El gran profesor y mago: Leo

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Hay personas que enseñan un arte, una ciencia y hay otras que, sin proponérselo, terminan enseñándonos una manera de vivir. El Profe Leo Barraza Orona pertenece a las segundas. Médico, bailarín, promotor de cultura y, sobre todo, un hombre querido por muchas generaciones de chihuahuenses, que lleva más de dos décadas demostrando que siempre estamos a tiempo para aprender algo nuevo, hacer comunidad y volver a sentirse bien.

Leo empezó a bailar desde que pudo. Comenta que desde la adolescencia comenzó a bailar empíricamente todo tipo de ritmos. Dentro de él comenzaba la inquietud por aprender a bailar salsa, a realmente realizar los pasos y seguir ese estilo como la cumbia que tanto le gustaban pero que en Chihuahua no había donde aprender. Por su profesión aprendió en su estancia en Missouri como en Los Ángeles salsa estilo en uno. A los 43 años.

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Pienso en eso porque también es una respuesta sencilla a quienes creen que ciertas cosas tienen fecha de caducidad. Si hubiera desistido por pensar que era tarde ¿Cuánto nos habríamos perdido de la magia de este hombre que convirtió la salsa en una forma de encuentro? ¿Qué habría sido del principal pionero de la salsa en Chihuahua?

Su historia como maestro comenzó hace más de dos décadas, cuando llevó sus primeras clases a espacios modestos y, con paciencia, técnica y una grabadora portátil, fue formando a sus alumnos de manera entusiasta. De presentaciones y sede en cafés a su local y finalmente las presentaciones en los escenarios más importantes del Estado con más de 150 bailarines en escena.

Por sus clases han pasado más de mil personas y de ese movimiento han surgido nuevas academias y generaciones. Historias de amor y desamores, de amistades profundas y de lazos que nos unen como familia Salseo. El Festival Anual de la Academia Salseo es el más grande encuentro de danza local del estado en ritmos latinos.

Los números no explican lo que Leo ha construido. Hay que verlo en clase y fuera de ella bailando.

El Profe Leo puede bailar con quien domina la pista y hacerlo con la misma disposición con quien apenas está entendiendo el paso básico. Cuando llama la atención corrige, pero también te alienta. No hace sentir menos a quien se equivoca y nos conduce por un camino de disciplina. Su inteligencia, su voz es firme, paciente, sonriente ysobre todo, nunca toca la dignidad de nadie más que para ayudarnos a encontrarnos con ella cuando la traemos perdida, como un faro.

Esa quizá sea su mayor lección: enseñar y gozar al mismo tiempo, colaborando y reconociendo en la otra persona, justo eso: una persona.

Por eso tanta gente distinta hemos terminado cayendo ahí. Personas que llegan por curiosidad, por ejercicio, por amistad, después de una separación o simplemente porque necesitan un lugar donde pasarla bien. 

No tienes que contarle a Leo tus problemas. Basta con llegar. Y si llegas triste, puede ocurrir algo tan sencillo como extraordinario: en algún momento de la noche ya estás sonriendo. Por eso el Mago Leo, porque los problemas serán los mismos al terminar la clase; pero tú no, sí te sentirás más ligero, más vivo y con una elección genuina de perseguir la alegría. Y quizá eso sea lo más hermoso: nadie sale exactamente igual de donde se sintió bienvenido.

Salseo Academia se parece mucho a un centro de desarrollo personal y de oportunidades para adultos, sin importar quién seas ni de dónde vengas ni estados civiles. Las reglas son sencillas: ganas, actitud y disposición para aprender. Lo demás se va acomodando entre música, pasos, errores, risas y encuentros. Ah y sus infaltables palomitas en los interludios.

También ahí Leo encontró el amor. Su historia con su musa, Mague, es parte de esa misma comunidad. Son una dupla admirable, de esas parejas que no se guardan el amor y la alegría para sí mismas, sino que al compartirlo lo expanden y hacen sentir bienvenidos a los demás. Leo y Mague tienen esa rara capacidad de convertir un espacio en casa. Nadie va adelante o detrás: van a la par. Su elegancia y sencillez son ya icónicas en la pista.

Y quizá por eso hablar de él es hablar de algo más grande que la salsa. Es hablar de un maestro de esos que llenan la vida, dentro y fuera del aula. Un hombre que no solo enseña a bailar, sino a empatizar; que entiende que la cultura también puede cuidar el ánimo, combatir la soledad y devolverle a una persona el gusto por estar entre otros y hasta de vivir.

A sus casi 73 años, Leo sigue bailando con una vitalidad que muchos quisieran a los 30. Pero su mayor mérito no es ese, sino el buen talante. Ese corazón donde cabemos tantos porque nos guía al latido del nuestro.

Creo que ahí está la verdadera dimensión del Profe Leo: no solo es un gran médico y un gran bailarín. Es un gran hombre y un chihuahuense que ha promovido la cultura, el bien ser y el bienestar desde un lugar profundamente humano. Durante más de 22 años, miles de pasos han pasado por su pista.

Nunca es tarde, el amor no se encoge al darlo ni hace ruido en medio de la música, suele ser más simple. Leo nos lo enseñó bailando.

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