Hace unos días conversé con el psicólogo Martín Regis sobre un tema que parece sencillo, pero que encierra algunas de las reflexiones más profundas de nuestra vida: la paternidad.
Hablamos de los padres de antes y los padres de hoy. De cómo ha evolucionado su papel dentro de la familia y de las nuevas exigencias que la sociedad les plantea. Ya no basta con ser proveedor; hoy también se espera que sean acompañantes, educadores, guías emocionales y participantes activos en la crianza de sus hijos.
Durante la entrevista, el especialista lanzó una pregunta que me hizo pensar durante varios días:
“¿Qué recuerda usted de su padre: aquello que un día le compró o las experiencias que vivió a su lado?”
La respuesta puede variar para cada persona, pero difícilmente alguien recordará una cuenta pagada, una jornada laboral o un sacrificio económico específico. En cambio, solemos atesorar los viajes, las conversaciones, los partidos de fútbol, las enseñanzas, las risas y hasta los silencios compartidos.
La conclusión puede resultar incómoda para muchos hombres que trabajan de sol a sol para sacar adelante a sus familias. Y sería injusto ignorar el enorme valor que tiene ese esfuerzo. La comida en la mesa, la educación, la vivienda y la estabilidad económica también son expresiones de amor.
Por eso creo que la discusión no debe plantearse entre presencia o provisión. La verdadera respuesta está en el equilibrio.
Los datos muestran que la paternidad en México está cambiando. De acuerdo con información del INEGI, más de 21 millones de hombres en el país son padres. Además, las nuevas generaciones participan cada vez más en actividades de cuidado y crianza que tradicionalmente recaían en las mujeres. Estudios recientes señalan que los hombres dedican más tiempo al cuidado de sus hijos que hace una década y que una gran mayoría está presente desde el nacimiento y en las tareas cotidianas de atención infantil.
Sin embargo, la realidad también muestra desafíos importantes. En México existen más de cuatro millones de hogares donde la figura paterna está ausente, una situación que impacta emocional y económicamente a millones de niñas, niños y madres que asumen solas la responsabilidad familiar.
Quizá por eso la sociedad ha comenzado a exigir una paternidad más cercana. No porque el trabajo y el sustento hayan perdido valor, sino porque hoy entendemos mejor que el desarrollo emocional de los hijos también necesita presencia, atención y acompañamiento.
Los padres de generaciones anteriores hicieron lo que pudieron con las herramientas que tenían. Muchos fueron educados bajo la idea de que amar significaba proveer. Hoy sabemos que el amor también se expresa escuchando, jugando, abrazando y estando ahí.
Al final, cuando los hijos crecen, los recuerdos que permanecen rara vez tienen precio. Son esos momentos aparentemente ordinarios los que terminan convirtiéndose en tesoros.
Eso sí. cuando un padre ya no está, lo que no puede recuperarse es el tiempo que no pasamos juntos.

Nora Sevilla
Comunicadora y periodista experimentada, actualmente Jefa de Comunicación en Cd. Juárez del Instituto Estatal Electoral y Tesorera en la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez. Experta en marketing político y estrategias de relaciones públicas, con sólida carrera en medios de comunicación.
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