La otra noche me reuní con unos amigos que son más hermanos que amigos, para tratar una agenda administrativa de nuestro grupo. La reunión fue en un bar y por ende algo improvisada. Se supone que sólo estaríamos los convocados, pero al llegar con el tiempo medido y a la expectativa sobre en qué punto estaría la reunión, me encontré que dos de los comensales eran personas ajenas a nuestro grupo, un hombre y una mujer, por invitación de un miembro nuestro. A partir de ahí entendí que el propósito de la reunión sería una tertulia variada.

Entre la plática, la cerveza, la música y las botanas, el invitado nos preguntó a un colega y a mí a qué nos dedicábamos, mi colega le explicó su labor de economista y enseguida se adelantó a decir que yo era historiador.

A lo que esta persona se quedó un poco perpleja y me dijo «¿de verdad eres historiador?», creo que parte de su perplejidad fue porque yo iba de jeans con la playera del Atlético de Madrid, luego me preguntaron mi edad y después la señorita que nos acompañaba me dijo «yo nunca había conocido a un historiador, ni mucho menos tan joven».

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Por ética profesional y porque no me gusta que se me adjudiquen cargos que no tengo, tuve que hacer la aclaración de que para ser historiador se requiere de muchísima experiencia en la investigación, publicaciones, docencia y una larga trayectoria académica para portar tal título. Que yo solo soy licenciado en historia, es decir que tengo el permiso para ejercer la historia para su enseñanza, difusión e investigación. Con lo antes dicho, la expectativa creció y mi colega inició un pequeño discurso sobre las nuevas tesis de la Revolución Mexicana, para que yo pudiera mostrar parte del porqué de la licencia que si tengo.

Acto seguido, pasamos a hablar de lo pobres que están las bibliotecas en nuestra ciudad, de las malas condiciones del Archivo Histórico en el cual yo he estado y de las malas políticas del gobierno local hacia estas áreas. Por la inquietud que me dejó aquella plática, es que aquellos simpáticos invitados me mostraron que el estereotipo del historiador como hombre de edad avanzada y quizá, antisocial, aún sigue presente. ¿Por qué les sorprendió saber que alguien joven se dedica a la historia? Eso me lleva a pensar que es porque los que nos dedicamos a la Historia, no hemos sabido salir a la sociedad ni mucho menos difundir la historia ni saberla vender.

El hecho de que la gente piense que el historiador es un anciano, es porque la labor social y verdadera de esta profesión, se ha quedado en las paredes de las instituciones académicas. También mucho he escuchado de colegas, sobre que sus publicaciones casi no son vendidas ni mucho menos leídas ¿por qué? por lo antes dicho, incluso hay un joven arquitecto, que su afición a la historia le hizo ir a los archivos históricos y escribir una magistral biografía novelada de Agustín de Iturbide, el primer emperador de México. Dicha novela ha sido galardonada y premiada, sin embargo, los trabajos de historiadores profesional sobre el mismo tema ¿son conocidos? yo creo que no y es por este ensimismamiento latente y que debe acabar, de lo contrario, la historia y el historiador serán unos personajes cada vez más alejado de la sociedad, a la cual debemos explicar.

Marduk Silva
Marduk Silva
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Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Profesor en Preparatoria Lobos de la Universidad de Durango Campus Juárez y en la Escuela Preparatoria Luis Urias.


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