Previa a la emergencia sanitaria declarada en este 2020 por Covid 19, México ya contaba con una declaratoria de emergencia desde hace décadas que, aunque silenciosa, es más letal y omnipresente que el brote de coronavirus. Hablamos del sobrepeso y la obesidad.

Solo en el año 2017, el 72.5 por ciento de la población adulta, presentaba algún índice de sobrepeso y aunque desde 1999 se viene presentando un incremento en toda la población, éste hay sido mayor entre mujeres en edad reproductiva y habitantes de zonas rurales. Situación que pone en clara vulnerabilidad y riesgo de contraer un gran número de enfermedades relacionadas con este mal, lo que disminuye significativamente la calidad de vida e incrementa el riesgo de muerte prematura de quienes lo padecen.

Además del evidente daño a la salud, sobrepeso y obesidad impactan negativamente también en el bolsillo, pues representan altos costos médicos, estimados en 151, 894 millones de pesos sólo en 2014, lo cual equivale al 34 por ciento del gasto público en salud. Y con una pérdida de productividad estimada en 70, 669 millones de pesos, el 0.4 % del PIB anual.

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Si bien, las causas del sobrepeso y obesidad son de carácter multifactorial, hay un elemento importante de prácticas y factores de riesgo, que involucran una serie de componentes individuales, pero también de componentes externos que tienen más que ver con condiciones económicas, políticas y sociales.

Estas son condiciones que no podemos soslayar y en las que gobierno y ciudadanos debemos ir de la mano, entendiendo la seriedad del tema y tomando cada uno su responsabilidad. Cuando en lo más álgido del semáforo rojo del Covid 19, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, responsabilizó a la industria refresquera de estar detrás de los altos niveles de mortandad que México ha padecido en relación a otros países. La oposición se llevó las manos a la cabeza, y las burlas, críticas y descalificaciones cayeron en cascada.

Cierto es que resulta muy simplista el reducir esta tragedia por muertes de Covid a un solo factor, pasando por alto todos los yerros de un sistema nacional de salud que se cae a pedazos, pero también hay que reconocer que no se le hizo el adecuado espacio de reflexión al argumento presentado por el Dr. Gatell.

Mismo que rápidamente fue tomado como bandera por legisladores pertenecientes a la bancada de Morena, y por el propio Presidente de la República, sobre el cual ya se tienen algunas resoluciones en materia jurídica como es la publicación en el Diario Oficial de la Federación, el pasado 31 de julio la Norma Oficial NOM-051 que obliga a las empresas fabricantes de botanas y frituras a etiquetar sus empaques con la leyenda: “Alto en… (sodio, azúcares, y grasas saturadas o trans”.

Además de que en días pasados Oaxaca se convirtió en el primer estado en la república en prohibir la venta de alimento con alto contenido calórico o chatarra a menores. Avanza la presión contra las grandes empresas fabricantes de bollos y frituras.

Pero el ataque y satanización a la industria refresquera y de botana, en ningún momento garantiza la mejora en los niveles de salud poblacional. Elevar las condiciones físicas y de salud de la gente, conlleva una tremenda labor que debe acompañar al individuo desde su gestación hasta su vejez.

Sí, hay una responsabilidad personal de cuidado y prevención, pero el Estado debe de propiciar las condiciones para que sus habitantes gocen del derecho a la salud.

Los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón encabezaron una fuerte cruzada contra la obesidad con permanentes campañas de difusión y programas enfocados a la pérdida de peso desde los organismos públicos de salud. Acciones que lograron dimensionar la gravedad del tema y visibilizar la importancia de emprender acciones desde todos los ámbitos, programas que se abandonaron durante la administración pasada, siendo apenas retomados por el actual gobierno federal, pero desde solo una perspectiva punitiva a la industria del país.

Sí, los mexicanos debemos mejorar nuestra salud, es nuestro derecho de gozar de óptimas condiciones de vida y en este proceso debemos ser acompañados con acciones de prevención y control mediante la mejora del entorno alimenticio, el acceso a una dieta saludable, promoción de la salud mental, mantener campañas de comunicación que motiven a lograr cambios en comportamiento y hábitos a nivel individual, promover la lactancia materna.

Y de forma urgente, al menos en el caso de nuestra ciudad, asegurar las condiciones del espacio público. A Ciudad Juárez le urgen zonas de huertos, producir alimentos orgánicos, saludables, apoyo a productores locales, intensificar e industrializar cultivos. Dar valor agregado a alimentos, fomentar cooperativas de consumo de alimento. Obligatoriedad a maquiladoras de ofrecer determinados porcentajes de fruta y verdura fresca en las comidas de su personal. Lo mismo que en escuelas y centros de trabajo.

Dotar a la ciudad de espacios adecuados para el acondicionamiento físico, Juárez es prácticamente una ciudad inhóspita para las actividades al aire libre, la ciudad carece de parques, pistas, ciclopistas, canchas, es nulo el equipamiento y mobiliario urbano que favorezca la movilidad de los ciudadanos. Un tema de salud no solo debe abordarse desde la perspectiva coercitiva, ni atacando al comercio y a la industria.

Los verdaderos cambios de origen conductual se forjan en la motivación y convencimiento de la población, cuando se interioriza una idea y se adopta como parte de tu día a día. La lucha sigue siendo educación, apoyar la producción y la industria propia. Fortalecer el campo, añadir valor agregado. Apostar por la investigación, como generadora de innovación. La principal amenaza de este siglo es el cambio climático y las consecuencias que este conlleva en cuanto a garantizar agua y alimento a la población.

A lo que debemos añadir no solo el reto del acceso, sino de la distribución y calidad de dichos alimentos. Cada día más, la salud estará fuertemente determinada por la alimentación, ganar calidad de vida y reducir enfermedades a temprana edad. Atacar a un sector económico no es la solución. Una buena política debe ser dirigida a crear bienestar, empleo, salud, incursionar en nuevos mercados, modelos de producción, armonizar salud y crecimiento económico.

Recordemos que un país sano, será un país rico.

Claudia Vazquez Fuentes
Claudia Vázquez Fuentes

Analista Geopolítica.

Maestra en Estudios Internacionales por la Universidad Autónoma de Barcelona.


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