Hay experiencias que no se olvidan, no porque el dinero perdido no pueda recuperarse, sino porque lo que realmente se pierde es la esperanza.
Durante mi conversación con la regidora María Dolores Adame, coordinadora de la Comisión Edilicia de Asentamientos Humanos del Ayuntamiento de Ciudad Juárez, hubo un momento que cambió por completo el rumbo de la entrevista. Dejó de hablar la servidora pública y apareció la mujer que, muchos años atrás, también soñó con tener un patrimonio para su familia.
Fue clara. Sin rodeos recordó uno de los episodios más difíciles de su vida; me contó cómo fue víctima de un fraude cuando buscaba construir el sueño de una vivienda propia. Mientras hablaba, era evidente que no estaba relatando una simple anécdota; estaba reviviendo un momento que la marcó profundamente.
Recordó la impotencia de descubrir que había confiado en las personas equivocadas y el dolor de enfrentar un desalojo. Describió la incertidumbre de no saber qué pasaría con su familia, la angustia de ver desaparecer el esfuerzo de años y esa sensación de que el sueño de una casa propia se desmoronaba frente a sus ojos.
Debe ser esto por lo que hoy insiste tanto en un mensaje que parece sencillo, pero que puede evitar tragedias familiares: acudan directamente a las oficinas de Asentamientos Humanos. No entreguen dinero a seudolíderes, gestores o intermediarios que prometen resolverles un trámite o garantizarles un terreno.
Su advertencia no nace desde un escritorio. Nace desde la experiencia de alguien que conoció el engaño en carne propia.
En Ciudad Juárez, miles de familias siguen buscando un lugar donde construir su futuro. Esa necesidad ha sido aprovechada por personas que se presentan como líderes de colonias o representantes de grupos sociales. Algunos realizan un trabajo comunitario legítimo, pero otros han encontrado en la necesidad de la gente un negocio rentable. Cobran cuotas, prometen terrenos, ofrecen supuestas listas de beneficiarios y venden falsas esperanzas.
El costo de esos fraudes va mucho más allá del dinero. Son familias que pierden los ahorros de toda una vida, matrimonios que se endeudan, adultos mayores que entregan su patrimonio y jóvenes que comienzan su vida cargando una decepción que pudo evitarse.
La regidora fue enfática al señalar que ningún líder tiene la facultad de garantizar un terreno o acelerar un procedimiento oficial. La única forma de tener certeza jurídica es acudir directamente a las dependencias municipales, verificar la información y realizar los trámites por las vías institucionales.
Quizá el mayor valor de esta entrevista fue descubrir que detrás de una representante popular existe una historia personal que hoy se ha convertido en compromiso público. Haber vivido un fraude y un desalojo le permite comprender el miedo, la frustración y la desesperación de quienes llegan a solicitar apoyo. No habla desde la teoría; habla desde la memoria.
Y esa memoria debería servirnos a todos como una advertencia.
Cuando alguien ofrece atajos para cumplir el sueño de una vivienda, es momento de desconfiar. Ningún patrimonio puede construirse sobre promesas, influencias o favores personales. Un hogar se construye con esfuerzo, pero también con certeza jurídica.
En una ciudad donde miles de familias siguen luchando por tener un lugar donde vivir, la mejor herramienta para combatir el fraude sigue siendo la información.
Porque cuando el patrimonio de una familia está en juego, la única puerta segura es la de las instituciones y dignos representantes.

Nora Sevilla
Comunicadora y periodista experimentada, actualmente Jefa de Comunicación en Cd. Juárez del Instituto Estatal Electoral y Tesorera en la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez. Experta en marketing político y estrategias de relaciones públicas, con sólida carrera en medios de comunicación.
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