El debate necesario sobre el futuro de la universidad mexicana

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Durante esta semana los mexicanos tuvimos la oportunidad de conocer el balance que nuestro presidente realizó sobre los resultados de la obra educativa realizada en la UNAM en los últimos años.

En varios programas de las mañanera dio a conocer su punto de vista sobre el perfil actual de los egresados de carreras y programas educativos afines a las ciencias sociales y las humanidades, lamentando que las últimas generaciones hayan perdido la vocación altruista y solidaria que en otra época distinguió tanto a sus estudiantes, como a sus profesores y directivos.

También lamentó que sus autoridades, a pesar de que tienen evidencias de los graves problemas de aprendizaje que han tenido los estudiantes durante la pandemia y las elevadas tasas de vacunación que ya tiene la comunidad universitaria, no hayan autorizado el retorno a las aulas.

En una de las mañaneras denunció un hecho de sobra conocido: desde hace cerca de quince años un grupo integrado por directivos y académicos, liderado por el exrector Jose Narró, mantiene el control académico, administrativo y político de esa casa de estudios,; lo cual puede explicar, en parte, las razones por las que el rector Enrique Graue sigue aplazando el momento de la vuelta a clases.

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Pero también trató un tema central: la UNAM, cómo la sociedad mexicana es una institución que tiene un grave problema: vive una polarización inaceptable en el seno de su planta académica. Al respecto, mientras una proporción cada vez más pequeña de profesores de tiempo completo, gozan de todos los privilegios materiales y honores académicos, la totalidad de los profesores de asignatura, y no pocos de medio tiempo, quienes representan la mayoría del claustro magisterial, están marginados de estos beneficios.

Tengo la certeza de que AMLO tiene razón en todos estos cuestionamientos planteados, y desde luego en la invitación que hizo a debatir sobre el estado actual de la UNAM; pero por ahora sólo comentaré lo relacionado con el trato desigual que la Universidad Nacional da a sus profesores.

Se tiene información de que los profesores de tiempo completo pueden a lo largo de su vida académica alcanzar un salario base decente; que a ello pueden sumar diferentes estímulos institucionales, asociados a la productividad académica, cercanos al salario base.

Además, como la mayoría de ellos, en las áreas de ciencias, humanidades y ciencias sociales, llegan a obtener el reconocimiento del SNI, con esta distinción obtienen un ingreso adicional, que puede oscilar entre la mitad y el 70% de su salario base.

Al final de un año, estos profesores suman a los conceptos anteriores el paquete de prestaciones, que se otorga a todos los profesores de educación, que por lo bajo incluye vacaciones pagadas y un aguinaldo muy generoso equivalente al salario de cuarenta días.

Una vez acumulado su ingreso anual, tanto profesores como investigadores de tiempo completo pueden recibir en la más alta categoría ingresos cercanos y no pocas veces superiores a los 80 mil pesos.

Sin embargo, la situación de los profesores de asignatura es muy diferente, sobre todo en el campo de conocimiento que hemos mencionado, los ingresos de éstos cuando mucho llegan a representar la quinta parte de lo que gana un profesor titular de tiempo completo; y eso es muy delicado porque en todas las instituciones mexicanas, incluyendo la UNAM, la mayor parte del trabajo docente, que da vida a la misión de todas las universidades mexicanas, lo está ya realizando maestros que no tienen los privilegios de los profesores de carrera.

Tan sólo por esto es inaceptable que en la UNAM y en el resto de las universidades mexicanas esa disparidad de pago se mantenga indefinidamente.

Estas brechas salariales deben atenderse cuanto antes y por eso es muy oportuna la invitación hecha por el Presidente López Obrador para que la UNAM abra sus puertas al debate, para discutir los temas que tanto debilitan su estabilidad y desarrollo.

Pero la invitación debe llegar más lejos e incluir al resto de las universidades públicas de los estados, porque el problema de los pagos injustos a los profesores se ha generalizado en todo el país y también es conocido que la situación de estas instituciones, situadas en las entidades federativas, tiene manifestaciones más inequitativas.

Esta convocatoria es importante porque en México cada día hay más y mejores estudios sobre la organización y desarrollo de las universidades; pero ninguno de ellos se ha atrevido a identificar la desigualdad salarial entre los profesores, como causa de una falla estructural, que de no repararse en el mediano plazo, puede obstaculizar, como ningún otro problema, el desarrollo futuro de las universidades.

Finalmente, no debemos olvidar que las universidades deben ilustrar a la sociedad con el ejemplo, y que si el gobierno de la 4T ya se está realizando acciones para apoyar a los mexicanos y mexicanas vulnerables, en principio porque sus ingresos son muy bajos; las universidades no tienen otro camino que poner el ejemplo, mejorando el trato salarial que dan a los profesores de asignatura, de tiempo parcial o de honorarios.

Juan Carlos Loera SQR
Juan Carlos Loera de la Rosa

Empresario y político defensor de la cuarta transformación.


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