Casi a punto del puchero el señor feudal de Duloc, Lord Farquaad, mejor conocido como Javier Corral Jurado, mostró a Andrés Manuel López Obrador la obra inconclusa del tirano César Duarte Jáquez.

‘El huevón de palacio’ despertó el interés del futuro presidente de México que, analítico, respondía a los chihuahuenses, no a Corral, que era imperante reactivar el hospital de especialidades que inauguró Duarte para poder incluir la obra pública en su último informe de gobierno.

López Obrador ríe del intrépido ex gobernante que mandó colocar una fachada al fantasmal centro hospitalario para poder cortar el listón inaugural y hacer creer a los juarenses contaban ya con un nuevo nosocomio.

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También se ríe del intrépido Javier Corral, que como nalga de banca, se acomoda en el hombro del Peje para intentar convertirse en uno de sus discípulos amados.

Y como se dice en estos casos, “para vergüenzas no saca uno…”, el chismoso gobernador expresaba el repudio a la figura corrupta de su antecesor, pero quedaba mudo ante su propia realidad.

Un estado frenado por la ineptitud, la frivolidad y el importamadrismo de él y su equipo de trabajo.

Todo el sistema de salud paralizado por corruptelas y malas políticas públicas; los pobres secuestrados por los hospitales del gobierno que se niegan a dejarlos ir si antes no pagan las abultadas cuentas que no cubre el Seguro Popular.

Hasta los muertos son retenidos en los anfiteatros de los nosocomios mientras sus familiares venden hasta el alma para pagar la cuenta que exigen los seguidores del Lord Farquaad.

En el edificio consagrado a la ineptitud de Duarte, el panista confrontaba sus propios demonios, en la ‘tua culpa’, nunca la ‘mea culpa’ (Dios lo libre), mientras el futuro presidente de México escuchaba al huevón de palacio sin creerle ni el bendito.

López Obrador es el perfecto cazador de vampiros de esas zagas bien trabajadas por los guionistas de Hollywood; difícilmente lo engañan. Huele a los vampiros, sabe cuáles son sus reacciones y cómo operan…

Él persigue a la mafia del poder. Los huele. Identifica perfectamente lo que hay detrás de la piel de Javier Corral a quien nunca le llamó gobernador. Le llamó Javier y le llamó Javier Corral.

“El perdón y el olvido” de López Obrador permiten que en su nivel de conciencia se acuñe la verdad inocultable de lo que ocurre en el Estado de Chihuahua y en Ciudad Juárez. Dos gobernantes cortados con la misma tijera.

Un Corral impositivo, ególatra, soberbio; un alcalde independiente en caída libre, perdido y creyendo que el poder político le dará la razón cuando escuchen que es el conductor de noticias del Canal 44.

Y triste decirlo, Corral y Armando Cabada fueron vapuleados en el primer encuentro con quien asumirá el cargo máximo cargo nacional. A uno le reclamaron la falta de investigación en crímenes de mujeres; al otro su voracidad, sus negocios a la sombra del poder, su falta de entrega en la vigilancia policiaca de la ciudad.

Y otra vez, la pena ajena. El rostro desencajado de Cabada al momento en que el maestro de ceremonias nombró en el presídium a Javier González Mocken, el presidente municipal electo. Los aplausos no solo incomodaron al presidente en funciones, sino al mismo gobernador y al traidor de Morena, el romántico Juan Carlos Loera de la Rosa.

No encuentro otra palabra: el desmadre reinaba en el Foro de Pacificación del país celebrado en Ciudad Juárez. El anfitrión del evento, el rector de la Uacj fue dejado fuera del programa. El discurso de Ricardo Duarte Jáquez fue discretamente guardado en un cajón de su escritorio. Observó el presídium desde la primera fila pero tuvo que ser retirado de los asientos asignados a los invitados especiales, a los VIP, porque llegaron las madres y los padres de las jovencitas desaparecidas.

El equipo de avanzada de López Obrador, los ‘morenos’ estaba perdido entre el orden y el desorden. Y, por si las cosas no fueran ya difíciles, se le otorgó al diputado Pedro Torres la coordinación de los medios de comunicación.

Entonces la palabra caos se quedó corta. Se subían y se bajaban órdenes. El principio rector del populismo se imponía como una peligrosa norma porque los invitados llegaban y llegaban y nadie los podía detener.

Éxito y fracaso se fusionaban en torno a la figura de López Obrador y su equipo de trabajo que aún no se acopla para interpretar la filosofía del nuevo gobernante. El problema se centra en la conceptualización del producto marca Amlo. Sus seguidores y posibles empleados no han logrado establecer si se trata de un rey, un dios o el futuro presidente de México.

Por eso, el equipo de trabajo de López Obrador, el primer círculo, claro está y el propio presidente electo, practican la estrategia infalible de la invasión; no piden permiso, ni se sujetan a las reglas, porque el país no está para menos.

No nos podemos quejar pues, este México nuestro tiene su propio José Mujica, versión china, de imitación. Lo que si queda claro es que nuestro Pepe tiene un enorme sentimiento nacionalista que lo convierte en un pajarero de plaza pública, con su canario y los papelitos de la suerte.

