El país que dormía el sueño de los justos

Juan Jacobo Rousseau, a quien se le atribuye haber definido en parte los principios del sistema democrático tomando como base el derecho como fuente de orden social, atinó al afirmar que: “La soberanía no puede ser representada por la misma razón de ser inalienable; consiste esencialmente en la voluntad general y la voluntad no se representa: es una o es otra”.

Esta apertura no pretende dar paso a una cátedra en filosofía política, sino que se considera más bien oportuna la referencia al reflexionar en el momento en el que actualmente nos coloca la política exterior.

Y es que es tema actual el episodio histórico inédito que han abierto en la historia de México las solicitudes de consulta que tanto Estados Unidos como Canadá hacen a México respecto a la política interior en materia energética y la relación que se le quiere dar a la misma respecto al Tratado de Libre Comercio, aunque quizá igual de inédito ha sido el posicionamiento que el Presidente adelanta en defensa de la soberanía nacional y los principios que materializan este concepto.

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Sin embargo, a pesar de interpretaciones, declaraciones y opiniones, el T-MEC reconoce para los tres países la reserva a la soberanía, la Constitución y legislación interna, por lo que cualquier afirmación utilizada para sugerir la intención de cambiar las reglas, estaría sujeta al cotejo de hechos que han marcado la diferencia entre la administración anterior y la presente.

Nuestros vecinos del norte, acostumbrados a dirigentes dispuestos a ceder y entregar lo que se ha reconocido como del pueblo, alegan que la política energética socava a las empresas extranjeras privilegiando a las nacionales, lo cual sorprende por lo evidente: Así es. No es sujeto de controversia el hecho de que la política económica ha cambiado. Quizá no les parezca a muchos, pero entre las premisas de la transformación siempre se contempló la defensa de los intereses nacionales por encima de los extranjeros en beneficio de los más… no sorprende entonces la reacción de aquellos que solían beneficiarse por la falta de límites claros.

La soberanía y el entreguismo no son compatibles, a pesar de que por mucho tiempo se ha tratado de engañar a la gente haciendo pasar ambos conceptos de manera vil como sinónimos, infravalorando los derechos del pueblo sustentándose en una falsa equivalencia entre el bienestar de las grandes empresas  transnacionales, alimentando el sueño prometido de una derrama económica que alcanzaría a la ciudadanía. Nada más lejos.

La historia, sin embargo, se ha encargado de hacer evidente que ese sueño que tanto se ha prometido, durmió por muchos años el sueño de los justos. Hoy la identidad de todo el país es coherente con las decisiones por lo que la defensa de los interese nacionales no es sujeto de evaluarse desde la perspectiva de los intereses extranjeros.

Más allá del análisis profundo y de exponer argumentos, sin duda alguna, este pasaje será un parteaguas en la historia de política exterior y defensa de la soberanía en México, reflejo de una profunda transformación.

BenjaminICSA
Benjamín Carrera Chávez
Catedrático e Investigador en UACJ

Doctor en Problemas Económicos por Universidad Autónoma Chapingo.
Actualmente Diputado Local por el 5to Distrito de Chihuahua, Profesor-investigador en el Instituto de Ciencias Sociales y Administración de la UACJ y miembro del Sistema Nacional de Investigadores del CONACyT, Nivel 1.


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