaxcala, Estado de México, Colima, Oaxaca y Campeche, es decir, más de la tercera parte de los estados de la república, por lo que se podía considerar todavía un PRI fuerte. Pero al enfrentar un proceso intermedio en 2021 solo se quedó con Coahuila, Hidalgo, Oaxaca y el Estado de México, perdiendo gubernaturas en estados que nunca habían sido gobernadas por otro partido político y que eran considerados bastiones del Revolucionario Institucional. Previamente, en 2018, el PRI había perdido Yucatán ante el PAN y Jalisco ante Movimiento Ciudadano.

En la elección del pasado 5 de julio pierde Hidalgo y Oaxaca, pero recupera parcialmente Durango, por lo que se queda con tres gubernaturas: Además de Durango, Coahuila y el Estado de México. Pero el panorama no le es nada halagüeño, ya que entre 2016 y 2022 el PRI perdió casi dos terceras partes de sus votos, lo que deja en claro que la estrategia asumida por Moreno Cárdenas, de aliarse con PAN y PRD para enfrentar a Morena, es lastimosamente fallida y podría llevar a su partido en 2023 a perder su permanencia como partido nacional, debido a que estarán en disputa Coahuila y Estado de México, y, mientras que en Coahuila diversas encuestas dan un empate técnico al PRI en alianza con PAN y PRD, en el Estado de México la ventaja es de 8 puntos a favor de Morena en contra de esa coalición. Hay quienes consideran que Morena podría llevarse ambos procesos.

Ante ese desastroso contexto, son muchas las voces del PRI que le han pedido a Alito que renuncie a la presidencia del partido, principalmente sus antecesores en el cargo, pero él respondió que no se irá antes de que termine su periodo, en agosto de 2023, porque a él no lo eligió ningún presidente de la República sino los militantes; se comprometió a renovar el Consejo Ejecutivo Nacional (CEN) y el Consejo Político Nacional (CPN), sin fijar tiempos para hacerlo. De permanecer hasta entonces en la presidencia del tricolor, enfrentará el proceso electoral del próximo año no obstante los resultados obtenidos a la fecha, que lo colocan como el mayor perdedor en la historia del partidazo.

En Chihuahua las cosas no pintan para nada mejor para el tricolor. Mientras que los exgobernadores priistas se unieron a las voces que piden la renuncia de Moreno Cárdenas, el dirigente estatal, Alejandro Domínguez Domínguez, deslindó al Comité Directivo Estatal de esa solicitud y manifestó su apoyo a Alito.

La realidad es que Domínguez poco pinta en el panorama político estatal. Tal parece que los lineamientos para la bancada priista en el Congreso del Estado no se dictan desde las oficinas de la colonia Dale sino desde Palacio Estatal, y no está claro quién coordina dentro de esa fracción parlamentaria, si Noel Chávez Velázquez o Mario Humberto Vázquez Robles. Es común durante las sesiones que los diputados tricolores soliciten línea al coordinador panista cuando se va a realizar una votación. Además, es muy obvio que el diputado Omar Bazán es el que mantiene una relación más estrecha con la administración estatal, tanto que es a quien se utiliza para realizar el trabajo sucio que no quiere hacer la gobernadora María Eugenia Campos.

El PRI en Chihuahua ha devenido en un apéndice, en parte, del Partido Acción Nacional, pero sobre todo de la administración estatal que encabeza María Eugenia Campos Galván, lo cual ha causado molestia entre los priistas de prosapia, quienes consideran que bajo esas condiciones es muy difícil que el tricolor mantenga su fortaleza en el estado. Al mismo tiempo, hay molestia entre los panistas tradicionales porque el gobierno estatal está lleno de priistas y la gobernadora ha tomado como parte de su grupo de asesores a los exgobernadores priistas. El panista Francisco Barrio Terrazas ha estado ausente, mientras que Javier Corral Jurado enfrenta la venganza de su sucesora, quien ya ordenó y sus diputados del PRIAN, y estos le obedecieron sin chistar, abrir juicio político en su contra.

Si Alito vino a poner el último clavo en el sepulcro del PRI a nivel nacional, a nivel local está recibiendo bastante ayuda.