¿Y si el propósito de nuestra vida no fuera llegar, sino tener claro por qué seguimos caminando?
Hay un personaje que, aunque muchos recuerdan por sus eternos fracasos, siempre me ha parecido uno de los ejemplos más interesantes sobre propósito: el Coyote.
Durante años tuvo un objetivo perfectamente definido: atrapar al Correcaminos.
Falló una vez, dos, diez, cien veces. Sus planes se derrumbaron, sus inventos salieron mal y, en más de una ocasión, sus propias estrategias terminaron por jugarle en contra. Las circunstancias casi nunca estuvieron a su favor.
Y, sin embargo, al día siguiente lo volvía a intentar.
Eso me hace pensar que quizá hemos entendido mal lo que significa tener un propósito.
Nos han enseñado a asociarlo con alcanzar una meta, conseguir reconocimiento, tener éxito o llegar a determinado lugar. Pero el Coyote parecía encontrar algo de felicidad en el simple hecho de intentarlo. Cada fracaso no era necesariamente una derrota; era información para construir el siguiente intento.
Tenía claro su propósito, aunque no tuviera garantizado el resultado.
Y hay algo todavía más interesante: con el paso del tiempo, aquel propósito evolucionó.
No porque el anterior estuviera equivocado, sino porque el camino lo transformó. Aquella persecución interminable terminó convirtiéndose en una historia, en una dinámica que, de alguna manera, también construyó una relación entre ambos personajes.
Quizá eso sucede con nosotros.
Hay propósitos que nacen cuando somos jóvenes y otros que aparecen después de una pérdida, un cambio, un proyecto, una responsabilidad o una conversación que nos mueve. Hay sueños que permanecen y otros que se transforman.
Cambiar de propósito no significa haber fracasado. A veces significa haber evolucionado.
Y quizá por eso ningún propósito debería considerarse menor.
Para alguien, el propósito puede ser construir una gran empresa. Para otro, educar a sus hijos. Para alguien más, servir a su comunidad, crear, enseñar, liderar, acompañar, sanar, emprender o simplemente convertirse cada día en una mejor versión de sí mismo.
No todos tenemos que correr hacia el mismo lugar.
Lo importante es saber por qué estamos corriendo.
Porque cuando conocemos nuestra visión, comenzamos a entender hacia dónde queremos dirigir nuestra vida. Y cuando descubrimos nuestra misión, encontramos la manera en que queremos aportar mientras llegamos.
Pero seamos honestos: no siempre tenemos esas respuestas.
A veces sabemos que queremos un cambio, pero no sabemos cuál. Tenemos un proyecto, pero no sabemos cómo darle dirección. Tenemos talento, experiencia y ganas, pero nos falta una brújula.
Y justamente de esa inquietud nace Mesas de Transformación.
Un movimiento en crecimiento para acompañar a personas de Latinoamérica a detenerse, conversar, cuestionarse y descubrir su propósito, ya sea en su vida personal, profesional o en un proyecto específico.
No se trata de decirle a nadie cuál debe ser su camino.
Se trata de ayudarle a encontrar las preguntas correctas para construir el suyo.
En Mesas de Transformación creemos que una visión no es solamente una frase inspiradora: es una dirección. Y una misión no es una frase bonita para colocar en una pared: es la forma en que decidimos caminar hacia aquello que queremos construir.
Y sobre todo, creemos que este propósito puede ser distinto para cada persona.
Este movimiento es apartidista. No busca colores políticos ni ideologías; busca personas dispuestas a transformar algo en su vida y, desde ahí, quizá transformar también su entorno.
Porque Latinoamérica no solamente necesita personas exitosas.
Necesita personas que sepan para qué quieren serlo.
Así que quizá hoy valga la pena hacerte tres preguntas:
¿Qué quiero construir?
¿Para qué quiero hacerlo?
¿Quién quiero ser mientras lo intento?
Tal vez todavía no tengas todas las respuestas.
No pasa nada.
El Coyote tampoco sabía cómo terminaría su historia.
Pero tenía algo muy claro:
sabía que tenía que seguir intentando.
Y quizá ese sea también el comienzo de cualquier transformación: descubrir hacia dónde quieres ir, entender por qué y atreverte a dar el primer paso.
Si quieres explorar tu visión, definir tu misión o darle dirección a un proyecto, Mesas de Transformación está abierta a ti.
Porque tu propósito no tiene que parecerse al de nadie más.
Solo tiene que hacer sentido para ti.

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