El país funciona igual que la jaula del pajarero: para todo un papelito para todo un discurso, para todo un pedazo de esperanza. Nuestro Pepe Mujica aprendió en 18 años de no hacer nada a pensar mucho y a visualizar el campo de batalla donde ahora practica perfectamente el esgrima político.

No hay tiempo para esperarse hasta el 1 de diciembre. El país y la esperanza se nos caen a pedazos.

Se acabaron los tiempos de los portafolios, del traje y la corbata. Llegó el tiempo de prestar el micrófono a los ‘mugrosos’, a los Chabelos de la izquierda que tienen 50 años y siguen pensando que son niños ideológicos.

Y ayer, durante el foro, se pusieron su mejor traje, una bermuda con bolsas y camuflaje hasta debajo de las nalgas; la playera oficial con la infaltable imagen del Che Guevara; el pelo crecido de años, lavado con jabón Zote y refrescado con ‘pachole’ y el infaltable discurso subversivo contra el capitalismo, contra el Ejército Mexicano, contra la represión, contra los yanquis, contra Trump y su muro…contra quien se les ponga en enfrente.

En otra parte, se debate el papel de las iglesias en el proceso de pacificación de México. Su máximo ponente es el sacerdote más ladrón de la diócesis, Mario Manríquez que llegó con alzacuello y el mismo discurso que ha doblegado a las autoridades locales. Un auténtico ‘impacta tontos’ que ayer no tuvo el eco en el equipo de López Obrador porque el discurso del nuevo presidente de México, incluye a la iglesia católica como parte de la ‘mafia del poder’.

Y qué decir de las iglesias evangélicas. Sin credibilidad y sin partido, porque el mismo día del Foro el Tribunal Federal Electoral decidió quitarle el registro al Partido Encuentro Social al no completar el número de votos que exige la ley.

Decir que el PES es el partido de las iglesias evangélicas es una falacia. Con solo observar quiénes son sus dirigentes locales, cómo viven, cómo actúan y cómo roban; después de observar que su líder moral es el inmoral de Alfonso Murguía, autoproclamado apóstol, los miembros de Morena se pueden dar cuenta que ese partido (familiar y corrupto) está muy lejos de Dios y del pueblo mexicano.

Andrés Manuel López Obrador no solo es el presidente legítimo de México; 30 millones de votos lo colocan como uno de los pocos presidentes que asumirán la dirigencia del país con ‘calidad moral’. Así gobernó Lázaro Cárdenas. Y eso esperábamos hace muchos años, percibir a un político con autoridad moral que nos facilite el ingreso a la credibilidad, a la esperanza.

Motiva al pueblo cuando toma el micrófono y asegura que “no nos va a fallar”. Nos levanta el ánimo el anuncio oficial de la disminución del IVA, el ISR, a luz y las gasolinas; además se sostiene la promesa de que a partir del 1 de enero empezará a operar la zona franca o libre en las fronteras mexicanas.

Y a mi edad, lo creo, aunque no lo debería de creer porque tengo 37 años de periodista.

El talabartero le dio la razón al abuelo. El orificio que se logra con la perforadora manual sobre los cueros de animales, es un auténtico ‘ojete’, así como se oye.

El oficio y el idioma español son bastos y explícitos. El abuelo repite la frase como todo descendiente de españoles radicado en México a principios del siglo XX: “el ojete siempre será un ojete”.

Alguien desvirtuó la palabra. El populacho utilizó el sustantivo como adjetivo y ahora en México se acuña el mote a los ‘rajados’, ‘a los que no tienen palabra’, a los que ‘mienten’ y pasan por la vida pública y privada como gandayas, como cínicos; como sucias alimañas que se aprovechan del pobre y del débil.

Y no podía ser de otra forma mi colaboración. No hubiera sido justo enredar palabras pontificadas como piezas retóricas baratas. Tenía que ser contundente porque me refiero a los emisarios de siempre que secuestran en cada evento al virtual presidente de la república.

Ante el famoso Peje, plantean ‘el ABC de las falacias’ en materia de Seguridad Pública y Reconciliación Nacional.

El evento se realizó este martes 7 agosto y se denominó Foro Escucha por la Pacificación y Reconciliación del país. Fue presidido, ya lo sabemos todos, por Andrés Manuel López Obrador.

Fugazmente paso por mi cabeza alertar a AMLO acerca de los ‘hoyos de cuero’ que le iban a hacer bolita, pero creo que difícilmente se le escapara un detalle tan evidente. Además López Obrador no escucha. Desechó todas las voces disidentes que le alertaban sobre la gran cantidad de ex priistas, ex panistas y ex perredistas que estaban llegando a su equipo y convirtieron a Morena en un estercolero que se debate entre la credibilidad y la duda.

Y es así como Amlo escuchó la versión fronteriza de la ‘mafiecita del poder’ integrada por seudo empresarios que se han auconstituido en la conciencia policiaca del pueblo a través de la Mesa de Seguridad y la corrupta Ficosec, cuyos beneficiarios tienen gimnasios privados donde han aprendido los métodos más sofisticados de genuflexión a cambio de manejar los recursos que reciben a manos llenas de los gobiernos…y sigue la mata dando.

Rafael Navarro
Rafael Navarro Barrón
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